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domingo, 16 de marzo de 2008

Politicos, psiquiatras y mentiras

Me han contado que existe un psiquiatra español -el Dr Cabrera- que amenaza en convertirse en una nueva estrella mediática siguiendo la estela del padre Apeles (que también tiene un blog) y similares. Parte de su fama procede del hecho de aparecer como contertulio en algunos programas "talk shows" donde se dedica- me dicen- a etiquetar a todo el mundo con diagnósticos psiquiatricos de andar por casa o como diria Freud a hacer análisis silvestres de distintas personalidades del mundo de la politica y personajes públicos en general. De ahi su fama.

Esta es la pagina web oficial del susodicho doctor.

Y que hasta ha editado un libro y todo titulado "La salud mental y los politicos" que se venderá como rosquillas y donde se dedica a diagnosticar a nuestros hombres públicos como si de casos psiquiátricos se tratara: asi Rajoy es un obsesivo, Zapatero un esquizoide o Llamazares un paranoide.

Se trata de una superficialidad de barra de bar porque una "golondrina no hace verano" y poseer dos o tres rasgos de carácter, estables y persistentes en el tiempo no constituye en sí ninguna patología. A la gente le da morbo que Rajoy o Zapatero puedan ser clasificados por la Psiquiatría pero lo cierto es que estos personajes no son "casos psiquiátricos" sino ciudadanos normales como usted y como yo que como usted y como yo poseen algunas peculiaridades caracteriales detectables a la mirada de un experto.

Pero lo peor de apelar a las clasificaciones internacionales para clasificar a nuestros politicos es que trata de ocultar algo que es más cierto y detectable a la mirada común que la supuesta patología de algunas de sus caracteristicas de personalidad: me refiero a la relación que existe entre los politicos y la mentira.

Los politicos no son casos psiquiátricos sino unos mentirosos. Tampoco se trata de una pseudologia fantástica -la patología de la mentira- sino de mentiras veniales de esas que se dicen porque hay que decirlas. Y hay que decirlas porque la verdad es intolerable.

Pero no es que la mentira sea una cualidad intrinseca de los politicos, sino que la mentira es una cualidad intrinseca de la politica. No me refiero tampoco a la Politica con mayúscula: las propiedades de un ideal no son nunca del ideal -puesto que el ideal no existe ahi afuera- sino de la manera que nos lo representamos, me refiero a la política o al politiqueo que es la forma de Política que se hace en los paises donde la Politica ha caido en manos de los medios de comunicación. Política es nuestro entorno es igual a teatro, a simulacro, a ficción, a espectáculo, a tira y afloja, a sarcasmo, insulto, hiperbole y lucha libre. Por eso los políticos nos parecen -en sí- mentirosos porque trabajan en una empresa dedicada a construir mentiras.

Otra cosa es que la politica atraiga a los mentirosos: no negaré este supuesto del mismo modo que la policia atrae a los que sospechan de todo o el arte atrae a los parias o a los disidentes, pero se trata en todo caso de un subproducto y no de la esencia de la actividad política en sí.

En realidad si la política es mentirosa es porque nosotros, los ciudadanos tendemos al autoengaño cuando no vivimos instalados en la mentira, en otro tipo de mentiras más domésticas o cotidianas, pero mentiras al fin y al cabo.

La mayor parte de los autoengaños que nos hacemos la gente común -no los politicos- procede de la discrepancia que existe entre nuestros ideales y nuestros particulares. Y pondré un ejemplo comprensible para todos: el ejemplo del amor.

El amor es un universal, una idea o abstracción. Nuestro cerebro es un perfecto arquitecto de simbolos y de abstracciones y lo hace para ahorrar energia y memoria en recordar todo lo que de particular ha aprendido a lo largo de la vida. El amor es pues una idea pero uno no puede enamorarse de una idea y cuando lo hace es a través de una persona real: de un particular. Es por eso que casi nunca ese particular encaja en nuestras expectativas ideales acerca del amor y es entonces cuando vienen las desavenencias.

Lo humano está pues sujeto a una decepción continua: las ideas que tenemos de las cosas y las cosas en sí no suelen corresponderse de forma perfecta. Esa grieta o disonancia entre la realidad y el deseo nos mantiene amargados de por vida a menos de que seamos capaces de lidiar con ambas.

Pero es que la politica es precisamente la gestión de los ideales colectivos y no otra cosa. Algunas personas creen que la politica es una especie de oficina donde el contribuyente acude con sus pancartas y que el politico está obligado a escucharle. Se trata de una concepción infantil y demandante de la politica, en realidad el político sólo escucha a sus aliados: a aquellos que amplifican su voz y la hacen llegar a la mayor cantidad de gente: me refiero a los medios de comunicación, únicos interlocutores serios a los que los politicos escuchan, más allá de las necesidades de los individuos.

Las necesidades de los individuos reales importan muy poco en politica, no solo porque los politicos no están para resolver problemas puntuales sino porque los politicos señalan las grandes ideas y apuntan hacia el futuro a veces divorciandose de la opinión publica mayoritaria: como ejemplo de esto señalo la guerra de Irak y la división entre las razones de estado del gobierno Aznar y la opinión mayoritaria de la gente que apuntaba en otra dirección con sus pancartas.
Pero el politico tiene además un problema sobreañadido ¿como saber cuales son las necesidades reales de los ciudadanos? El político maneja datos sociológicos groseros y datos macroeconómicos pero no sabe lo que cuesta un café porque no necesita pagarlo en el bar de abajo: se lo traen.

El politico lo fia todo a la opinión publica que se trasmite a través de los periodicos y televisiones que tienen tambien sus intereses particulares como empresas, lo que hace que la información que manejan nuestros politicos democráticos sea muy poco fiable.

Por eso optan por la mentira y el cinismo, al señalar por donde deben ir las cosas sin meterse demasiado en las necesidades de la gente. Lo asombroso de todo esta fabulosa mentira es que la gente sigue votando a los mismos politicos aunque mientan o hagan enormes ejercicios de cinismo, lo que desvela el gran dilema que más arriba referí: los ciudadanos se autoengañan y es por eso que resultan victimas tan fáciles para los mentirosos.

Ahora bien no todos los mentirosos son iguales, a unos se les ve el plumero más que a otros y aún más: a los cínicos se les perdona todo porque hoy en dia en la sociedad en la que vivimos el cinismo se ha convertido en algo subversivo.

En casi lo único que es subversivo es por eso por lo que el personal le perdona a Zapatero o a Gonzalez lo que nunca le perdonaria a Aznar o a Rajoy.

¿Una prueba?

La prueba que quiero aportar ahora es la de Rodolfo Chiquilicuatre, ese galán con tupé que nos va a representar en Eurovisión gracias al voto y a las pancartas de Internet. Se han alzado voces conservadoras e integristas contra esta victoria, pero yo creo que no tienen razón porque los que asi piensan todavia -como Jose Luis Uribarri- no han caido en la cuenta de que Eurovisión es una gran mentira también. Y que la mejor manera de desenmascarar una mentira es atacarla en su esencia: a través de una farsa.

Claro que la gran mentira que es Eurovisión tiene un arma eficacisima para desmontar el efecto subversivo del Chiki-chiki y es dándole el premio.

Si Europa también estuviera sometida al virús del cinismo esto podria suceder y entonces el efecto revolucionario de ese antiideal que es el Rodolfo se disolvería como un motin en Esquilache: antes de empezar.

Sólo el cinismo y el folletín pueden cambiar el mundo.


domingo, 23 de diciembre de 2007

La indefensión cultural:un nuevo síndrome


En realidad el enemigo a batir es la Cultura. Entiéndase bien, no hablo de esa cultura que habita las universidades, las cátedras, los conservatorios, los museos, hablo de la cultura que está viva porque no ha sido desplazada al guetto donde los politicos desplazan a la Cultura movidos por el veneno del odio. Odio, si, ese es el resultado de ese espejismo progresista en el que creimos mientras fuimos jóvenes y que pudiera traducirse en esa elocuente frase: "el problema del mundo puede arreglarse con instrucción, todos a la escuela", entonces, mientras fomulábamos esa utopía no sabiamos que esa era la mejor manera de asegurarnos una aversión a la cultura por parte del Poder y por parte de los adoradores de ese poder. Porque la cultura es necesariamente inútil, ni siquiera es ornamental, la cultura no tiene valor, porque lo que vale para el capital y para los nuevos adoradores laicos, no es el conocimiento desnudo, sino la utilidad. La utilidad que puede comprarse y venderse.

"Yo lo que quiero es un buen empaquetador, una buena cajera", en eso hemos convertido a nuestros jóvenes a través de la educación gratuita y universal, en técnicos que empaquetan muy bien, pero no saben donde está el Danubio. Después de todo ¿para qué sirve saber donde está el Danubio? Efectivamente no sirve para nada, y de ahí su belleza, de ahi que la verdadera cultura no anide en los templos laicos donde se ofician los actos culturales sospechosamente financiados por los municipios, con esa aura administrativa, funcionarial, aburrida y casposa. Porque la cultura no sirve para ser trasmitida salvo en condiciones de iniciación, ni sirve para ser consumida por las multinacionales de la reposteria, la cultura solo sirve para dotar de sentido a la vida, de sentido al mundo, a un mundo cada vez más complejo y dificil de entender donde la mayor parte de la gente no sabe donde está el Danubio porque nunca estuvo allí ni cree que eso vaya con él que bastante tiene con pagar hipotecas diversas para consumir articulos distintos y cada vez mas ajenos a sus necesidades.

"Si nos cargamos la cultura y la neutralizamos en las universidades, los conservatorios, si logramos relegar la historia del conocimiento a los museos, donde estatuas y pinturas mudas nos observan, habremos logrado nuestros objetivos", es la voz que se oye en una lejana torre de Manhattan. En parte ya se ha conseguido, tenemos al Sapiens más inteligente que podiamos tener y tambien al más inculto, el conocimiento ha sido conservado en formol, en caspa administrativa, pero ¡ah!, aun queda el individuo, su camino individual, su busqueda privada, la literatura como molde de todo lo que puede ser dicho y ese bohemio se muestra evasivo, esquizoide, silente. El innombrable que acecha desde su despacho, un nuevo centauro, mitad hombre y mitad maquina internautica no se rinde y ha optado por el zoológico de la vida abandonando para siempre el convento. Está en el mundo ,sin estar en él, los dioses laicos, los dioses paganos y los dioses monoteistas le habitan y hablan por sus textos. Es un iluminado que va por libre y es tomado por loco.

Pero él sabe la verdad.

lunes, 1 de octubre de 2007

Maldad antigua, maldad moderna

La maldad no es una entidad clinica sino moral y conviene no confundirlas. Cómo siempre sucede con las entidades morales siempre proceden de otro, es el otro el que adjudica ese "valor" a alguien, en realidad ningun malo se reconoce como tal a no ser que sea un neurótico como los de antes o un psicotico melancólico. Los neuróticos de antes se sentían culpables como Woody Allen incluso por faltas que nunca cometieron: fueron quizá victimas o simples espectadores forzados pero daba igual, porque ellos se sentían responsables de los demás. Pero eso era antes porque ahora la gente ya no se siente culpable de nada y por varias razones, la principal de estas razones es porque ya nadie es educado con el peso de la falta sino del derecho a cualquier cosa, podriamos decir que lo que falla es nuestra cultura es la ley del padre, pero para abreviarlo más diré que Woody Allen fué educado bajo el peso de una estricta ley y que ahora esa ley no escrita ha desaparecido o al menos se ha debilitado.
La modernidad ha consistido en enfrentarse y aniquilar estas leyes patriarcales que siempre gozaron de mala fama. Alguien decidió que la mejor manera de ser felices era oponerse a esas leyes y no tener ni saberse culpable de nada, el combate contra la modernidad ha consistido pues es una atmósfera de irresponsabilidad, de alejamiento de cualquier culpabilidad subjetiva. Esta desculpabilización se defiende en múltiples espacios de la postmodernidad, incluso en revistas banales de moda y cosmética hay espacios que animan a que la gente se "libere" de la culpa al tiempo que mejora la autoestima, para muchos psicólogos positivistas la gente sería más feliz si se liberara de las culpas atávicas que siempre proceden -claro está- de la represión del goce sexual, algo que se consigue mediante el conocido proceso de "aprender a decir no", de la asertividad como se dice ahora.
Lo que no saben esos exégetas de la libertad de conciencia es que detrás de la culpa hay un monstruo mucho peor, el monstruo de la angustia, es decir que si no somos capaces de sentir culpa por lo que hicimos o pudimos hacer en el pasado estamos condenados a sentir angustia por lo que podemos hacer o hacemos en el presente, nos convertimos asi por arte de magia en personas angustiadas perpetuamente por nuestros goces actuales. De manera que Kierkegaard en parte tenia razón y el que liquidó el pecado inventó la angustia que es un no saber, un no conocer, un no querer saber, una especie de tomatina psiquica.
El sintoma antiguo - el sintoma de Woody Allen- era un conflicto entre la pulsión y el Superyó, pero el sintoma actual -una vez licenciado el Superyó- es un conflicto entre la pulsión y la realidad. Al liberarse todas las virtualidades del deseo el sujeto queda apresado en la paradoja de que debe enfrentarse por sus propios medios a esa instancia de la realidad que es una playa de vacaciones donde cualquier goce no sólo es posible sino legítimo. El individuo con un Superyó debilitado por la complaciente educación carece de los suficientes mecanismos de sublimación con lo que queda atrapado entre su albedrio y ese límite que solo está en la realidad pero que carece de franquicias en su interior.
Es por eso que la gente parece más mala ahora que cuando entonces Woody Allen era joven, no es que ahora seamos más agresivos, es que carecemos de ese colchón de seguridad que era el Superyó, lo imaginario y la represión. Confrontados con la realidad de que cualquier goce es admisible el ser humano postmoderno cae preso en la trampa que los movimientos de liberación que sucesivamente han socavado esa vulnerable instancia que hace que el hombre se controle a si mismo.
Por eso paracemos más malos pero lo que estamos en realidad es más confundidos, alienados y desesperados pidiendo a gritos que alguien se haga cargo de nuestra vida.
Y corremos el riesgo de que cada vez más el Estado intervenga en nuestra vida, de momento no nos dejan fumar más que en en la calle.

viernes, 31 de agosto de 2007

Sarkozy, Carod Rovira y la castración


Que Sarkozy un “neocon” y Carod Rovira un catalanista radical se hayan puesto de acuerdo en la castración química de los delincuentes sexuales reincidentes merece un comentario en este blog.
Se trata en cualquier caso de una propuesta que está señalando el retorno de algo que ya creíamos extinguido, el autoritarismo taliónico más políticamente incorrecto. Pero no se trata de un autoritarismo calcado de la eugenesia hitleriana, antes al contrario se trata de algo más sutil. La novedad es que en este caso será la ciencia y su discurso, un grupo de notables “científicos” los que darán cobertura a la solemne decisión de dejar fuera de combate a aquellos nardos de incontestable dureza que insistan en demostrar que eso de la masculinidad es cosa de testosterona.
De lo que se trata es de seguir instalados en la doctrina actual que se lee del siguiente modo: cualquier acto incomprensible es la señal de que algo no funciona bien en el cerebro de estos “degenerados”. Movidos por la doctrina esquiroliana de la monomanía que estos políticos del siglo XXI se han empeñado en resucitar, cualquier conducta puede inscribirse en el seno de una disfunción neurobiológica y ser por tanto susceptible de un tratamiento. De lo que se trata es de alienar al ser humano y hacerle comprender que cualquier cosa que haga podrá ser incluida en una interpretación de enfermedad, “no es usted un violador porque quiere sino porque algo anda mal en su cerebro o en sus testículos, se lo dice el Estado que es tan perfecto que no puede admitir tal disidencia en su seno”, eso viene a decir la doctrina oficial de Sarkozy- Rovira a la que le auguro mucho éxito porque eso es lo que piensan en el fondo amplias capas de la población: que cualquier crimen puede ser explicado en base a suposiciones de antecedentes familiares, de entorno psicológico o apelando a ese gran desconocido que es el cerebro y cuando todo falla a las hormonas.
Y la verdad es que el problema no va a resolverse con castraciones químicas, antes al contrario, existirá un rebrote de la violencia sexual. ¿Por qué? Pues porque cualquier solución médica al problema inscribe al problema en un lugar donde la responsabilidad individual ha sido coartada. Alienar significa sin vinculo, sin referencias, al menos los violadores hoy tienen una identidad, la de violadores, mañana después de la castración solo serán "ellos o su testosterona"La única solución que existe para los criminales sexuales es la condena de por vida, dado que es evidente que no se recuperan jamás. Pero ¿de qué iban a recuperarse? Y ¿por qué iban a hacerlo? Uno se recupera de una gripe, de una intervención del corazón, pero no se recupera de algo que es un goce individual. ¿Es que Sarkozy o Carod Rovira van al psiquiatra a contarle como gozan?
Es verdad que se trata de un goce difícilmente comprensible para la gente común, para nosotros los normales, pero ¿quién ha dicho que haya que comprender nada?. Hay gente que es así y punto, no hay que comprender, sino poner límites físicos a ese tipo de conductas, y hacerlo además desde las instancias que el Estado ha diseñado para poner a buen recaudo las conductas inaceptables, la ley y su consecuencia inmediata, la reparación. ¿A qué viene esa manía de medicalizar cualquier tipo de transgresión?
La hipocresía del Estado que juega a ser benévolo acaba por ser letal no sólo para la sociedad sino para los propios violadores quien a partir de este momento podrán decir. “No fui yo sino mi testosterona quien lo hizo”, claro que ellos con no tomar la píldora lo tienen fácil, Eso es lo que harán o incluso más: seguirán cometiendo crímenes con píldora o sin ella, demostrando que no era la testosterona quien hablaba sino ellos mismos.
El sujeto es insensible a las maniobras de cualquiera y pugna por hacerse oír.

domingo, 5 de agosto de 2007

Emanciparse: las causas del malentendido

Aquellos de ustedes que como yo tengan hijos en edad de emanciparse ya sabrán a qué clase de contradicciones y de malentendidos me refiero: el mundo ha cambiado mucho en los últimos treinta años, las causas de ese cambio poniéndonos estructutalistas podemos reducirlas a un acontecimiento esencial: la "liberación" de la mujer. ¿Qué significa eso?
Entendemos como liberación de la mujer a un movimiento que se inició en Europa durante el siglo XIX y que buscaba la igualdad entre varones y hembras, en cuestiones politicas, juridicas y de oportunidades educativas, sexuales y laborales. Las mujeres actuales ya no se parecen demasiado a aquellas sufragistas vestidas de negro que luchaban por el voto con una charanga tras ellas tratando de montarla y de alcanzar la visibilidad civil. Las mujeres actuales trabajan, estudian, ganan dinero y algunas de ellas han alcanzado "su liberación"mientras aun viven con sus padres, ahorran y tienen un plan vivienda, pagan impuestos y conducen coches como ellos, se alistan en el ejército y compiten en el mundo laboral del mismo modo que ellos y a veces con resultados mucho más brillantes que sus compañeros. Han alcanzado -sin duda- la igualdad.
Otra forma de definir los cambios que se han producido en el mundo en estos últimos años es hacerlo desde la perspectiva de la feminización. Lo que ha pasado en el mundo occidental es una caída del paternalismo o si lo queremos decir en clave psicoanalítica, la caída de la "Ley del padre", ese código simbólico que adjudicaba a los hombres el peso de ser cabezas de familia y portadores de algo intangible - un poder- que mantenía unidas y cohesionados los linajes en torno a unas normas nunca explicitadas pero siempre respetadas: la prohibición del incesto, la prohibición del parricidio, etc.
Es evidente además que "la liberación de la mujer" ha venido de manos de la ciencia y sobre todo a través de descubrimientos que operaban sobre la sexualidad como la píldora anticonceptiva, se me hace difícil entender como hubiera sido posible tal liberación sin un control eficaz de la mujer con respecto a sus embarazos de no haber sido por la cómoda, segura, eficaz y barata píldora anticonceptiva. El mundo cambió mas rápidamente a raíz de este descubrimiento que de todas las luchas de los movimientos feministas del XIX y del XX, simplemente la píldora hizo imposible una vuelta hacia atrás.
La situación actual está de la siguiente manera: ellas controlan sus embarazos, ellas controlan y dirigen su carrera profesional, ellas tienen dinero y ellas conducen su destino y sin embargo, no se emancipan de sus padres. ¿Por qué? ¿Qué es lo que quieren ellas de ellos?
Antes de responder a esta pregunta hay que preguntarles a ellos. Veamos.
A ellos lo que les sucede es una especie de desorientación ontológica absoluta, se saben con menos poder que sus padres a causa de la debilitación de "las leyes del padre", se saben con un rol sexual bastante ambigüo con respecto a la generación anterior y sin ningún modelo al que acogerse ¿Para qué servimos los hombres? -suelen preguntarse para sus adentros- "Para dar trabajo" dicen sus madres, "los hombres solo sabeís dar trabajo y ensuciar".
Pero sus madres les limpian y les dan de comer puesto que son de otra generación, ¿donde encontrarán algo similar? Además todo este panorama transcurre con una ventaja añadida: debido a "la liberación de ellas", ellos fornican cuando quieren sin tener que efectuar ningún "pago" adicional salvo el cariño o simpatía mutuos. No hay necesidad de comprometerse emocionalmente, ni emparejarse, ni irse a vivir juntos, ni nada de eso porque ellas dan gratis lo que sus madres sólo dieron a cambio de algo. Ellos son por esta razón doblemente infantiles que ellas: más infantiles gracias a sus madres que les cuidan mal que bien y gracias a sus compañeras liberadas que les asisten en sus necesidades sexuales periódicas.
¿Y mientras tanto qué les sucede a ellas?¿Qué quieren ellas de ellos?
Algunas tardan mucho en darse cuenta de que ellas quieren lo mismo que quisieron sus madres, ser importantes para alguien, ser especiales para ese otro del que ahora sólo tienen pruebas de que las desean sexualmente. El problema, el dilema es que ese otro ha sido rebajado a un nivel presimbólico, no hay código alguno que sustente qué es un hombre hoy, no hay donde inscribirse lo que les hace tremendamente inmaduros y confusos aun compartiendo edad y entorno social.
En conclusión que las hijas son más libres que sus madres pero no consiguen ser al menos tan felices o infelices como ellas, ellos por su parte tienen mas oportunidades sexuales que sus padres pero tienen menos poder que él y por tanto a la larga son menos atractivos para ellas, lo que hace que el acceso al mundo de los adultos sea cada vez más arduo y confuso en lo que respecta a compromisos a largo plazo y reproductivos.Dicho de otra forma ellos tienen tiempo para espabilar pero ellas cada vez menos porque cuando ellos han espabilado ellas ya están con la menopausia y entonces, claro dejan de ser atractivas para ellos.
¿Será por eso que el futuro de las mujeres en edad reproductiva esté con hombres 10 años mayores que ellas?
Eso hacen por lo menos las mas listas.

lunes, 23 de julio de 2007

Creencia, certeza, duda y paranoia

La ignorancia absoluta es imposible y lo es porque el ignorante construye prejuicios que le permitirán si bien no un saber acerca del mundo si un suponer las leyes que rigen el mismo, una orientación o guía, el prejuicio suele presentarse como un saber pero es un desconocer que muchas veces aparece disfrazado de opinión, así es como se presentan los prejuicios de las personas actuales como opiniones de aspectos de materias que desconocen, sólo las opiniones expertas tienen el verdadero valor de opiniones y tendrán mayor verosimilitud en tanto en cuanto el que las emite sabe que son provisionales. De manera que es la ignorancia la que penetra el prejuicio y es el prejuicio la materia prima que nos encontramos cuando no sabemos, la opinión es mudable y abierta y está forzada por la duda que plantea siempre nuevos dilemas.
Después de la ignorancia viene la duda, una forma de saber provisional y en cierto modo incómoda sufriendo casi siempre los tironeos de un saber que se le opone o de una verdad que se encuentra oculta, se trata de una vacilación, un arma que tiene dos filos, por una parte mantiene abierto el sentido de búsqueda y por otra parte resulta un estado por si mismo angustioso, puesto que la duda sólo puede calmarse a través de dos maneras: la creencia y el hecho. Aquello que no puede someterse a las leyes de la verificación acaba convirtiéndose en una creencia, mientras que aquello que puede verificarse o demostrarse es un hecho. Así toda creencia está presidida por un desconocimiento angustioso que hace que se abrace como un alivio. La creencia siempre es un alivio a la duda y un atajo para el conocimiento que supone aquello que ya se conoce y por tanto no merece la pena ser creído, por ejemplo la redondez de la tierra es un hecho, un conocimiento,
Sin embargo en la época de Galileo era un prejuicio (para la Iglesia) una creencia indemostrada para Galileo que tuvo de refugiarse en la duda para salvar la vida, y sólo fue un hecho cuando los primeros navegantes consiguieron dar la vuelta al globo. En el momento es que una creencia es un hecho de conocimiento deja de ser una creencia y se convierte en un fenómeno neutro desde el punto de vista mental: simplemente está ahí sin plantear demandas de trabajo adicional por parte del individuo hasta que se vuelve a cuestionar cosa que sucede inevitablemente con casi todos los hechos de conocimiento.
La creencia es reversible, a veces se está y a veces no se está en ella, ahora se está fuera y ahora dentro, la creencia es mudable. La creencia no está todo el tiempo disponible por innecesaria, así cuando yo estoy comiendo no necesito creer en Dios, la creencia en Dios o en cualquier otra forma trascendente no está operativa cuando conduzco pero si cuando aparecen en el horizonte sucesos que la confrontan, por ejemplo la muerte. La creencia no exige el gasto de energía de la duda, sino que deja las cosas como están y supone un ahorro y cortocircuito importante de gastos de energía superfluos al proponer guías para la vida y asideros para el conocimiento, estableciendo al mismo tiempo niveles de jerarquización en sus nudos. El problema de las creencias es que exigen proselitismo, si al mismo tiempo están demasiado penetradas por la duda, -por la búsqueda de una creencia mejor o una verdad absoluta- es evidente que cuantas más personas compartan mis creencias más seguro me sentiré al sostenerlas, por el contrario cuanto más sólo me encuentre con mi creencia menor soporte tendré para las dudas y la creencia perderá su valor de refugio contra la duda y dejará de soportar las ventajas cognitivas –atajos- para el que las sostiene. Por no hablar del problema añadido que tiene para una creencia aquella otra que es su opuesta.
Con independencia de que las creencias sean irracionales (todas lo son, pues de lo contrario serían hechos y no precisarían creerse) las creencias son muy útiles para los humanos tanto en el nivel de ahorro de energía como en el encuentro de soluciones. Si yo creo en “el mal de ojo” no sólo tengo una interpretación para todas y cada una de las calamidades, desgracias, accidentes o enfermedades que acaecen en mi entorno -puesto que todo sufrimiento puede ser categorizado- sino que tengo además un potente instrumento para deshacer “los entuertos” que personas que “me quieren mal” me han enviado: a través de la magia o de algún ritual puedo deshacer las consecuencias de aquellos hechizos y si alguna vez no lo consigo será –sin ninguna duda- porque el hechizo es más potente que los medios que he dispuesto para neutralizarlo. De esta manera el sistema de la creencia –en este caso de una creencia supersticiosa- se alimenta a símismo y no admite contradicción, pero el supersticioso se encuentra constantemente sometido a la duda, ¿habrá o no habrá entuerto? O ¿será suficiente o no con este ritual? En ningún caso se pone al sistema mismo – la creencia- en cuarentena sino al instrumento mágico que en teoría debería neutralizar el efecto del hechizo, la duda en la creencia no está en la creencia misma sino en su substanciación.
La diferencia entre creencia y certeza es que aunque en ambas el sistema se alimenta a si mismo con sus propios axiomas, existe una grieta en la creencia de tal modo que lleva aparejada una consecuencia fáctica que puede contradecir al sistema mismo. Esta consecuencia fáctica es el argumento que pone en serios aprietos lógicos a la creencia misma, ¿Si Dios existe por qué permite el mal en el mundo? Este es un argumento de mucho peso que siempre se opone a la creencia divina para señalar la inexistencia de Dios y que a los propios creyentes les lleva con frecuencia a no saber qué decir. Dicho de otra forma: el creyente es consciente de la debilidad de su creencia pero prefiere seguir en ella.
Después de la creencia el siguiente paso es la certeza. Aunque muchas veces tendemos a confundir creencia y certeza se trata de dos fenómenos bien distintos. La certeza supone un nivel de conocimiento cualitativamente distinto y que está presidido por el rigor y la inmutabilidad, es insensible a la argumentación, al contraste y no se deja poseer por la duda, de la certeza no se sale espontáneamente, la certeza es propia de los psicóticos y más concretamente de los delirios paranoicos. El destino de esa certidumbre es la soledad, pues el delirio individual es algo que nadie podrá compartir y que sitúa al individuo en un nivel de conocimiento distinto -paralelo- al resto de los humanos cuyas creencias son continuamente permutadas por otras cuando se muestran ineficaces. De la creencia puede salirse uno, escapando hacia otra, pero de la certeza no puede escaparse si no es perdiendo el delirio que es de alguna forma la plomada que asegura al psicótico un escape de su angustia de fragmentación prehumana, Dicho de otra forma las certezas son casi siempre patológicas o por decirlo de otra manera:psicóticas
La certeza construye como la creencia sus propios axiomas, es decir algo que no precisa de demostración y que usualmente aparece en forma de apofanía, de inspiración o revelación delirante, supone una catástrofe en la personalidad, una discontinuidad con lo que fue, mientras que la creencia es instrumental y aun siendo irracional forma parte de las expectativas usualmente compartidas por una cultura, una sociedad y un tiempo concreto

Ahora bien las certezas no siempre tienen lugar en el cerebro individual sino que muchas veces se encuentran insertadas en grupúsculos fanatizados insertados en la cultura. Los individuos que abrazan estos axiomas delirantes casi nunca son psicóticos sino creyentes. Determinados grupos terroristas que tienen como fondo reivindicaciones religiosas, políticas, nacionalistas o de cualquier otra índole siempre tienen una característica común: se trata de grupos que no sólo creen estar en posesión de la verdad sino que combaten activamente a todos sus opositores, difunden una explicación agraviada que con el tiempo llega a ser querulante y que tiene como objetivo señalar al otro como causa de todos los males y de identificar a su oponente con la corrupción, la maldad y la inhumanidad, a cambio les combaten con sus propias armas, usualmente con el crimen. Comparten así una de las características de la paranoia individual: el malvado siempre es el otro proporcionalmente a la inocencia que siempre está en uno.
¿Cómo es posible que este tipo de grupos no tengan psicóticos entre sus miembros? Y ¿si no son psicóticos qué son?
La respuesta es ésta: no hace falta estar psicótico para delirar, pero hace falta estar loco para ser un psicótico. A veces el sistema delirante no está en el individuo, es externa a él por ejemplo puede pertenecer a una ideología que se sostiene en el grupo y que permite al individuo alejarse de su propio delirio o sufrimiento individual. Ninguna ideología política o terrorista podría abastecerse de psicóticos verdaderos en tanto que el psicótico sólo puede dar sentido a su experiencia a través de un delirio individualizado mientras que a la ideología paranoica lo que le interesa es la homogeneización del delirio, que todos sus miembros deliren de forma sinérgica con la ideología dominante sin desviarse un ápice de la ortodoxia. Por otra parte el paranoico es un descreido, más acá de la certeza es usual su incapacidad para creer en algo, una creencia que de abrzarse le permitiría dejar de ser un paranoico y transformarse en un fanático insertado en su contexto social, el paranoico se cura a través de la creencia. Esto significa dos cosas: que el delirio puede modelarse y que la externalización del delirio en la organización tiene efectos de normalización psiquica en los adeptos que abrazan una determinada ideología.
Ahora bien el acólito tiene que dar pruebas de que está en lo cierto, por eso los acusados de crímenes terroristas suelen aparecer como desafiantes en sus juicios y como irreductibles, sin muestra alguna de arrepentimiento pero se trata de una simple estrategia de propaganda. Hasta los criminales terroristas más conocidos dudan pero la misión de la organización es mantener “alta la moral”, es decir seguir atosigando a sus miembros encarcelados de manera que no duden y cambien de ideología llegando si es necesario a la continua extorsión o amedrantamiento ofreciéndoles nuevos materiales para el delirio colectivo. Para una organización paranoica sus presos son muy importantes y de alguna forma su talón de Aquiles pues el tiempo debilita las certezas colectivas.
No solamente los terroristas sino las personas comunes abrazamos muchas creencias y no pocas ideologías sobre todo de aquello que resulta incognoscible: la religión como vinculo que nos une con lo desconocido y la política como instrumento de normalización de la vida colectiva son dos de los campos en los que suelen moverse la mayor parte de las creencias, de nosotros las personas comunes y de ellos los terroristas.
Lo que diferencia a unos de otros es el exotismo de la posición que se tome. Ninguna persona joven, activa, agresiva y con un fondo de búsqueda de acción y notoriedad podría compartir las pequeñas creencias que sostenemos las personas comunes, no les llenarían en absoluto, ellos precisan una ideología total, una creencia total que de forma y contenido a todas y cada una de sus necesidades y que unas veces se ha llamado totalitarismo y otras veces integrismo: se trata de dos fenómenos parecidos que cumplen una única función: la de proteger al individuo de sí mismo.
Sin embargo las personas comunes ya sabemos que no existen creencias de esta índole: que den una respuesta a todas y cada una de nuestras necesidades salvo en las antípodas de la razón, así y todo mantenemos ciertas creencias más por sentido estético y biográfico que de orden reflexivo. Es de hacer notar que los hechos de conocimiento objetivo solo suceden en la ciencia mientras que la mayor parte de los problemas humanos no se dirimen en un laboratorio sino a través de la intersubjetividad, es decir la mayor parte de los problemas humanos, los que tenemos con otras personas no pueden jamás convertirse en hechos de conocimiento objetivo y se mantienen durante toda un vida en forma de ignorancia del otro, prejuicios, o dudas, repliegues de la subjetividad. Mi antipatía por éste o aquel personaje es eterna en tanto en cuanto no podrá demostrarse jamás de forma científica, objetiva, quien tenia razón, se tratará siempre de un conocer aproximado, de una creencia irracional revestida y camuflada con datos parciales de la realidad, pero que en ningún caso señalará un culpable o un inocente. Sabemos que en esa clase de antipatías no hay nunca un único culpable, los conflictos intersubjetivos humanos discurren en una atmósfera de impredictibilidad y de indeterminación y usualmente de circularidad.
Se trata en cualquier caso de un conocimiento muy importante y al que no tienen acceso todos los humanos, supone el darse cuenta de la relatividad de los sucesos y de que el prejuicio forma parte necesaria del conocimiento y que se encuentra tan lejos o tan cerca de la verdad como cualquier certeza. La mayor parte de los seres humanos cuando tienen un conflicto no dudan jamás, se aferran a un convencimiento de haber sido víctimas de una ofensa y rompen la relación con el interlocutor, pero en este caso no hay paranoia sino orgullo. Es precisamente el orgullo el que hace de dique a la duda. Determinados rasgos como el orgullo o la desconfianza son verdaderas vigas maestras de la personalidad y operan de forma bastante parecida a los que sucede en la paranoia, pero el orgulloso no delira simplemente sobrevalora un evento que usualmente acaeció.
Una idea sobrevalorada no es una idea delirante pero ambas cumplen una misma función estructural para el psiquismo humano: dar sentido a la realidad subjetiva. No hay la misma certeza en la primera que en la segunda, en la idea sobrevalorada sólo hay orgullo o lo que es lo mismo la idea sobrevalorada mantiene operativo el orgullo pero el individuo duda en su fuero interno aunque puede librarse de la duda si no es confrontado de nuevo con la misma realidad, la solución no se hace esperar: la ruptura del vinculo es la mejor solución, algo que muchas veces sucede lejos de la conciencia, simplemente evitamos o nos alejamos de aquellos que hacen tambalear nuestro orgullo sin alcanzar ningún conocimiento sobre él y condenándonos a repetir la misma experiencia con otros, estamos en el campo de las neurosis y la repetición.

domingo, 1 de julio de 2007

¿Qué fue de la paranoia?

Paranoia significa una forma de pensamiento que se caracteria por su marginalidad, por ir al lado, al lado del pensamiento consensuado, del pensamiento usual. Paranoia es una forma de conocer fronteriza, una forma epistemológica corrompida. Una enfermedad de la cognición, es el pensamiento el que está averiado en la paranoia, la forma de pensar, sin excluir a las emociones puesto que en ningún pensamiento están excluidas las emociones, no existen los pensamientos neutrales porque todos sirven a un fin: dotar de sentido a la realidad y además hacerlo buscando "la mayor relevancia del contexto" tal y como dice Mario Martinez en su teoria biocognitiva. El sintoma prinicipal de la paranoia es pues el delirio, es decir una manera de pensar lo fenoménico en clave "para", es decir marginal y distinta a la forma de pensar que tienen el resto de seres humanos que comparten con el paranoico su misma cultura.
A la paranoia le ha pasado lo mismo que a la histeria: ambas han desaparecido de los tratados psiquiátricos y de los manuales de diagnóstico: apenas se diagnostican en Europa y casi han desaparecido en USA. En ningún congreso se habla de la paranoia y casi nadie publica nada en relación con los enfermos delirantes que en el siglo XIX ocupaban casi todas las camas de los manicomios.

¿Qué fue de la paranoia?

Cuando un diagnóstico psiquiátrico parece haber entrado en quiebra hay que pensar que se le ha desplazado de lugar, ahora casi todos los enfermos paranoicos son diagnosticados de esquizofrenia, un diagnóstico que desde luego conviene más a las multinacionales farmacéuticas que son los que -en definitiva- hacen la nosología psiquiátrica y modelan a su interés los diagnósticos que los psiquiatras hacemos a nuestros pacientes. Sucede por una razón fundamental: las autoridades sanitarias obligan a los laboratorios a que un fármaco tenga su "indicación específica", es decir no valen los efectos genéricos sobre el cerebro, hace falta que un fármaco sirva para una determinada enfermedad, tenga esa indicación y no otra. Se trata claro está de un deseo más que de una realidad, no hay psicofármacos antiesquizofrénicos porque aun no sabemos cual es la etiologia de la esquizofrenia, por tanto nuestros tratamientos son aproximativos y empíricos, sabemos que mejoran a determinados pacientes, sabemos donde actuan, pero no tenemos una teoria unitaria de la causa final de la esquizofrenia y tampoco de la paranoia. Y sólo sabemos distinguirlas a partir de ciertos signos y sintomas a veces muy sutiles que tienden a confundirse y a sobrevalorarse más en favor de determinadas patologias como la esquizofrenia que acumula más beneficios para la investigación.
Los paranoicos - la mayoria- están pues camuflados detrás de diagnósticos más graves como la esquizofrenia, pero otras veces y a partir de la presión -no de las multinacionales farmacéuticas- sino de los politicos y los politiqueos de determinadas asociaciones o movimientos civiles como los feministas, aparecen doblemente camuflados en la etiqueta "violencia de género"

Noticia de anteayer:

"Un albañil mata a su mujer de 15 puñaladas y espera fumando junto al cadáver a que llegue la policia".

Al llegar la policia encontró al sujeto muy tranquilo y fumando y preguntóle cuantas cuchilladas le habia propinado a lo que el sujeto contestó

- Las necesarias

Y a continuación añade:

- "Esto se veia venir"

Y aun otro dato:

- "Son las consecuencias de andar por ahi de puterio"

Los crimenes paranoicos se caracterizan por el intenso alivio que procuran sobre el sistema delirante tras la consumación del mismo. Hasta tal punto que se han descrito casos de grandes criminales (como el clásico "caso Wagner", pirómano y asesino en masa de familiares y vecinos) que mejoraron de sus tormentos paranoicos despues del asesinato, es como si el crimen supusiera una catarsis que dejara al ejecutor tranquilo y con la apariencia de ser una persona normal y sensata, sólo parece desvanecerse esta impresión cuando se habla del núcleo del delirio, es decir el pensamiento descarrila solamente cuando se toca el "nucleo conflictivo", el nucleo delirante: el paciente solo parece estar loco en un aspecto concreto manteniendo su lucidez en todos los demás aspectos de su interpretación del mundo.

¿Es este un caso de violencia de género, sin más?¿Puede ponerse en el mismo paquete que el resto?

O en cualquier caso:

¿Enriquece o empobrece nuestro conocimiento de la enfermedad el hecho de haber inventado una nueva etiqueta que parece alejarla de su contextualización psiquiátrica clasica? ¿Sabemos más de la violencia de genero hoy que cuando la paranoia era la etiqueta ad hoc?

¿Qué ganan los movimientos feministas al haber propiciado una ruptura en las clasificaciones internacionales?¿Es tan importante el reconocmiento de que las mujeres pueden ser victimas de individuos paranoicos que sufren un delirio de infidelidad para pasar por encima de los saberes psiquiátricos que impregnaron el saber actual desde el siglo XIX hasta hoy? ¿Es que creen acaso que los hombres no pueden ser victimas de la violencia de los paranoicos o paranoicas? ¿es que son victimas distintas?

Decia Lacan que:
"Aquello que no ha sido simbolizado adecuadamente vuelve a aparecer en lo real".

Y ahora la paranoia se estremece en ese nicho donde ha sido olvidada y reclama su estatuto de atención, la paranoia vuelve en crimenes domésticos, en fanatismos religiosos y politicos, en persecuciones politicas y proclamas televisivas, en la propaganda de unos partidos contra otros, en esa hostilidad universal que parece presidir nuestras relaciones con los demás. Se refugia en la empresa, en el trabajo, en el miedo visceral contra los otros, contra el terrorismo y en la economia de mercado que busca el mayor lucro con el menor esfuerzo y vuelve en sus formas más graves en los crímenes en serie, en los crimenes en masa, en el filicidio. Todo eso es paranoia.

Y no la reconocemos porque le hemos hurtado el nombre para inventarnos nuevas entidades que encajen mejor con los intereses y los gustos de otros.

La conceptualización (descontextualización-recontextualización) de una enfermedad cambia la enfermedad. Y no siempre para mejor.

domingo, 17 de junio de 2007

El efecto Lucifer

En 1971 un psicologo social llamado Philip Zimbardo llevó a cabo en la Universidad de Stanford un estudio sobre el comportamiento humano simulando un encarcelamiento virtual en una prisión ficticia donde eran internados un número de estudiantes voluntarios que se prestaron a esa experiencia merced un sueldo diario. El experimento es conocido como el "experimento Stanford"y del que existe una pelicula llamada "El experimento" que trata de recomponer el ambiente en que se desarrolló la experiencia y una web oficial del propio Zimbardo y de la universidad de Stanford, donde pueden visionarse escenas reales de la misma.
Los internos fueron divididos en dos grupos iguales, unos hacian de carceleros y otros de prisioneros. El propio Zimbardo era el director de esa prisión virtual. Lo importante es recordar que todos los participantes sabian que estaban siendo sometidos a un experiemento psicológico y que podian abandonar la escena en cuanto quisieran, aunque perdiendo el sueldo por los dias de ausencia. El experimento duraría 2 semanas.
Lo que el investigador trataba de probar era si la maldad y el sadismo eran algo intrínseco a la naturaleza de cada cual o si bien se trataba de un subproducto del ambiente, en este caso del poder adquirido por el hecho de ser elegido carcelero. Es usual que ante situaciones como las recientemente vividas en Irak en la carcel de Abu Ghraib los ejércitos defiendan la hipótesis de una mala elección de los guardianes que se extralimitan en sus funciones y que torturan, sojuzgan o humillan gratuitamente a los presos.
El experimento Stanford demostró que con independencia de la elección de la muestra el carcelero tiende a abusar de su poder a pesar de saber que está siendo vigilado y observado y que la victima tiende a someterse evitando en todo momento el quedarse sin sus "premios o prebendas" que casi siempre se distribuyen de forma arbitraria a fin de conseguir un estado de indefensión en los prisioneros. El compañerismo, la dignidad y el gusto por la verdad se disuelven ante la posibilidad de perder una recompensa o arriesgarse al castigo: la delación, la cobardía, al colaboracionismo y el "salvese quien pueda" es la actitud pasiva y vergonzante que cabe esperar en las víctimas.
Ahora el propio Zimbardo vuelve con un libro oficial sobre el asunto, que se llama "El efecto Lucifer: cómo la gente buena se convierte en mala"(en inglés), sus conclusiones son inquietantes, pero más inquietante aun es que Zimbardo a sus 73 años haya tardado tanto tiempo en llevar la experiencia a un texto de caracter divulgativo, pareciera como si el propio Zimbardo no tuviera la conciencia tranquila y no es de extrañar porque él mismo declara que le llegó a coger gusto a ser director de aquella cárcel. Por cierto que el experimento tuvo que ser suspendido por el sadismo de unos, excesivo e intolerable para la organización, la pasividad de otros, prisioneros que llegaron a perder el sentido de la realidad y a pedir una aministía olvidando que estaban allí voluntariamente. Su interés es doble no sólo por los hallazgos de tal experiencia sino porque hoy en dia este tipo de experimentos -en una situación controlada y experimental- serían impensables por sus implicaciones éticas y estamos pues en el umbral de lo permisible. No habrá más experimentos Stanford, al menos propiciados desde la universidad.

Una conclusión: Las simulaciones son reales o evocan respuestas de la realidad.

Otra conclusión: No entrar nunca en el lugar equivocado.

Tercera y última: conservar en situaciones extremas la dignidad, la rebeldia y el gusto por la verdad, los valores de toda la vida y que son al parecer la ultima defensa frente a la ignominia.

viernes, 1 de junio de 2007

El sargento pimienta


Hoy hace cuarenta años que nació el sargento Pimienta, una de las obras maestras del pop y sin duda la obra que marcó el inicio de eso que ha venido en llamarse "Psicodelia y arte pop".
Dicen los entendidos que el "Sargento Pimienta" tuvo un antecesor: el disco de Beach Boys, titulado "Pet sounds" al que los Beatles reconocieron su legado.
Pero yo personalmente creo que el "Sargento pimienta" es la obra cumbre del pop, la obra cumbre de la modernidad. He elegido este video de "She´s leaving home" como homenaje por su cumpleaños. Era una época entoces en que ellas efectivamente se iban de casa para no volver, no como ahora que se apalancan hasta la menopausia. Claro que ellos, los de entonces tampoco eran como los de hoy, esos adolescentes eternos de afecto aplanado y servicio sexual gratuito. Ellos, los de hoy no saben que fueron sus padres, esos "carrozas" los que les aplanaron no el cáracter, sino el camino y que desde entonces la policia no llama a media noche para llevarlos a la comisaría.
Nosotros hicimos la revolución sexual, nosotros nos fuimos de casa.
¿Ya no quedan ideales que cumplir?.
¡Esos carrozas!


lunes, 30 de abril de 2007

El poder de simular

Mirando el-los telediarios a uno le invade una sensación de estúpida irrealidad aun viendo tragedias lejanas que incluso resultan tan risibles como las parodias o las malas comedias y andaba preguntándome por qué, hasta que me encontré con este texto de Baudrillard. Se trata de una estrategia del Poder para simular que es Poder y seguir siéndolo aun y cuando sabemos que el Poder como la Verdad no existe en parte alguna y que es inútil buscarlo.

Dice Baudrillard en "Simulación y simulacros":


La abstracción hoy no es ya la del mapa, el doble, el espejo o el concepto. La simulación no es ya la de un territorio, una existencia referencial o una sustancia. Se trata de la generación de modelos de algo real que no tiene origen ni realidad: un "hiperreal". El territorio ya no precede al mapa, ni lo sobrevive. De aquí en adelante, es el mapa el que precede al territorio, es el mapa el que engendra el territorio

Pero ya no es cuestión que se decida entre mapas y territorio. Algo ha desaparecido: la diferencia soberana entre ellos que era el encanto de la abstracción. Ya que es la diferencia lo que forma la poesía del mapa y el encanto del territorio, la magia del concepto y el encanto de lo real. [...]. Lo real se produce a partir de unidades miniaturizadas, de matrices, bancos de memoria y modelos de comandos y con estos puede reproducirse un número indefinido de veces. Ya no tiene que ser racional, puesto que ya no se mide respecto a algún ideal o instancia negativa. No es más que práctico, operacional.

Del mismo orden que la imposibilidad de redescubrir un nivel absoluto de lo real, es la imposibilidad de representar una ilusión. La ilusión ya no es posible, dado que lo real tampoco es ya posible. Es el problema político completo de la parodia, de la hipersimulación o de la simulación ofensiva, el que se plantea aquí.

Por ejemplo: sería interesante ver si el aparato represivo no reaccionaría más violentamente ante una toma de rehenes simulada que ante una real. Al fin y al cabo, la real sólo cambia el orden de las cosas, el derecho a la propiedad, mientras que la simulada interfiere con el mismo principio de realidad. La transgresión y la violencia son menos dañinos, puesto que sólo desafían la distribución de lo real. La simulación (la idea o abstracción) es infinitamente más dañina, puesto que siempre está sugiriendo que la ley y el orden en sí mismos podían realmente no ser más que una simulación.

Organiza una toma falsa de rehenes. Asegúrate de que tus armas no pueden causar daño alguno, y toma a rehenes de tu mayor confianza de modo que ninguna vida esté en peligro (de otro modo te arriesgas a cometer un delito). Pide una recompensa, y arréglalo de modo que la operación pueda llegar a grear la mayor conmoción posible - en resumen, permanece cerca de la "verdad", para probar la reacción del aparato a una simulación perfecta. Pero aun así no tendrás éxito: la red de signos artificiales serán irremediablemente mezclados con elementos de lo real (un oficial de policía realmente disparará al tenerte a tiro; un cliente del banco se desmayará y morirá de un ataque al corazón; realmente te pondrán recompensa) - en resumen, te encontrarás sin remedio inmediatamente en lo real, una de cuyas funciones es precisamente devorar cualquier intento de simulación, para reducirlo todo a un poco de realidad - lo cual es exactamente todo lo que es el orden establecido, mucho antes de que las instituciones y la justicia tomen parte y jueguen su papel.

Así, todas las tomas de rehenes y cosas asi son ahora como si fueran tomas de rehenes simuladas, en el sentido de que están inscritas de antemano en los rituales de orquestación y decodificación de los medios, anticipados en su forma de presentación y consecuencias posibles. En resumen, su función es la de un grupo de símbolos dedicados exclusivamente a su recurrencia como signos, y ya no más hacia su "verdadero" objetivo en absoluto. Pero esto no los hace inofensivos. Al contrario, equivale a eventos hiperreales, deprivados de todo contenido u objetivos particulares, pero refractados indefinidamente el uno por el otro, de modo que son inverificables por un orden que sólo puede moverse en lo real y lo racional, en los fines y medios. Un orden referencial que sólo puede dominar a los propios referenciales, una forma de poder específico que sólo puede dominar un mundo específico, pero que no puede hacer nada ante la recurrencia s in fin de la simulación, sobre esa bruma sin peso que ya no obedece la ley de la gravitación de lo real: el poder en sí mismo desgajándose en este espacio y convirtiéndose en una simulación de poder, desconectado de sus objetivos, y dedicado a la simulación en masa.

Noticia de hoy: Zapatero asegura que ningún partido que no cumpla la ley de partidos se presentara a las elecciones.

Todo lo cual nos lleva a predecir que si, que algunos que no cumplen la ley de partidos se presentara a las elecciones. No hay mayor parodia que la politica.

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