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miércoles, 7 de mayo de 2008

Violencia sexual antartica

Que el sexo es un engorro, ya lo dije yo en un post anterior (vease Sexo sin cópula), pero ahora ya no soy yo solamente quien sostiene tal teoría. Al parecer los etólogos andan preguntándoselo y escribiendo libros como éste de Garcia Leal titulado "El sexo de las lagartijas", en él el autor hace un recorrido sobre los aspectos evolutivos del sexo y la sexualidad a la espera de encontrar una respuesta a la gran pregunta ¿si el sexo consume tan gran cantidad de recursos, por qué la evolución optó por la reproducción sexual en dos individuos distintos y portadores de planes divergentes segun su género?

De la primera pregunta ya sabemos la respuesta: la evolución optó por la reproducción sexual para asegurar la variedad, sin embargo la segunda pregunta no tiene una contestación fácil, es el caso de los caracoles, hermafroditas ellos que se apañan bien consigo mismos sin necesidad de construir nidos, cantar dulces trinos o defender un harén de los intrusos.

Claro que la cópula tiene sus defensores, y esta semana nos hemos enterado de que en la lejana Antártida, una foca se ha cepillado a un pingüino, un hecho insólito porque hasta ahora no se conocia el trato carnal entre mamiferos y aves. La prensa amarilla se ha apresurado a rotular el caso como una "violación", una especie de violencia sexual ejercida por una foca enorme sobre un escuálido e indefenso pajarillo. Sin embargo, lo cierto es que no sabemos el sexo del autor de la agresión y aunque todo el mundo supone que era un foco, en realidad los investigadores no lo han podido comprobar. Tampoco se sabe el sexo del pingüino, pero de lo que si están seguros es que la copula no pudo ser consumada por impericia de la foca (o foco) que no encontró orificio, si es que los pingüinos tiene orificio o cloaca que tampoco lo sé.

El caso dará mucho que hablar porque en mi opinión evidencia que la naturaleza cada vez más se parece a la cultura humana por aquello de la violencia contra las mujeres, aunque he de repetir que nadie averiguó el sexo del pingüino que en cualquier caso era la víctima. No cabe duda de que se trató de un intento de violación, pues en todo caso la foca se entretuvo con esos movimientos coordinados innatos que llamamo coito unos tres cuartos de hora. Y digo yo que hay que tener aguante, aunque seguramente la foca no pudo introducir nada y todo quedó en un simulacro de coito.

Y esta es la cuestión.

Porque hay simulacros de coito tambien en la naturaleza cosa que ya saben los etólogos de todo el mundo y que los homosexuales interpretan como que la homosexualidad existe en la naturaleza.

Pues tambien la agresión sexual tal y como ya expliqué en este post.

Hasta las focas han descubierto ya que pueden acceder a los coitos virtuales y que todo está en fingir los movimientos sin que haya motivación alguna reproductiva, entonces ya ni la especie importa demasiado, la foca va al bulto. Los biólogos están convencidos de que la foca o el foco estaba frustrado/a tal y como les pasa a algunos violadores en serie, que no encuentran pareja para desfogarse, a veces de su pasión amorosa y a veces de otras pasiones que usualmente buscan su descarga a través del orgasmo.

¿Intento de coito, juego o confusión de identidad?

La foca era seguramente una foca perversa, tanto le daba o una foca disidente si es que entre los mamiferos marinos antárticos existe la disidencia politica.

martes, 1 de enero de 2008

Sexo sin cópula

Estamos tan acostumbrados a identificar sexo y cópula que nos olvidamos de que el sexo copulatorio es una estrategia más –pero no la única- de las que la reproducción sexual ha desplegado para llevar a cabo su "propósito" de diversificación de posibilidades génicas, pero que no es ni siquiera la más eficaz en términos de numero de descendientes, algo que las abejas y en general los insectos sociales pueden perfectamente testimoniar.

Copular es - efectivamente- un engorro, la naturaleza ha tenido que inventar no sólo poderosos rituales de apareamiento y reglas para que se produzca pero además tuvo -antes de todo- que construir dos sexos portadores de gametos distintos a los que se accede de una forma antianatómica, cuando no penosa o dolorosa.

Penetrar a una hembra por muy dispuesta que esté es en algunas especies una tarea que necesita cierta supervisión si no queremos que las arremetidas del macho dejen a la hembra malparada, así sucede con los caballos donde hasta ha sido necesario crear una profesión - la de mamporrero - para ayudar en el coito al potro joven entusiasta pero poco hábil. Lo cierto es que en algunas especies el acceso a la hembra es tan complicado que uno llega a preguntarse por qué la evolución optó por tan magna tarea en la reproducción y no se contentó con universalizar la estrategia de la sepia que pone sus huevos en el agua y es allí en el agua donde resultan fecundados o por la más inteligente del escorpión que en un ambiente menos conductor que el agua, en la arena del desierto compone un pequeño charco y allí eyacula para que más tarde la hembra ponga sus huevos en el lugar adecuado. O la estrategia de las ranas que ni siquiera tienen pene y se limitan a fecundar los huevos que las hembras depositan en el lomo del macho siendo allí fecundados.

La cópula, por el contrario, es un acto intrusivo, teñido muchas veces de tensión y dramatismo y donde el placer no se reparte equitativamente (algunas hembras ni siquera tienen orgasmo), siendo a veces tan fugitivo y breve que es licito preguntarse el para qué se inventó la cópula y qué ventajas supuso en la evolución de determinadas especies si es que supuso alguna.

Lo que nos lleva a una breve disquisición sobre la selección natural: no siempre una determinada actividad debe ser evolutivamente adaptativa para que demuestre su potencial valor selectivo, a veces una determinada conducta no es sino el resultado de una maladaptación que se transmite por los mismos canales que las buenas adaptaciones, en otras ocasiones la conducta o rasgo estudiado puede ser absolutamente neutral desde el punto de vista de la selección natural.

Es el caso de la cópula. En realidad lo que es beneficioso en términos evolutivos es la propia reproducción sexual y no el método elegido en las distintas especies para la ejecución práctica de la misma. Los reptiles iniciaron esa estrategia que llamamos cópula y posteriormente nos la transmitieron a los mamíferos y a las aves, aunque ellos se mantuvieron fieles a su estrategia ponedora de huevos que reduce las cargas del maternaje al embarazo. La evolución es un proceso azaroso e irreversible, en el sentido de que no puede operar hacia atrás. Por ser azaroso ensayó una estrategia en Australia y otra muy diferente en Africa, una estrategia animal y otra vegetal, una protozoaria y otra multicelular, una reproducción asexual donde el individuo se replica entero y otra sexual donde lo hace sólo de mitad en mitad, diversificando sus estrategias como el jugador de bolsa diversifica sus inversiones y no arriesga su patrimonio a un solo valor, una conducta que sería de muy elevado riesgo para el inversor.

Por ser irreversible no podemos esperar que la evolución modifique pautas filogenéticamente más antiguas, sino que las recorra en la ontogénesis, las recapitule en cada individuo y las mejore poco a poco en tiempo evolutivo. Por eso los seres humanos estamos condenados a copular a no ser que inventemos otra manera - algo que ya empieza a vislumbrarse - de reproducirnos.

Pero por ser un mono tan inteligente el ser humano ha logrado disociar el amor y el sexo de tal manera que podemos relacionarnos sexualmente con alguien sin amor y más recientemente sin compromisos reproductivos, una disociación de la que pueden beneficiarse tanto hombres como mujeres aunque además de eso ya era posible disociar el género y la orientación sexual, es decir que un hombre se sienta atraido por otro hombre. Además de eso y gracias a su enorme capacidad simbólica el humano ha logrado también inventar el erotismo, algo que se añade en valor de goce a la reproducción y casi siempre a la cópula que incluso puede llegar a inhibirse.

Podríamos definir al erotismo como el sexo sin cópula, aquel que logra sortear el determinismo propio de la especie y va más allá del sexo reproductivo y a veces también del sexo copulatorio. No es mi intención en este punto del capitulo hacer una recapitulación del erotismo para el que remito al lector a la obra de G. Bataille, (El erotismo) pero si pretendo hacer notar que todo lo que ha venido en llamarse perversiones sexuales desde el siglo XIX hacia acá y que ahora se encuentra clasificado como parafilias en los sucesivos DSMs, son conductas sexuales ejecutivas sin cópula, es decir o bien se trata de eludir la copula en sí misma o bien esta cópula se produce con alguien sin posibilidad reproductiva. Así el sado-masoquismo, puede ser considerado como un ritual que escenifica la agresión sexual sin llegar a consumarla, el fetichismo un desplazamiento del objeto sexual hacia una parte que lo representa simbólicamente, la masturbación, - quizá la forma más frecuente de sexualidad sin cópula- un ritual destinado a dar cuenta por uno mismo de la necesaria autoestimulación que con intervención de otro pudiera resultar peligrosa o al menos incompatible con otras pulsiones puestas en juego en la fantasía inacabable de los seres humanos y así sucesivamente: el lector deberá incluir las perversiones de las que tenga noticia para acabar concluyendo que existen personas que optan por vivir una sexualidad sin cópula que si bien puede parecer como la emergencia de una conducta aberrante es en realidad una conducta selectiva, sometida a las mismas leyes causales que cualquier otra y que en mi opinión sólo nos resulta aberrante a partir de nuestra ignorancia de las leyes naturales y que puede llegar a ser tan maladaptativa o trivial como el sexo marital reglado.

Asimismo Stevens y Price (2000) han señalado que el sadomasoquismo puede explicarse mediante la fusión de dos programas genéticos (Stevens –jungiano- les llama arquetipos) distintos como el rango y el reproductivo, una yuxtaposición que podemos encontrar también en la pedofilia (Eibl-Eibesfeldt, 1990). Algunas personas sólo pueden excitarse a través de relaciones de dominancia o sumisión o mediante rituales que escenifiquen una puesta en escena de suspense. El miedo puede operar como una fuente de activación sexual o arousal, como parece demostrar el interés por las películas de terror, así como la fantasía inacabable de los humanos puede suponer una síntesis emocional o condensador cognitivo para dar cuenta de señales diversas procedentes de distintas agencias instintivas que puedan inhibirse entre sí, como sucede frecuentemente en los animales en cautividad o sometidos a infra o sobreestimulación. El denominador común de estas preferencias individuales es siempre: la predilección por una actividad que a la mayor parte de la gente del propio entorno social considera aversiva.

El fundamento evolutivo de que algunas personas elijan estas actividades preferentemente en lugar de la copula reglada, es que en realidad el sexo es algo distinto a la sexualidad, al menos en el hombre, en realidad el sexo es una pulsión autónoma que sin embargo se presenta siempre acompañada de otras pulsiones como la agresión, el miedo y sus derivados culturales o arcaicos: la fascinación (la duda entre huir o entregarse) y la reacción de fuga (para acabar siendo alcanzado/a por el perseguidor). La cópula está pues teñida de otros aspectos instintivos distintos a la propia intencionalidad de reproducirse al menos en el hombre, no puede extrañarnos pues que en algunas personas la copula de miedo, repugnancia o resulte agresiva o humillante y más allá de eso que la confrontación con individuos del sexo opuesto se halla teñida de temor, por no hablar de las prohibiciones culturales o religiosas que se han adherido a la sexualidad desde tiempos remotos y que le han añadido inevitablemente un tinte de transgresión contra lo sagrado, complicando un sencillo análisis evolutivo.

Si existen las parafilias es precisamente porque la sexualidad humana ha estado siempre –al menos- regulada, cuando no prohibida en todas y cada una de los distintos entornos culturales en que ha discurrido la convivencia humana, son además más frecuentes en el sexo masculino y tienen que ver con sus programas reproductivos cuando resultan inhibidos por otras pulsiones interpuestas, en realidad rituales que tratan de exorcizar el miedo a la cópula, bordeándola desde fuera. Así en el sado-masoquismo, una amenaza proyectada, es mediante un comportamiento ritualizado cuyo propósito es profundizar en la asimetría entre la pareja y exorcizar el miedo o en el fetichismo donde el objeto sexual es desplazado por representación hacia una parte cualquiera, a un objeto neutral relacionado por vecindad que logra cosificar la relación y por tanto convirtiéndola en algo inerte.

Y es natural que así sea. La agresión y la sexualidad se encuentran emparentadas en el coito, por razones de la propia mecánica sexual y de los rituales que la preceden y además por razones filosóficas profundas que no me comprometo a nombrar de una forma exhaustiva.

La sexualidad puede - subjetivamente - ser sentida como una pérdida, no sólo del propio genoma sino del deseo de inmortalidad que acompaña al individuo de principio a fin de su vida. La reproducción sexual se basa en una pérdida la mitad del genoma, que desaparece con la recombinación, a diferencia de las células asexuales como las cancerosas o las esporas que son inmortales. Por esta razón sexo y muerte se encuentran emparentados metafísicamente, además de que el lector hallará en otros artículos, sobre todo en aquel que examina la agresión las razones por las que la selección natural ha desarrollado paralelamente la agresión en compañía de la sexualidad, como un mecanismo más de adaptación al medio.

Para reproducirse es necesario competir, la reproducción es con frecuencia el premio por ser agresivo. Ser vencido es pues peor que no competir, dado que nadie puede saber cuales son las potencialidades del macho tímido que no pelea o alardea y se mantiene a la expectativa. Todo individuo se manifestará en relación con su programa cerebral de apareamiento, un programa que muchas veces aconseja esperar a adquirir determinadas destrezas en la pelea o un tamaño que por si mismo pueda resultar amenazante. En otras ocasiones asumir el riesgo de sufrir daños puede ser la estrategia mejor para quedarse con los bienes del macho dominante. En otras, la prudencia aconsejará esperar a que otro tome la iniciativa por sí mismo y quedar al acecho para el reparto del botín.

Apaciguar a un macho dominante puede parecerse mucho a una conducta homosexual y de hecho muchos machos de diversas especies lo hacen: la sumisión desactiva la agresividad "paranoide" de los machos dominantes tanto si es ejercida por una hembra u otro macho. En ocasiones, el macho dominante no tiene forma de conocer el sexo de su congénere, al que acabará reconociendo precisamente por su cualidad sumisa como una hembra, lo que inmediatamente desactivará su agresión (Lorenz 1971). En situaciones de cautividad o de escasez de hembras pueden verse conductas similares a las homosexuales, sobre todo en el nivel demostrativo que no terminan en coito sino que constituyen una especie de simulacro. Otras veces el vinculo amistoso entre dos machos puede reportarles a ambos beneficios en el rango social, una amistad que muchas veces podemos confundir con homosexualidad. Lorenz ha descrito en gansos amistades inseparables que intentan copular sin éxito, pero que aun así, tal imposibilidad no termina con la amistad previa e incluso tiene evolutivamente hablando algunas ventajas: una pareja-alianza de machos siempre prevalecerá sobre cualquier pareja heterosexual siempre y cuando no renuncien a reproducirse.

De manera que la pareja heterosexual tiene muchos inconvnientes por no hablar de que la copula es en si misma el peor de todos ellos: dos individuos copulando tienen mucho riesgo de morir si un depredador les detecta, como sucede en el sueño o en el ágora (a campo abierto). No es de extrañar que el Sapiens inventara otras formas de "divertirse" sin llegar a mayores.

miércoles, 5 de diciembre de 2007

El Sr Alzheimer y la hominización

La mayor parte de enfermedades suceden porque vivimos demasiado, es así de crudo y sin embargo muy fácil de entender, puesto que el ser humano no está adaptado, ni diseñado para vivir más allá de los 60 años. Para algunos autores y algunos profetas de la nueva era el proceso de envejecimiento no es algo naturalmente fatal, sino una especie de enfermedad que se debe al estrés oxidativo y que por supuesto se puede tratar como si fuera una enfermedad. Personalmente no me adhiero a esta teoría por una razón que procede del campo de la física: los sistemas abiertos tienden a la entropía positiva es decir hacia su destrucción, vivir cien años o doscientos no añadiría nada a este problema que es la vida, sino que representaría un problema añadido: depender de la medicina para sobrevivir de un modo permanente. Mi opinión va en la dirección de asegurar un buena calidad de vida y de muerte a las personas una vez que sus capacidades físicas y mentales ya no resulten dignas, algo que sucede inevitable, pero también gradualmente después del periodo reproductivo.

De todas las enfermedades mentales la enfermedad de Alzheimer (EA) representa a la más frecuente de todas las demencias y está relacionada con el proceso de envejecimiento. El proceso de envejecimiento acumula no sólo estrés oxidativo o insuficiencia en el flujo de sangre hacia el cerebro, sino también malformaciones genéticas sobreañadidas provocadas o no por el proceso de oxidación, se trata en cualquier caso de mutaciones no transmisibles porque suceden en un individuo que ya no puede reproducirse y no puede por tanto transmitir sus genes averiados a la siguiente generación. Estas malformaciones genéticas confluyen en una serie de elementos anatomopatológicos que se supone están en la base de dicha enfermedad, se trata de elementos relacionados con la insuficiencia del cerebro para regenerarse a si mismo: aparecen sobre todo unas estructuras llamadas ovillos neurofibrilares constituidos por agregados de proteínas tau hiperfosforiladas que provocan una distorsión en el citoesqueleto neuronal y el depósito de una sustancia llamada beta-amiloide constituida también por fragmentos de una proteína atípica. Estos elementos aparecen en todas las culturas y en todas las personas por encima de una determinada edad, con independencia de su alimentación y el grado de estrés ¿Es entonces inevitable la presencia del Alzheimer en la edad avanzada? ¿Existe alguna medida protectora?

Para empezar la EA es sin duda una enfermedad típicamente humana, ningún primate la puede sufrir, lo que resulta al menos sorprendente. A partir de esta evidencia los investigadores -otra vez- se han planteado si la EA es el precio a pagar por una vida demasiado larga y existen algunas evidencias de que así sea. Aunque la EA es una enfermedad multifactorial, la clave parece estar en una lipoproteina llamada ApoA, cuya finalidad es el transporte del colesterol. Se conocen tres polimorfismos de esta proteína en el ser humano y parece que la forma ApoA4 es la que se relaciona con la aparición de la enfermedad sobre todo si se da en un homozigoto, que tiene diez veces más probabilidad de padecerla que los heterozigotos para el mismo polimorfismo que solo tienen cuatro veces más probabilidad que cualquier otro alelo de la ApoA ( (Mayeux 1995). Estos alelos solo se manifiestan en edad avanzada, se trata pues de alelos cuya acción va a manifestarse de un modo retardado. Estos polimorfismos de la ApoA sólo se dan en el hombre y no están presentes en ningún simio, que como es sabido no llegan a sobrepasar los 60 años en ningún caso. Sin embargo en el hombre y por encima de 65 años ya pueden observarse ovillos neurofibrilares aislados y depósitos de beta-amiloide, incluso en un 10% de ellos podrán observarse antes de los 50 años, por contra solo un 10% de los sujetos mayores de 80 años no presentan las lesiones típicas de la EA (Ohm, 1995, Braak, 1997). Dicho de otro modo la EA es muy frecuente pero no un acompañante inexorable de la vejez.

Los argumentos anteriores significan que las variaciones de la ApoA no son causa suficiente para el desarrollo de una EA, lo que nos lleva a nuevas búsquedas que puedan explicar todo el desarrollo anatomopatológico y fisiopatológico de la EA. Pero la pregunta que debemos hacernos en clave evolutiva es ¿Tiene la EA algo que ver con nuestra mayor capacidad de memoria y mayor capacidad de simbolización? ¿Es la EA un tributo que pagamos por nuestra mayor longevidad?

Williams en 1957 publicó una teoría muy interesante que conocemos con el nombre de teoria pleiotrópica y que fue retomada por Martin en 2002 para adaptarla a los conocimientos actuales en genética: ambos postulan que determinados genes pueden representar una ventaja en una edad y una desventaja en otra, por ejemplo tener altas cifras de testosterona es ventajoso para un macho joven pero muy desventajoso para un macho viejo que tendrá más riesgo de padecer un cáncer de próstata. El gen que regula la absorción de calcio hacia el hueso es muy ventajoso para los jóvenes que tendrán huesos fuertes pero desventajoso para el viejo que seguirá absorbiendo calcio y depositándolo en lugares atípicos y propiciando la arteriosclerosis. No es baladí hablar de arteriosclerosis porque se sabe que existe una relación entre esta enfermedad, los accidentes cerebro-vasculares, los traumatismos craneoencefálicos y la EA, dicho de otro modo determinadas enfermedades sistémicas aceleran la progresión de las lesiones típicas de la EA. Significa que también con toda probabilidad existe una relación entre nuestra alimentación y la EA, pero por desgracia los estudios comparativos entre sociedades tradicionales y nuestra cultura occidental no han arrojado ningún dato relevante o definitivo: sabemos que la EA es menos frecuente en aquellas sociedades tradicionales pero también sabemos que en ellas casi nadie alcanza la edad suficiente para poder establecer grupos de comparación.

La EA afecta a varios sistemas cerebrales de neurotransmisión. El que parece implicado de un modo más claro es el sistema del glutamato a través del receptor NMDA, se trata de un sistema excitatorio que aparece implicado en un sinnúmero de conductas de tipo búsqueda (comida y sexo) propiciadas por un exceso de pulso dopaminérgico y que forma parte de un cluster que aparece tanto en los trastornos de personalidad como en las enfermedades degenerativas, incluso en la esquizofrenia. Todo parece indicar que este sistema es el eslabón final de una cadena de fallos propiciados por un exceso de estímulos y señales que provocan un estrés en las sinapsis a causa de la entrada masiva del calcio en la célula, esta hipótesis de la neurodegeneración es común tanto a las enfermedades propiamente neurodegenerativas como en las llamadas enfermedades del desarrollo, lo que nos lleva a plantearnos si existe algún nexo de unión entre la esquizofrenia y la EA. Kraepelin que acuñó el nombre de demencia precoz para la esquizofrenia suponía que esta enfermedad era una forma precoz de la EA y a lo mejor no andaba demasiado desencaminado. Otro sistema que se encuentra implicado es el de la acetilcolina, es decir el sistema del que se nutren los ensueños, sin embargo los inhibidores de la colinesterasa tipo Donepezilo o Memantina no han resuelto el problema del la EA aunque es evidente que han mejorado la clínica de nuestros pacientes y probablemente retrasan la evolución maligna de la enfermedad.

En conclusión, existen algunas evidencias de que la enfermedad de Alzheimer está ligada al envejecimiento y es probablemente un tributo que paga la especie humana a la longevidad. Del mismo modo que la esquizofrenia es una enfermedad humana vinculada a la aparición del lenguaje a través de algunos genes que tienen que ver con el desarrollo cerebral y la neuroplasticidad, también la EA es una enfermedad ligada al proceso de hominización. La ventaja de ser portador de estos genes habría que ir a buscarla a las conductas que se vinculan con ella en una edad temprana dado que el Sapiens no está diseñado para sobrevivir más allá de los sesenta años y aunque esta ventaja aún no ha sido identificada es seguro que tiene que ver con la capacidad del cerebro para regenerarse a si mismo dado que las lesiones del EA ocupan el mismo lugar donde aquellas proteínas neurotróficas se expresan: en el citoesqueleto neuroglial, es decir en la matriz de sostén del cerebro.

sábado, 10 de noviembre de 2007

¿Qué es un meme?

El concepto de meme (mime) se debe a Dawkins, un sociobiólogo más conocido por su labor divulgativa desde la aparición de su best seller. "El gen egoista", y que puede definirse como un replicante cultural en definitiva una metáfora del gen: ideas, cancioncillas, creencias, costumbres étnicas, etc. A diferencia de los genes no están contenidos en el patrimonio genético sino en el acervo cultural.

. Los memes en este sentido son genes culturales pero la cultura y la biología en el hombre son la misma cosa o al menos se hallan tan yuxtapuestas que no es difícil confundirlas entre sí. No podemos hacer una abstracción de la una a favor de la otra, ni podemos llegar a discriminar qué es una conducta genéticamente determinada de una sociogénesis cultural, de otro modo el hombre tendría las mismas enfermedades que los animales y no es así , aunque también puede enfermar por las mismas causas que aquellos el proceso de hominización y de simbolización añade una nueva dimensión al sufrimiento humano.

En realidad un meme es otra forma de replicación distinta a la reproducción sexual o asexual, es una replicación por mimetismo: de cerebro a cerebro, en lugar de cuerpo a cuerpo, una replicación que casi nunca es exacta como sucede en los genes ya que tropieza constantemente con la interpretación, modelado y "output" del receptor. No utiliza gametos sino la comunicación humana para su replicación, concretamente el lenguaje.

Susan Blakemore es la que más sabe de memética en el mundo, vale la pena leer este articulo suyo, publicado aqui.

Vale la pena tambien esta entrevista que le hizo Eduardo Punset en su casi clandestino programa "Redes". Puedes verlo pinchando aqui.

El lector para mejor comprensión de qué cosa es un meme tendrá necesariamente que ver este video y tratar de repetir el estribillo de la canción que propongo y compararla más tarde con el monólogo completo de Hamlet para entender la diferencia que existe entre un meme maligno y egoista con un meme benefactor para la humanidad tal y como propuso Shakespeare. Obsérvese no obstante que aunque el "aserejé" es fácil de decir y cantar, los cerebros individuales saturados de chorradas solo pueden retenerlo unas semanas o meses. Una cosa por la otra.

lunes, 22 de octubre de 2007

La agresión sexual: un enfoque evolutivo

La agresión sexual es una excepción en la naturaleza pero es muy frecuente en nuestra especie, la explicación de este fenómeno desde el punto de vista evolutivo es compleja, por una parte se ha señalado (Thornhill & Palmer, 2000) que la violación y la supervivencia de esta estrategia en nuestra especie actual se debe a que los hombres que adoptan esta conducta deben encontrar alguna ventaja en la misma, en el sentido de una mayor supervivencia de sus genes. Personalmente no creo en esta teoría, por la razón siguiente. La violación sólo puede definirse en la especie humana, dado que en el resto de las especies no existe una pulsión sexual disociada de la reproducción, las hembras son inaccesibles fuera del estro y cuando lo son no hay manera de definir claramente lo que es de lo que no es violación, ya he dicho que no hay sexo sin agresión.

Lorenz ha descrito en los gansos una conducta de violación que sucede cuando dos gansos forman una coalición de amistad: una coalición que desde el punto de vista territorial es muy potente, superior a la de cualquier pareja heterosexual. Este entramado de amistad llega a parecerse en casi todo a una unión homosexual, hasta que una hembra hace su aparición en escena y uno de los gansos "la viola", pasando poco después a formar parte de esa extraña coalición à trois. Lorenz interpretó este triángulo como una reorientación sexual de la pareja de "gansos homosexuales" incapaces de copular entre ellos, pero también puede ser interpretado como una forma de poliandria. Seguramente esta coalición à trois representa muchas ventajas para la hembra elegida ¿podemos entonces hablar de violación?

Si en la especie humana la violación fuera una estrategia copulatoria evolutivamente estable en el sentido de Trivers sería la regla y no la excepción, dado que los machos podrían así eludir el pago o el costo de sus cópulas, por no hablar de sus compromisos de nursing. Además podría haberse inventado inmediatamente una contraestrategia evolutiva que sería incluso mejor: las hembras podrían dejarse violar, con lo que los genes de los violadores se extinguirían a favor de las hembras "que quieren ser violadas". Ninguna de las dos cosas ha sucedido, y aunque las fantasías de violación son constantes en las hembras humanas, no resulta así en sus conductas prácticas de donde puede deducirse que violar hembras no es una estrategia evolutivamente estable, lo mismo sucede con el canibalismo que es una estrategia alimentaria prácticamente extinguida.

El problema a mi juicio depende de la misma definición de la palabra violación, que supone una conducta copulatoria forzada contra la voluntad de la hembra, una definición más cercana al mundo jurídico que al biológico. ¿Qué podría significar en el paleolítico cuando aun no existía el derecho a la libertad sexual, copular contra la voluntad de la hembra? No me es posible imaginar qué sentido tendría en el paleolítico este constructo; en medio de una horda primigenia la conducta que hoy llamamos violación. Lo que quiero decir es que en aquella época casi todos los coitos podrían ser considerados así observados con los ojos del hombre de hoy, en tanto que las relaciones sexuales están y con más razón debieron estar casi siempre presididas por las relaciones de rango y dominancia. Es muy poco probable que los machos pidieran permiso a las hembras para copular y es también dudoso que estas se sintieran forzadas en un mundo donde otras amenazas y carencias estaban en primer plano y donde el coito debió ser el pago con que las hembras subordinadas compensaban sus aportes alimentarios, el cobijo y la protección de sí mismas o sus crías. Si el sexo forzado acabó evolucionando hacia el sexo consensuado e incluso hacia la monogamia es porque aquella estrategia no era lo suficientemente buena y podía mejorarse.

La fusión entre ambos programas - dominancia y reproducción - con la necesaria regresión filogenética es lo que probablemente sucede en el violador actual, aunque es necesario contemplar otras circunstancias.

Entre los agresores sexuales se ha señalado (Malamuth 1996), la deprivación sexual como un factor causal de la agresión. Los hombres prefieren mayoritariamente las relaciones sexuales a corto plazo y es precisamente en ese terreno donde tienen problemas de agresión con sus parejas quizá debido a que sus estrategias de preferencia (el corto plazo) les lleva a sufrir dificultades periódicas en el acceso sexual, al que las mujeres por lo general no acceden fácilmente. Otros por el contrario no tienen problemas en encontrar parejas eventuales pero si los presentan a la hora de retener a sus parejas que sólo consiguen mediante la intimidación. Todo parece indicar que las estrategias a corto y a largo plazo en la seducción de parejas difieren en relación con el sexo y se trata de un programa genético distinto a la retención de la pareja a largo plazo y que identifica dos grupos distintos de machos maltratadores

Ambos patrones parecen corresponderse con dos dimensiones de la personalidad entre los hombres: al primero le llamaremos modo indiferenciado, se caracteriza por el énfasis que realizan en su búsqueda de contactos sexuales a fin de mantener su autoestima y la medida de éxito con sus pares, al segundo le llamaremos hostil, combina inseguridad, hipersensibilidad y un placer en dominar sobre todo a las mujeres. Los dos modelos, sobre todo el segundo tienden a acumular decepciones y una historia de rechazos por parte de las mujeres en el corto plazo. Los hombres que acumulan este tipo de percepciones de humillaciones y manipulaciones en su historia relacional con mujeres tienen mas riesgo de resultar agresivos con ellas dado que han llegado a inhibir la empatía y la simpatía necesarias que son los afectos que inhiben la agresión en el ser humano.

Al margen de la teoría de la deprivación, se ha intentado explicar la agresión sexual desde la teoría del rango (Price 1967) Para reproducirse el hombre tiene que competir con otros machos para ganarse el derecho al sexo. ¿Es posible entender que los violadores sean precisamente los perdedores en esta competencia entre machos?. En mi opinión es muy posible especular que son aquellos que han caído en lo más bajo de la jerarquía social a través de su incompetencia con otros machos, los que reorientan su agresión intrasexual hacia los más débiles sean hembras o niños. Se ha especulado (Eibl-Eibesfeldt, 1990) que también en la pedofilia y en ciertas practicas sadomasoquistas lo que se persigue es la fusión entre los programas de rango y sexualidad tratando de recuperar con las víctimas lo que se perdió en la competencia con otros machos a partir del arousal o excitación que procede de las relaciones de rango, superioridad o autoridad

En este sentido, pues, la agresión sexual sería el resultado de una reorientación de la agresión, en un sentido menos social y caballeroso que los pececillos de Lorenz, en un sentido más humano y deshumanizado: una agresión que va del macho a la hembra, del fuerte al débil, del poderoso al necesitado.

A menudo nos olvidamos de que la sexualidad humana sea reproductiva o no, está presidida por una serie de rituales reptilianos relacionados con el rango y la jerarquía, quizá las sociedades civilizadas hayan blanqueado de tan forma las reglas del juego que las hagan irreconocibles para determinados individuos que no saben a qué atenerse con respecto al acceso a las hembras, confundidos de tal manera determinadas personas pueden hacer regresiones a situaciones filogenéticas donde el sexo sólo puede ser entendido como algo forzado. Este tipo de confusión y frecuentes desencuentros se deben a dos factores: el primero es que el número de mujeres disponibles en el corto plazo es sensiblemente menor que el de varones por lo que las oportunidades de tener éxito es mayor para las mujeres, el segundo argumento es que se producen interferencias entre las estrategias de los hombres y las mujeres, según busquen parejas para el corto o el largo plazo, significa que la estrategia del uno interfiere en la estrategia del otro, y da como resultado una decepción, humillación y el consiguiente rencor (Buss 1999)

El acceso a las hembras en nuestras sociedades opulentas parece estar presidido por una serie de reglas secretas que casi todo el mundo respeta y conoce intuitivamente aunque casi todo el mundo niega u oculta. Buss las agrupó en 1994 a partir de un análisis transcultural de las preferencias en la elección de pareja:

1.- Las hembras humanas resultan atraídas por el estatus social de los hombres (con alguna divergencia entre si el flirt es a corto plazo o a largo plazo (Buss 1988) y la superior edad (Grammer 1995). Estas preferencias no tienen relevancia en la elección sexual de pareja de los hombres

2.- Los hombres buscan relaciones con parejas anónimas, desconocidas mientras que las hembras entienden que los machos desconocidos son una amenaza en el corto plazo (Lewis et alt 1995) .Tanto en el corto como en el largo plazo los hombres buscan mujeres jóvenes y sumisas (citado por Mc Guire y Troisi, op cit)

3.- Las mujeres hacen continuamente balance entre su tarea reproductiva y sus labores de nursing cuando eligen pareja con independencia de que hoy la reproducción sea electiva, la elección de la mujer viene dictada por la presión evolutiva de sus programas genéticos y por tanto su elección de pareja viene determinada a partir de esa presión selectiva. El número disponible de mujeres que buscan relaciones sexuales a corto plazo es sensiblemente menor que el de los hombres. Si a eso añadimos que los hombres de mayor rango acaparan dos o más mujeres, significa que existen muchos hombres que no consiguen mantener relaciones a corto plazo con ninguna mujer.

4.- El hombre, tiene que disponer de un cierto “patrimonio” para hacer frente al pago o costo que la mujer le exigirá antes de confirmarle como pareja o acceder al coito con él. Hacer regalos, proporcionar comida, la destreza en construir nidos o excavar una buena madriguera son las demostraciones que los machos, en toda la escala animal deben de acometer antes de ganarse el derecho a reproducirse.

Todas estas reglas enunciadas pueden resumirse, en nuestra especie a una regla fundamental: sólo la mujer sabe cuando o a qué precio cederá (Bataille, 2000). El hombre no puede hacer nada sino competir con el resto de los machos acumulando bienes, destrezas, habilidades de seducción que muy a menudo son engaños, o rango social que por si mismo resulte un buen reclamo para las mujeres, y eso es lo que hacen , la mayoría de ellos con mayor o menor éxito y criterio.

Otros, más confusos optan por el recurso de la dominancia y es ahí precisamente donde se encuentran la gran mayoría de agresores sexuales, tanto en el corto como en el largo plazo, aunque existen dos motivaciones bien diferentes. El agresor sexual a corto plazo, aquel que tiene problemas para seducir a una pareja sexual opera por rencor, mientras que el agresor a largo plazo, es decir aquel que tiene problemas para retener a su pareja lo hace por celos. El recurso a la intimidación que podemos contemplar en las relaciones de rivalidad agonística entre machos es precisamente el recurso que algunas personas utilizan para el control de la conducta de sus esposas o parejas sexuales. Este patrón que ha sido señalado repetidamente por distintos autores da cuenta de la universalidad de este tipo de reacción aventurándose (Wilson y Daly 1982) a especular que es precisamente la incertidumbre del macho respecto a su progenie la causa última, en el largo plazo, de este desesperado intento por controlar la conducta del partenaire, así como la causa de los celos que según los autores señalados son los responsables de la mayor parte de las agresiones sexuales en parejas institucionalizadas, una amenaza que es posible predecir a partir de ciertos parámetros culturales como son: la edad de la mujer, el índice de divorcios o el grado de independencia de la mujer.

Aparte de la ausencia de depredadores nuestra especie se encuentra con otro problema adicional y es que los rituales - programas genéticos- que gobiernan nuestras relaciones con los demás se han visto sometidos a cambios culturales que han terminado por dejar el escenario de nuestras posibilidades con respecto a la agresión más vacío que la nevera de un soltero, ya he hablado de la posible reorientación que afecta a la agresión intrasexual entre machos en dirección hacia las hembras.

En ausencia de esos rituales inhibidores que podrían socializar la agresión individual el hombre no puede sino manejarla con sus propios medios intrapsíquicos, puede reprimirla, desplazarla o transformarla en categorías opuestas o, si todo fracasa efectuar regresiones puntuales, es decir retrotraerse a escenarios filogenéticos más antiguos, a fin de evacuar su agresión, bien proceda del miedo, del odio o como es más frecuente en el hombre moderno de la desesperación, una forma de agresión que procede de la confusión y la perplejidad, de no saber cuales son las reglas que gobiernan el acceso a las mujeres.

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jueves, 4 de octubre de 2007

El ágora y la arena

Parece tratarse de una constante etológica: los machos compiten entre si por copular con todas las hembras que les sea posible. Y lo hacen siguiendo rituales complicados y periódicos relacionados con el estro de las hembras, lo hacen a través de paradas.

Una parada es aquella parte del territorio destinada al apareamiento, no se trata de un lugar físico y común para todas las especies, es probablemente más un hito temporal que un espacio. La parada se efectúa para el lucimiento- demostración de los machos a fin de ganarse la cópula con un buen número de hembras. Para ello se disponen en el centro de la manada, un orden cerrado que nos recuerda a una parada militar, la arena, el lugar de la demostración y el desafío, mientras las hembras contemplan las peleas a distancia con disimulado interés y los machos adolescentes quedan en la periferia del rebaño, el ágora. Contrariamente a lo que sucede en las especies donde las hembras eligen a sus parejas, podemos afirmar que el ritual de la arena sólo es posible ser observado en aquellas especies donde es el macho el que elige, el vencedor.

Quien haya ido a una discoteca con ánimo etológico habrá caído en la cuenta de hasta qué punto los seres humanos en determinados lugares nos comportamos como rebaños de ñus. Quizá los más sagaces hayan observado como el centro (la pista de baile) es ocupada, después de vencer ciertas timideces iniciales por los más demostrativos de los individuos, mientras los más tímidos permanecen en la barra (el ágora) observando a los bailarines y escrutando sus intenciones de apareamiento. Con excepción de las peleas (que a veces también pueden darse en esos lugares) todo está dispuesto para la parada, con una salvedad: a diferencia de los ñus, son las hembras humanas las que se exhiben en el centro, mientras los machos permanecen a la expectativa. Esta diferencia me parece pertinente ahora obviarla en tanto que mi argumento va en la dirección de señalar que en los animales la competencia entre machos es decisiva para reproducirse, dado que el establecimiento demostrativo de un determinado rango/territorio es absolutamente necesario para que un macho sea elegido por un puñado de hembras para prestarle sus favores sexuales. Por más sutiles que podamos resultar los humanos podemos concluir que tanto en los animales como en nosotros, el alarde tiene como finalidad no sólo la seducción de las hembras, sino también la de espantar al resto de los machos, dado que los machos- conviene no olvidarlo- compiten por todas las hembras contra todos los machos.

Seducción y alarde se contrabalancean en cualquier parada sexual, dando oportunidades a los teóricamente más fuertes o a las más pizpiretas y seductoras.

Alardes de trote, de vuelo, de plumaje, de graznidos o de danzas en ellos y seducción mediada por la huida, la retirada o el aplazamiento en ellas, establecen un ritual poderoso que opera como juegos precopulatorios, necesarios tanto para ellas - comprobar la destreza del macho- como para ellos: comprobar la disponibilidad sexual de la hembra o que no está embarazada, un error que podría llevarle - al macho- según en qué especie a cargar con los hijos de otro macho (Dawkins 2000) y lo peor: cargar con una hembra no disponible sexualmente.

Estos alardes intimidatorios alejan a aquellos individuos tímidos que no se sienten en condiciones de competir: bien porque prefieren esperar una oportunidad mejor, bien porque no se encuentran maduros para el sexo en su dimensión mas competitiva, bien porque son demasiado miedosos. Algunas veces se han interpretado estas conductas en clave altruista: algunos individuos prefieren cuidar de la prole ajena y renuncian a reproducirse. Personalmente no creo demasiado en esta teoría, sino que creo más bien que la reproducción en la naturaleza es un premio que la evolución concede a los más dotados que en su constante alardeo de fuerza y seguridad logran espantar al resto de sus potenciales competidores al ágora, a un lugar alejado del centro, donde permanecerán durante toda la marcha de la manada a través de la sabana, resultando una presa fácil para cualquier depredador. Se trata de la carne de cañón de las manadas.

Ser vencido es pues peor que no competir, dado que nadie puede saber cuales son las potencialidades del macho tímido que no pelea o alardea y se mantiene a la expectativa. Todo individuo se manifestará en relación con su programa cerebral de apareamiento, un programa que muchas veces aconseja esperar a adquirir determinadas destrezas en la pelea o un tamaño que por si mismo pueda resultar amenazante. En otras ocasiones asumir el riesgo de sufrir daños puede ser la estrategia mejor para quedarse con los bienes del macho dominante. En otras, la prudencia aconsejará esperar a que otro tome la iniciativa por sí mismo y quedar al acecho para el reparto del botín.

Apaciguar a un macho dominante puede parecerse mucho a una conducta homosexual y de hecho muchos machos de diversas especies lo hacen: la sumisión desactiva la agresividad "paranoide" de los machos dominantes tanto si es ejercida por una hembra u otro macho. En ocasiones, el macho dominante no tiene forma de conocer el sexo de su congénere, al que acabará reconociendo precisamente por su cualidad sumisa como una hembra, lo que inmediatamente desactivará su agresión (Lorenz 1971). En situaciones de cautividad o de escasez de hembras pueden verse conductas similares a las homosexuales, sobre todo en el nivel demostrativo que no terminan en coito sino que constituyen una especie de simulacro. Otras veces el vinculo amistoso entre dos machos puede reportarles a ambos beneficios en el rango social, una amistad que muchas veces podemos confundir con homosexualidad. Lorenz ha descrito en gansos amistades inseparables que intentan copular sin éxito, pero que aun así, tal imposibilidad no termina con la amistad previa e incluso tiene evolutivamente hablando algunas ventajas: una pareja de machos siempre prevalecerá sobre cualquier pareja heterosexual siempre y cuando no renuncien a reproducirse, asi entre los gansos no son excepcionales los triángulos de dos machos y una hembra.

sábado, 23 de junio de 2007

La paradoja del estrés

El ser humano actual es el resultado de una cadena de adaptaciones que desde la caverna han propiciado cambios permanentes en su morfología, en su fisiología y en su mentalidad. Se trata de modificaciones que han necesitado millones de años y que son los restos de las luchas del hombre contra su ambiente, siempre hostil y peligroso para su supervivencia. Además, estos cambios están inscritos en el genoma humano, a partir de pequeñas variaciones que en forma de mutaciones van configurando (siempre con un cierto retraso) la adaptación de las ordenes génicas hacia los nuevos individuos, que reciben de sus antecesores, una memoria de la especie, un manual de instrucciones acerca de aquellas estrategias más adaptativas y eficaces, que en parte pueden resultar algo obsoletas a causa de la “basura” que contienen y que nunca son perfectas ni mucho menos fatales.

Recibimos una información que en las sociedades opulentas ya es inservible. Nuestro cuerpo está perfectamente adaptado a las hambrunas, a las catástrofes naturales, al sufrimiento y al cansancio, al frío y al calor extremos, pero estos riesgos ya no forman parte del catálogo de nuestras amenazas ambientales o expectativas de vida. Estamos perfectamente diseñados para resistir los venenos naturales y las enfermedades bacterianas, para imponernos o aliarnos con nuestros enemigos, para negociar, resistir o claudicar, pero estamos muy poco dotados para lidiar con conflictos complejos, para derrotar a los virus o para trabajar ocho horas delante de un ordenador o en una cadena de producción.

Nuestro cuerpo estuvo diseñado para la huida de los depredadores, para cazar y recolectar, para las marchas nomádicas. Parecemos olvidar que el hombre sedentario es un invento demasiado reciente como para que nos hayamos adaptado del todo a las consecuencias de un trabajo, que en realidad, implica muy poco a los músculos y al esqueleto y demasiado al cerebro y al sistema hormonal.

Nuestras cápsulas suprarenales se inventaron para derramar adrenalina (norepinefrina) y cortisona al torrente sanguíneo ante una situación de lucha/huida. Una vez desaparecieron del mapa de futuribles los ataques de predadores, nuestras cápsulas suprarenales nos siguen advirtiendo de los peligros adaptando su funcionalidad hacia los temores que invaden al hombre de hoy, con una pequeña objeción: aunque hemos aprendido a suprimir nuestra agresión y nuestros mecanismos de lucha/huida, no podemos hacer lo mismo con la secreción de la cápsula suprarenal, ella sigue funcionando a su modo, aunque el cerebro se empeñe en disimular y mirar hacia otro lado cuando estamos furiosos o asustados.

Por otra parte hemos aprendido a disociar el sexo de la reproducción y a emplearlo con fines lúdicos. Hemos aprendido a rechazar aquellas partes de nuestra sexualidad que entran en colisión con nuestro deseo y hemos soportado el celibato con estoicismo y la programación de nuestros embarazos y nuestros partos con arreglo a nuestras conveniencias, derivadas de nuestro occidental concepto de la autorealización. Naturalmente esto es muy poco natural porque contradice nuestro esquema genético y nuestras posibilidades de adaptación con respecto a aquel código. Esto es también estrés, pero un estrés que procede de nuestro albedrío, un estrés electivo, del que pocas veces somos conscientes.

Ahora se habla mucho del estrés y en ocasiones es asimilado a una entidad nosológica cualquiera. Como la palabra estrés supone una sobredemanda sobre el cuerpo, siempre me he preguntado por qué en la época actual, donde los hombres viven rodeados de confort, de calefacción y de aire acondicionado, de un exceso de alimentos y de vacaciones pagadas, podemos suponer que tenemos estrés.

Puedo entender perfectamente el estrés de hombre primitivo: siempre pendiente de un ataque, del dolor de muelas ante lo que muy poco se podía hacer, de los dolores y los accidentes del parto, del frío que tuvo que soportar en la época glaciar, de las enfermedades, de los venenos. Incluso puedo hacer un ejercicio de memoria y suponer el estrés de nuestros abuelos, sometidos a condiciones de vida invivibles, a infecciones constantes, a dificultades de hábitat, trabajando una tierra inhóspita y desagradecida para arrancarles los alimentos del día a día. ¿Por qué comenzamos a hablar de estrés precisamente cuando las condiciones de vida han mejorado para casi todos?

La razón más importante que encuentro para contestar esta pregunta es que el estrés no es sólo una sobredemanda que se hace de menos a más, sino también la que va de más a menos. Decir estrés es decir cambio y este cambio puede ser percibido como una ganancia o como una perdida, pero en cualquier caso es siempre una perdida del equilibrio anterior, de la homeostasis.

Esta percepción de ganancia o perdida es lo que delimita precisamente el sentimiento de estar en sobre demanda, que es un sentimiento subjetivo, en ningún caso se trata de una sobre demanda objetiva y mensurable. Toda sobre demanda precisa para ser atendida de un sobre esfuerzo y este sobre esfuerzo es precisamente nuestro concepto actual de estrés.

Esta conceptualización del estrés, sus grados y sus relaciones con las enfermedades, ha sido investigado por muchos autores. Nombraré a Holmes y Rae que investigaron y editaron un inventario de eventos próximos puntuándolos según su capacidad para enfermar a las personas que los sufrían. Así por ejemplo la perdida de un ser querido era puntuada con 100 puntos, dado que 100 de cada 100 personas veían perturbada su salud con este acontecimiento.

Además existe otra razón que mas atrás apuntaba: el estrés actual del hombre moderno se debe, no tanto a sobre demandas de esfuerzo físico, sino a sobre demandas intelectivas, psicológicas y sociales. Ya no necesitamos hacer esfuerzo alguno para calentarnos, para alimentarnos o para guarecernos de la lluvia, pero necesitamos continuamente aprender estrategias para salvaguardar nuestra integridad social o eso que hemos venido en llamar identidad. La complejidad del mundo en que vivimos nos exige aprender cosas nuevas continuamente y a veces a fracasar en esta tarea. Para un adolescente los mensajes de exclusión que le llegan en forma de criticas sobre su cuerpo (sobre todo si proceden de sus iguales) pueden suponer una fuente de estrés, difícilmente objetivable según nuestros conceptos de estrés clásicos. Encontrar amigos que les entiendan o que les liberen del ostracismo social, puede ser para una anoréxica una fuente de sufrimiento similar a la del hombre de la caverna ante una hambruna en una época glaciar o al menos así lo entiende su sistema hormonal. Porque nadie puede sufrir sino por aquello que sufre. O sea, que cualquier sufrimiento, aun aquellos más subjetivos e incomprensibles son similares a cualquier sufrimiento objetivo, a aquellos que nos resultan comprensibles.

Cualquier muerte es siempre algo brutal, extemporáneo, porque nadie puede morir sino de su propia muerte ( Marco Aurelio)

Por si fuera poco también hemos llegado a la conclusión de que el estrés es una enfermedad de la mente, una enfermedad mental olvidando que se trata de un síndrome de adaptación general: no atendemos a las señales que nuestro organismo nos envía desde diversos puntos muy alejados del cerebro. Así no estamos acostumbrados a pensar en términos de estrés hepático o estrés renal, cuando nos alimentamos de azucares o bebemos cerveza en lugar de agua.

Hay que recordar ahora que el exceso de azucares de nuestra alimentación supone un sobre esfuerzo biológico, porque este exceso de azucares debe almacenarse en el hígado a través del glucógeno. Este almacenamiento de glucógeno tiene unos limites que la evolución determinó como óptimos para atravesar circunstancias de déficit. El mayor estrés hepático que los seres humanos actuales soportamos en nuestro hígado, descontando a los medicamentos, es el exceso de azucares de nuestra dieta.

Por otra parte bebemos muy poca agua y cuando lo hacemos es un agua excesivamente mineralizada. Este déficit de aporte hídrico (o de exceso de minerales) supone un sobre esfuerzo renal, más aun si lo combinamos con un exceso de otras bebidas azucaradas o alcohólicas como las colas o la cerveza. Al ser hiponatrémica (tiene menos Na que el agua), la cerveza contribuye a una mayor deshidratación sobrecargando el trabajo renal, del mismo modo que hace la cafeína y el alcohol.

De modo que el estrés no es sólo un fenómeno mental, sino sobre todo un factor de desestabilización externo en todos y cada uno de los aparatos corporales. Pensar que el estrés es una especie de depresión por sobre esfuerzo, es pretender olvidar que en un cuadro depresivo, probablemente, otros sistemas le hayan precedido en la sobrecarga y que sólo su claudicación previa haya propiciado la emergencia ulterior del cuadro mental.

La disociación entre lo mental y lo corporal me parece uno de los errores más impresionantes que la ciencia ha cometido desde que el pensamiento científico se instaló como paradigma de conocimiento del hombre y la naturaleza. A lo largo de numerosos artículos he hecho varias menciones a este hecho de fragmentación dual y quiero ahora dar una regla para corregir esta tendencia en el lector. Imagínese un piano con tres octavas. La octava baja representaría del ombligo hacia abajo, la octava media del cuello hasta el abdomen y la octava más alta del occipucio hasta el cuello.

La melodía sonará en la octava más alta, la armonía o los acordes en la octava media y los bajos en la octava baja. Las tres cadenas suenan al mismo tiempo (o secuencialmente) dotando de sentido y de color a la melodía. Así sucede pues en el organismo humano, la mente canta una melodía que el corazón, el hígado y los pulmones dotan de sentido, mientras los bajos (el esqueleto) sostienen toda la estructura armónica.

Lo más sorprendente de este modelo es que el Do bajo y el Do alto suenan con la misma frecuencia (aunque con distinta longitud de onda), lo que les hace ser al mismo tiempo la misma nota aunque suene en una distinta octava.

Con este concepto vibratorio podemos tener un mejor mapa mental acerca de la unicidad de todo el sistema orgánico que llamamos cuerpo humano. La mente puede enfermar antes o después que el cuerpo pero siempre incluye disonancias en cualquier otro aparato. La mente no es pues más que una distinta forma de organización de la materia, del mismo modo que el Do de una octava baja o el Do de una octava alta.

jueves, 12 de abril de 2007

La huella del oso



Un dia cualquiera del Pleistoceno Lucy iba hacia el bosque en busca de raíces y hierbas medicinales, al llegar al barranco que solía separar el riachuelo de los primeros árboles advirtió la huella del oso, la miró y siguió adelante. Apenas hubo dado unos pasos Lucy se dió cuenta del extraño fenómeno: no habia sentido miedo ante la visión de la huella. Se extrañó y volvió atrás con intención de contemplarla de nuevo, no cabia duda, era una huella de oso. Se preguntó entonces ¿por qué no habia iniciado una carrera frenética presa de pánico? ¿es que se estaba volviendo perezosa? ¿qué había cambiado?
Aquel dia Lucy inventó un nuevo reino mental para el hominido, inventó Lo Imaginario.
Lucy discurrió asi: sabía que la huella del oso representaba al oso, pero no era el oso en sí, ese hallazgo era el que habia detenido su carrera y el pánico al que estaba tan habituada. Lucy había conseguido escapar de la causalidad pura, aquella discriminación esencial operaba como un colchón de seguridad entre lo fenoménico -el oso- y la idea: el peligro asociado a su ataque.
Al llegar a la cueva contó su peripecia a los compañeros de su clan, pero hizo algo más que eso: se le ocurrió pintar una huella en la pared con pintura roja-ocre. Tardaria muy poco en pintar al oso entero y después a otros animales o escenas de caza. Después de todo la huella representa al oso, sin ser el oso, pero procede del oso, de manera que Lucy comprendió enseguida la diferencia, no es lo mismo descubrir la huella del oso en el bosque -aun sabiendo que no es el oso mismo- que disponer a voluntad de las huellas del mismo, de su representación.
Al pintarla en la pared Lucy habia inventado el arte, pero tambien la religión y un método para alejarse del continuo estrés de tener que huir apenas se intuía la proximidad de una fiera. Aquellas figuras no eran solamente algo ornamental sino tambien un exorcismo.
Había nacido la alegoría, que roza y bordea al oso sin ser el oso ni tampoco su huella, sino la huella de Lucy.
Lo imaginario en adelante operará con un pie en las ideas y otro pie en el mundo fenoménico, como los sueños que se nutren de ideas pero que tambien se acompañan de entornos de un enorme realismo. Ese dia Lucy entendió que los sueños no son lo mismo que la realidad-real y dejó de tenerles miedo.
 


martes, 3 de abril de 2007

Distorsión


No se trata de una maquina perfecta, nuestro cerebro percibe un mundo distorsionado, a medio hacer. El salto que existe entre la realidad y su representación es una grieta llena de datos inconclusos, somos un proyecto inacabado.

domingo, 1 de abril de 2007

Damasio-Spinoza

Mas allá de la moral y de la aceptación de la ley, de las normas y de las tradiciones y costumbres.
Más allá de la felicidad, del placer, del sexo y de la comida, de la profesión y del disfrute, de la ayuda que brindamos a los demás, de los hijos y de las tareas que nos entretienen durante años y años.
Más allá de la lucha por la vida, de nuestro interés por estar aqui o allá, de triunfar, darnos a conocer o ser entendidos por los demás.
Más allá de eso los hombres (algunos de nosotros) queremos saber, saber más sobre todo buscamos una respuesta a estas dos preguntas ¿De dónde venimos? y ¿dónde vamos? que pueden resumirse en una unica cuestión ¿Cual es nuestra función en la vida? que desde el punto de vista neurobiologico se fundamenta en encontrar una respuesta a la pregunta eterna : ¿qué hay después de la muerte? ¿Para qué sirve el sufrimiento?
Y Damasio y al parecer tambien Spinoza se plantearon esta pregunta y llegaron cada uno por su lado a una conclusión definitiva, a la que por cierto tambien llegó Freud aunque viendolo desde el punto de vista pesimista (Freud pensaba que la religión era un premio de consolación a la inevitabilidad de la muerte). Damasio argumenta que el hombre primitivo se enfrentó bien pronto al impacto de la pérdida: morian amigos, seres queridos, sus mujeres, sus hijos, sus padres.....al parecer el cerebro tuvo que disponer de un modo bastante precoz de distintos mecanismos para superar el dolor y la aflicción secundarios a las perdidas (o a las heridas), estos mecanismos homeostaticos cuya función sería de nuevo devolver al organismo a su situación basal; son precisamente las guias que hacen al hombre sensible a la idea de Dios o de trascendencia. Tanto Spinoza como Damasio no creen en un Dios externo al hombre, con figura humana o bigote inglés, no, ellos identifican a Dios con la Naturaleza, en este sentido Dios no existe y es idiota buscarlo, amarlo o temerlo y dice: "el hombre solo debe temerse a si mismo" pero en cambio si está justificado buscar la naturaleza de Dios que está en todos y cada uno de nosotros que somos en cierto modo parte de esa naturaleza y tambien el resultado de esa forma de pensar que llamamos trascendente. En este sentido la espiritualidad o la trascendencia seria un rasgo protector de la personalidad, pero no en el sentido que le daba Freud sino asegurando que esos mecanismos homeostaticos que llevan al hombre a su estado basal después de un golpe de mala fortuna funcionan correctamente y hacen su papel de reparación, señalando además que los mecanismo de superación de dolor fisico y emocional son los mismos. Estos mecanismos asegurarían a aquellos que los poseen una vida longeva y plena y sobre todo operarian como un mecanismo de preservación de eso que llamamos eutimia y de la ataraxia. La eutimia además está regulada al alza, significa que nuestro cerebro no está regulado sólo para no sentir dolor, está regulado para sentir un cierto bienestar, un sosiego eufórico (al que Democrito imbuido por la idea de virtud griega llamó eutimia), está regulado para sentir de modo basal un cierto bienestar (es bueno recordar ahora que "virtus" significa en latin poder). La alegria sería pues el antidoto de la pena, el poder de vencer la pena (como todos sabemos) y la alegría tiene que ver con un modo de vida que en paleolitico supuso un cierto discurso de trascendencia (la invención de un Dios) reencontrado a partir de la empatía, es decir de la identificación con la pena del otro, el prójimo que nos redime con su dolor y que nos permite ayudarlo (ayudándonos a nostros mismos a ser mejores) con la posibilidad de sanarla o aliviarla a través de la cooperación, del consuelo y de la compasión.

domingo, 4 de marzo de 2007

Patrones de reconocimiento

Las cebras se reconocen entre sí por sus patrones de rayado, algo vital para las crias que deben seguir a su madre sin perderla de vista mientras dependen de ella para su alimentación y su defensa. Las cebras no suelen adoptar crias huerfanas, por lo que perder de vista a la madre supone una condena a muerte segura. Este reconocimiento se basa en la grabación en el cerebro de la cebrita de ese patrón de rayado que le inducirá una conducta de seguimiento especifica a su madre, a este fenómeno se le llamó "imprinting" y es un precursor de nuestro apego. Probablemente ambos: imprinting y apego sean el resultado de un pavor primordial. Nos apegamos por miedo y no tanto por amor o por necesidad de alimentarnos. Por eso es más importante que nos acaricien o que nos hablen en lugar de sobrealimentarnos.

sábado, 3 de marzo de 2007

Orquídeas, lubinas y caracoles




Las estrategias reproductivas en la naturaleza están diseminadas entre todas aquellas que dan "premio evolutivo", es decir reproductivo, el engaño, la muda de sexo y el hermafroditismo. La orquídea optó por el engaño simulando mediante su corola las formas de las hembras del abejorro, la lubina es hembra de joven y macho de adulto y el caracol -que posee los dos sexos- es capaz de fecundarse a si mismo en determinadas circunstancias.



No es que la orquídea sepa que está engañando al abejorro, sino que la evolución la dirigió hacia la estrategia del engaño como una estrategia evolutivamente estable, su parecido con la hembra del insecto adecuado es suficiente para que -debido a los ardores del macho- acabe siendo polinizada, cuando el abejorro descubre el engaño es demasiado tarde, la orquídea ya ha sido fecundada pero el abejorro que "ha pasado la mano por la pared" y se retira decepcionado y confundido. Moraleja: no hay que fiarlo todo ni al olor de las ferormonas ni al aspecto de la corola de una orquídea.



La lubina tiene una estrategia mucho más eficaz, de jóvenes todas son hembras y de mayores ¿todas son machos? pues no, porque el paso de hembra a macho está inhibido por la presencia de machos dominantes en los alrededores, de manera que la estabilidad entre sexos se mantiene, 10 hembras para cada macho, eso asegura la reproducción y quita hierro a las peleas entre ellos abrumados por el peso de la testosterona, una solución consensuada, democrática y eficaz.



Lo de los caracoles sin embargo es para nota: aunque son hermafroditas y pueden bastarse solos para las tareas de la fecundación prefieren -por aquello de la diversidad- buscarse una pareja, los preliminares amorosos pueden durar varios dias, no se trata de poner a punto al partenaire para la cópula: se trata de discriminar quién va a hacer de hembra, pues al fin y al cabo el embarazo y la puesta de huevos corre a cargo de ella -la cruel atadura-, el perdedor en esa lucha de preliminares hará de hembra y el otro hará de macho, es decir su tarea terminará en cuanto haya embarazado a la caracola alternativa.



Lo curioso de esta maniobra de los caracoles es que recurren a ella cuando el entorno es hostil y más necesaria es la diversidad genética, en condiciones de abundancia de recursos, temperatura adecuada y ausencia de depredadores en los alrededores el caracol opta por arreglárselas solo.

viernes, 2 de marzo de 2007

Menos es más

El caos es un concepto matemático que tiene un cierto parentesco con lo que nosotros entendemos como desorden, confusión e impredictibilidad, es decir todo lo contrario de la causalidad natural: el bacilo de Koch provoca la tuberculosis, los accidentes de tráfico heridas y traumatismos, la falta de alimentos inanición, etc. La teoría lineal de la causalidad nos ha brindado enormes servicios a los médicos, tantos que sería imposible construir un catálogo de las relaciones causales demostradas que los empleamos tanto para curar como para prevenir, pero los sistemas vivos son mucho más complejos de lo que pensábamos. No todo efecto tiene una causa, sino a veces múltiples causas (multicausalidad), además el efecto puede preceder a la causa (causalidad circular) y por último la relación entre causas y efectos puede ser tan sutil que se pierde el hilo buscando conexiones entre ambos.
La teoría del caos halló su máxima aplicación practica en la meteorología y es razonable que fuera un meteorólogo –Lorenz- el primero es formalizar determinados hallazgos, como lo que conocemos con el nombre de “efecto mariposa”, quizá el más conocido de los efectos del caos. Los meteorólogos saben que es imposible predecir el tiempo más allá de algunos días, también los saben los agentes de bolsa y por eso nunca dan recomendaciones arriesgadas a sus clientes a largo plazo y hacen bien porque los sistemas caóticos, como el clima o el comportamiento de la bolsa son impredecibles. También sucede con las enfermedades y los pacientes, ningún médico puede afirmar (aunque si lo hacen los impostores) que tal o cual paciente se curará incluso cuando las causas estén muy claras porque existen demasiadas variables en juego, tantas que se nos hace imposible prever el resultado a medio plazo del clima, la bolsa o la salud.
Si un sistema es impredecible lo es por dos clases de razones, la primera porque intervienen muchas variables como he dicho antes, como en el caso de un enfermo determinado, es lo que llamamos complejidad, pero sobre todo porque las relaciones entre esas variables son muy intensas e imbricadas, de tal modo que pequeñas variaciones en una de ellas puede amplificar y emerger a distancia un efecto considerable: “el aleteo de una mariposa en Brasil puede desencadenar un tifón en Florida”. Además porque el sistema tiene múltiples puertas de entrada que son a la vez salidas y lo peor: la puerta puede ser a la vez entrada y salida.
Lo anteriormente dicho nos lleva a una consecuencia lógica inmediata, hablando en términos terapéuticos y más allá de lo que hacen los cirujanos atrapados para siempre en la causalidad mecánica, lo que hacemos el resto de médicos (y también los pacientes) es impredecible por lo que sigue siendo válida la recomendación de Hipócrates “primum non nocere” (lo primero es no dañar) y es posible prever que tampoco podamos saber o averiguar – con técnicas lineales- como se curan los pacientes y ahora estoy pensando en los pacientes psiquiátricos, que siempre me han enseñado algo muy importante que quiero transmitir: el que se cura lo hace siempre contradiciendo o al menos lo hace a pesar de la teoría, no importa qué teoría se sostenga, siempre quedará en crisis después de asistir a una curación. Algo que ya sabemos desde hace mucho tiempo, las psicoterapias no curan por su cuerpo teórico sino que la variable critica está en el terapeuta, los enfermos no se curan por lo que nosotros decimos o pensamos sino por otras cosas a veces banales. Eso es caos, o al menos esa parte del caos que nos interesa a los psiquiatras, una intervención banal o inapreciable puede llevar a un sistema a la restitución. A veces no tratar, no intervenir es la mejor solución.
El caos es el conjunto de leyes que rigen los sistemas abiertos y un sistema abierto es aquel que recibe e intercambia energía e información con el medio ambiente, en este sentido el ser humano es un sistema abierto, como también lo son las acciones de una determinada empresa o un árbol o animal cualquiera, también sus mentes como después veremos. Una semilla es un sistema cerrado como también el agua, sin embargo la temperatura o la humedad pueden transformar un sistema cerrado en otro abierto, la semilla sometida a enterramiento y a la humedad conveniente se transformará en una planta, y el agua sometida a una cierta temperatura se transformará en gas, en un sistema caótico que hace ganar y perder propiedades al anterior. Dice el poeta que la nube contiene el océano y que en el océano está plegada la nube, es decir solo los procesos caóticos pueden modificar una estructura (de liquido a gas) cambiando su forma y sus propiedades. Sin embargo el agua de la nube sigue siendo agua (H2O) como el agua de la mar sólo que tiene algo más y algo menos que el agua del mar: es un gas (vapor de agua) que añade propiedades -en este caso físicas- nuevas a las que ya tenía y pierde otras que ya no tiene (la liquidez) a no ser que vuelva a condensarse. Para que algo pueda ganarse algo deberá perderse aunque la cantidad de energía-materia total del universo es siempre la misma (ley de conservación de la energía).
Este algo más que se añade se llama emergencia y lo que se pierde se llama reducción. Me interesa señalar que la relación que existe entre la semilla y la planta o entre el agua del mar y el agua de una nube son muy especiales, igual que las que existen entre genotipo y fenotipo, podríamos decir que la planta está implícita o plegada en la semilla, codificada de tal modo que la semilla sólo puede producir una planta de la especie que represente y no otra. La planta desde luego no está en la semilla sino de una forma codificada y no completa como un plantúnculo, se encuentra como una potencialidad o función y no como una realidad, si miramos la semilla por dentro no encontraremos ni rastro de la planta adulta, del mismo modo que si miramos la placa de un holograma no podemos ver la imagen que representa, sino solamente estrías, y círculos concéntricos, es decir nada que nos recuerde a una imagen tridimensional. La planta adulta tampoco es una semilla pero quizá pueda esparcir semillas cuando madure, pero será difícil encontrar una semilla idéntica a la que dio forma la primera, sus hijos solo llevaran la mitad de los genes de su antecesora, en el caso de que la planta se reproduzca sexualmente como hacen las fanerógamas. A esta cantidad de genes perdidos se les llama reducción evolutiva es decir la nueva emergencia, la nueva planta solo aprovechará la mitad de los genes de su madre o padre. El hijo es la mitad de cada progenitor, lo que hacemos en la reproducción no es multiplicarnos sino dividirnos.

lunes, 26 de febrero de 2007

El cerebro sexual

El cerebro es un organo bañado en hormonas, eso asegura una tal Brizendine, neuropsiquiatra americana que está en España haciendo bolos tratando de vender su libro "El cerebro femenino". En él se asegura para quien asi quiera oirlo y por enésima vez que el cerebro de los hombres y las mujeres, no sólo es distinto funcionalmente sino tambien anatómicamente. El cerebro de ellas tiene una complejidad superior en las areas del lenguaje, areas de Broca y de la audición -temporales- y además tambien en el hipocampo, el área que se encarga de formar nuevas memorias y nuevas asociaciones. Al parecer las mujeres tienen una enorme capacidad para conservar rastros mnémicos de la especie, mientras que los hombres por asi decir, tenemos que aprenderlo todo de nuevo. Es por eso que ellas tienden a protegerse de los conflictos y a evitarlos, mientras que ellos vencidos por el peso de la testosterona precisan proyectarse sobre todo mientras son jovenes a alcanzar un cierto rango social y hacen bien porque sin rango no hay sexo y entonces ese 25 % de cerebro sexuado de los machos de poco serviria más que para acumular decepciones. Además la Brizendine asegura que el cerebro femenino cambia y se modifica en cada menstruación, lo que apoya la vieja teoria de que "la donna e mobile" y por eso la mujer y la luna han sido frecuentemente comparadas.
Lo cierto es que es en la adolescencia donde tienen lugar la mayor parte de los malentendidos, ellas se esfuerzan por ser atractivas mientras que ellos se empeñan en lograr un mayor rango entre sus iguales y de ahi vienen las desavenencias, porque en el fondo para ellos ellas son solo un trofeo que exhibir y para ellas resultar cazadas es una señal de que son atractivas, o sea que en la patologia se encuentran al aire precisamente estas motivaciones: hay muchachas que prefieren morir de inanición si no tienen el cuerpo que desean, mientras que ellos pueden verse desplazados a la ultima escala social si no son capaces de llevarse algun trofeo a casa. En el fondo no somos más que simios parlantes.

miércoles, 21 de febrero de 2007

Por qué las mujeres se deprimen y los hombres se drogan


En sus estudios con primates Chance en 1970 observó que existían dos clases de mecanismos competitivos, los agonísticos que se establecen en situaciones muy jerarquizadas que se llevan a cabo mediante la amenaza o intimidación, un modo competitivo que sería millones de años más antiguo que la competencia hedonística: aquella que se establece a través de la seducción o el atractivo y que evolucionó probablemente desde situaciones donde la competencia agonística había sido desactivada o no era necesaria. Más tarde Price (Price 1992) elaboraría su teoría de la rivalidad social a partir de estas observaciones, en la que se basó también Brown (Brown et alt 1986) en su conocida teoría sobre el origen social de la depresión
Ambas estrategias tienen el mismo objetivo: obtener un mayor rango social y disponer de un mayor número de hembras con las que copular, lo que asegura una mayor supervivencia y un mayor numero de descendientes, mientras la primera obtiene estos bienes desde la lucha y la defensa de la supremacía en el clan, la segunda admite ciertos matices que proceden del atractivo o del liderazgo que otros seguirán sin que medie imposición alguna por parte del dominante
En el siguiente esquema vemos como el eje vertical va desde la posición de dominancia hasta la posición de sumisión dependiente del rango y en el eje horizontal encontramos un claro ajuste social en la izquierda y el aislamiento social en la derecha así como las estrategias conductuales que presiden cada uno de los distintos cuadrantes: en la derecha, huida (flight) , una pulsión que activa los instintos de defensa que tienen que ver con el miedo y más abajo el escape social (withdrawal) que estaría relacionado con una conducta de desapego, introversión o esquizoidia. En la izquierda y en el centro el atractivo como foco conductual desde el que arranca en el plano horizontal la pulsión gregaria y más abajo en el eje del rango la conducta de docilidad o apaciguamiento (yielding), una situación donde se ubican los perdedores de la competencia agonística, mientras en la derecha podemos ubicar a los perdedores de la competencia hedonística. Ni que decir tiene que los que están debajo albergan autoconceptos y autoestimas más bajos que los que están arriba y que los que están a la derecha, presentan mayores disfunciones del tipo de la impulsividad y del juicio de la realidad que los que están a la izquierda.

Chance observó que en el modo agonístico, el número de individuos dominantes y subordinados se mantenía constante merced a oscilación critica y que determinados individuos se escindían del grupo para evitar los ataques de los individuos dominantes. Este tipo de conducta que Chance denominó “escape revertido” era típico de los conflictos agonísticos jerárquicos, que contrasta con la libertad individual de quedar aparte dentro del propio grupo o dejarlo de vez en cuando, cosa que es posible esperar en el modo de competencia hedonístico.
El modo agonístico prevalece cuando el potencial para la rivalidad está presente pero inhibido, como resultado, los individuos permanecen en un estado de tensión psicológica, aunque la agresión física queda de este modo preservada.
Parece apropiado incluir la competencia agonística como el paradigma de agresión ritualizada entre machos (Moyer 1976) En este sentido se ha considerado que los trastornos depresivos vienen filogenéticamente derivados de programas seleccionados de rango y de apego, un conflicto que es posible observar mayormente entre los hombres, lo cual nos lleva a preguntarnos entonces ¿por qué es más frecuente la depresión en las mujeres?
Es evidente que existen respuestas biológicas y sociales a esta pregunta. Desde el punto de vista evolutivo es posible especular que hecho el balance entre ventajas y desventajas reproductivas y de supervivencia, los machos saldrían muy mal parados en sus puntajes evolutivos con respecto a la depresión que siempre aparece en la edad reproductiva. Efectivamente, la depresión disminuiría el éxito reproductivo de los machos más intensamente que en las hembras , dado que la reproducción necesita mas determinación, energía e iniciativa en el macho que en la hembra. En consecuencia los machos depresivos se reproducirán menos que las hembras depresivas (Stevens y Price 2000). En otras palabras la presión selectiva para la depresión está limitada por el efecto de la depresión en la reproducción, lo que explicaría que la depresión fuera más común en las mujeres que en los hombres.
El mismo argumento sirve para explicar la otra cara de la moneda: ¿por qué los hombres consumen más substancias tóxicas, comenzando por un mayor consumo de alcohol que las mujeres?. Existen evidencias de que el consumo de substancias no ejerce en los hombres un menoscabo en su atractivo o rango, así como tampoco influye en su éxito reproductivo. Aun más existen evidencias de que determinados machos pueden ser elegidos a partir de sus hándicaps físicos (Zahavi 1995) o psíquicos.
Gilbert sostiene que el apego ansioso que Bowlby describiera predispone a una sensibilización del sistema opioide que a la larga puede conducir a conductas adictivas del tipo del abuso de sustancias, drogas o alcohol, donde es posible adivinar como el individuo se mueve en las relaciones de rivalidad entre machos en la línea horizontal adoptando el modelo hedonístico y revirtiendo su agresión hacia sus padres, esposa o sus hijos, mientras va desplazándose cada vez más hacia la derecha cuando está sobrio a través de mecanismos de retirada social y donde sólo el tóxico parece capaz de desplazarle hacia una cierta integración social en su grupo ; paulatinamente la baja autoestima o depresión de derrota se instalan entre los periodos críticos. Un movimiento oscilatorio que podría explicar la tozuda y conocida negación y falta de insight que parece evolucionar simultáneamente con el grado de deterioro físico y psíquico del drogodependiente, que apela a la dominancia y a la lucha (fight) junto a su huida del modelo del yielding característico de las mujeres que no tienen – a diferencia de los hombres- demasiados escrúpulos en mostrarse débiles o necesitadas.
Si es cierto que los conflictos agonísticos acerca del rango están implicados tanto en la depresión como en el consumo de tóxicos (Gilbert 1989), es cierto también que la conducta agonística puede ser empleada por los machos para dominar a las hembras, así como también formar parte de los conflictos de rivalidad entre hembras (Abed 1998). Efectivamente, en los conflictos maritales es más frecuentemente el macho quien domina a la mujer, por lo que esta se encuentra forzada a activar las subrutinas del yielding o apaciguamiento o del helplessness o desamparo y a sufrir sus consecuencias emocionales.
Sin contar la rivalidad del postparto que las hembras tienen que dilucidar con sus crías, la mujer está sometida además a una depresión por deprivación (de sexo, oportunidades o actividades sociales) y es por tanto mayormente vulnerable a las pérdidas, o a las amenazas de perdida de sus figuras de apego, mientras que los machos son más sensibles a las depresiones de derrota (Stevens y Price 2000)
Naturalmente, la teoría del rango (Price 1967) no debe interpretarse en el sentido social más convencional del término, sino en la percepción subjetiva del rango, es decir del lugar que un individuo ocupa en una virtual escala social, los lugares a los que aspira pero a los que sabe nunca podrá acceder y sobre todo los descensos percibidos en relación con conflictos competitivos en esa escala. De no ser así, sólo tendrían depresiones los pobres o los parias y sabemos que las depresiones están representadas en todas las clases sociales, que no se corresponden simétricamente a la percepción individual que los individuos suponen que ocupan en dicha jerarquía, sobre todo en los conflictos que derivan de haber perdido en la confrontación en las relaciones agonísticas que expulsan al individuo hacia abajo en la jerarquía social.
En este sentido la depresión tendría un valor adaptativo sugerente en tanto que puede servir para retirar energías de empresas o actividades sin rendimiento (Nesse 1999) a la vez que devolvería al perdedor un cierto control sobre su situación y su ambiente. Se ha insistido mucho sobre todo desde posiciones psicoanalíticas y con mayor énfasis en las sistémicas acerca del enorme poder paradójico que puede acumular una persona enferma (Price & Gardner, 1995). En relación con la depresión es evidente que podría corresponderse con estos mensajes:
- Uno hacia los dominantes en la jerarquía, algo así como “ no compito con vosotros porque estoy enfermo”
- Otro hacia los iguales o los pares “ no compito con ellos porque estoy enfermo”.Un control sobre el ambiente que es posible completar con la suposición de que la activación del yielding por si sólo no puede mantener una situación crónica de enfermedad. Es necesario además que el individuo convierta su trastorno del humor en una secuencia comunicativa adquirida mediante el trasiego pragmático del síntoma y el entorno (Berrios 1995), del modo más eficaz para sus fines que puede incluir la disforia ( una cierta hostilidad manifiesta) o la ansiedad (el apego ansioso). Es necesario además que alguien – el psiquiatra- opere la necesaria abreacción, mediante el proceso del diagnóstico que comunicacionalmente hablando no es sino una forma de negociación y cuyo objetivo es en todos los casos lograr detener la espiral o la cascada sintomática que harían el proceso irreversible.

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