domingo, 16 de marzo de 2008

Politicos, psiquiatras y mentiras

Me han contado que existe un psiquiatra español -el Dr Cabrera- que amenaza en convertirse en una nueva estrella mediática siguiendo la estela del padre Apeles (que también tiene un blog) y similares. Parte de su fama procede del hecho de aparecer como contertulio en algunos programas "talk shows" donde se dedica- me dicen- a etiquetar a todo el mundo con diagnósticos psiquiatricos de andar por casa o como diria Freud a hacer análisis silvestres de distintas personalidades del mundo de la politica y personajes públicos en general. De ahi su fama.

Esta es la pagina web oficial del susodicho doctor.

Y que hasta ha editado un libro y todo titulado "La salud mental y los politicos" que se venderá como rosquillas y donde se dedica a diagnosticar a nuestros hombres públicos como si de casos psiquiátricos se tratara: asi Rajoy es un obsesivo, Zapatero un esquizoide o Llamazares un paranoide.

Se trata de una superficialidad de barra de bar porque una "golondrina no hace verano" y poseer dos o tres rasgos de carácter, estables y persistentes en el tiempo no constituye en sí ninguna patología. A la gente le da morbo que Rajoy o Zapatero puedan ser clasificados por la Psiquiatría pero lo cierto es que estos personajes no son "casos psiquiátricos" sino ciudadanos normales como usted y como yo que como usted y como yo poseen algunas peculiaridades caracteriales detectables a la mirada de un experto.

Pero lo peor de apelar a las clasificaciones internacionales para clasificar a nuestros politicos es que trata de ocultar algo que es más cierto y detectable a la mirada común que la supuesta patología de algunas de sus caracteristicas de personalidad: me refiero a la relación que existe entre los politicos y la mentira.

Los politicos no son casos psiquiátricos sino unos mentirosos. Tampoco se trata de una pseudologia fantástica -la patología de la mentira- sino de mentiras veniales de esas que se dicen porque hay que decirlas. Y hay que decirlas porque la verdad es intolerable.

Pero no es que la mentira sea una cualidad intrinseca de los politicos, sino que la mentira es una cualidad intrinseca de la politica. No me refiero tampoco a la Politica con mayúscula: las propiedades de un ideal no son nunca del ideal -puesto que el ideal no existe ahi afuera- sino de la manera que nos lo representamos, me refiero a la política o al politiqueo que es la forma de Política que se hace en los paises donde la Politica ha caido en manos de los medios de comunicación. Política es nuestro entorno es igual a teatro, a simulacro, a ficción, a espectáculo, a tira y afloja, a sarcasmo, insulto, hiperbole y lucha libre. Por eso los políticos nos parecen -en sí- mentirosos porque trabajan en una empresa dedicada a construir mentiras.

Otra cosa es que la politica atraiga a los mentirosos: no negaré este supuesto del mismo modo que la policia atrae a los que sospechan de todo o el arte atrae a los parias o a los disidentes, pero se trata en todo caso de un subproducto y no de la esencia de la actividad política en sí.

En realidad si la política es mentirosa es porque nosotros, los ciudadanos tendemos al autoengaño cuando no vivimos instalados en la mentira, en otro tipo de mentiras más domésticas o cotidianas, pero mentiras al fin y al cabo.

La mayor parte de los autoengaños que nos hacemos la gente común -no los politicos- procede de la discrepancia que existe entre nuestros ideales y nuestros particulares. Y pondré un ejemplo comprensible para todos: el ejemplo del amor.

El amor es un universal, una idea o abstracción. Nuestro cerebro es un perfecto arquitecto de simbolos y de abstracciones y lo hace para ahorrar energia y memoria en recordar todo lo que de particular ha aprendido a lo largo de la vida. El amor es pues una idea pero uno no puede enamorarse de una idea y cuando lo hace es a través de una persona real: de un particular. Es por eso que casi nunca ese particular encaja en nuestras expectativas ideales acerca del amor y es entonces cuando vienen las desavenencias.

Lo humano está pues sujeto a una decepción continua: las ideas que tenemos de las cosas y las cosas en sí no suelen corresponderse de forma perfecta. Esa grieta o disonancia entre la realidad y el deseo nos mantiene amargados de por vida a menos de que seamos capaces de lidiar con ambas.

Pero es que la politica es precisamente la gestión de los ideales colectivos y no otra cosa. Algunas personas creen que la politica es una especie de oficina donde el contribuyente acude con sus pancartas y que el politico está obligado a escucharle. Se trata de una concepción infantil y demandante de la politica, en realidad el político sólo escucha a sus aliados: a aquellos que amplifican su voz y la hacen llegar a la mayor cantidad de gente: me refiero a los medios de comunicación, únicos interlocutores serios a los que los politicos escuchan, más allá de las necesidades de los individuos.

Las necesidades de los individuos reales importan muy poco en politica, no solo porque los politicos no están para resolver problemas puntuales sino porque los politicos señalan las grandes ideas y apuntan hacia el futuro a veces divorciandose de la opinión publica mayoritaria: como ejemplo de esto señalo la guerra de Irak y la división entre las razones de estado del gobierno Aznar y la opinión mayoritaria de la gente que apuntaba en otra dirección con sus pancartas.
Pero el politico tiene además un problema sobreañadido ¿como saber cuales son las necesidades reales de los ciudadanos? El político maneja datos sociológicos groseros y datos macroeconómicos pero no sabe lo que cuesta un café porque no necesita pagarlo en el bar de abajo: se lo traen.

El politico lo fia todo a la opinión publica que se trasmite a través de los periodicos y televisiones que tienen tambien sus intereses particulares como empresas, lo que hace que la información que manejan nuestros politicos democráticos sea muy poco fiable.

Por eso optan por la mentira y el cinismo, al señalar por donde deben ir las cosas sin meterse demasiado en las necesidades de la gente. Lo asombroso de todo esta fabulosa mentira es que la gente sigue votando a los mismos politicos aunque mientan o hagan enormes ejercicios de cinismo, lo que desvela el gran dilema que más arriba referí: los ciudadanos se autoengañan y es por eso que resultan victimas tan fáciles para los mentirosos.

Ahora bien no todos los mentirosos son iguales, a unos se les ve el plumero más que a otros y aún más: a los cínicos se les perdona todo porque hoy en dia en la sociedad en la que vivimos el cinismo se ha convertido en algo subversivo.

En casi lo único que es subversivo es por eso por lo que el personal le perdona a Zapatero o a Gonzalez lo que nunca le perdonaria a Aznar o a Rajoy.

¿Una prueba?

La prueba que quiero aportar ahora es la de Rodolfo Chiquilicuatre, ese galán con tupé que nos va a representar en Eurovisión gracias al voto y a las pancartas de Internet. Se han alzado voces conservadoras e integristas contra esta victoria, pero yo creo que no tienen razón porque los que asi piensan todavia -como Jose Luis Uribarri- no han caido en la cuenta de que Eurovisión es una gran mentira también. Y que la mejor manera de desenmascarar una mentira es atacarla en su esencia: a través de una farsa.

Claro que la gran mentira que es Eurovisión tiene un arma eficacisima para desmontar el efecto subversivo del Chiki-chiki y es dándole el premio.

Si Europa también estuviera sometida al virús del cinismo esto podria suceder y entonces el efecto revolucionario de ese antiideal que es el Rodolfo se disolvería como un motin en Esquilache: antes de empezar.

Sólo el cinismo y el folletín pueden cambiar el mundo.


6 comentarios:

Ana di Zacco dijo...

Me encanta (en-can-ta) lo de que a los parias/disidentes les atraiga el arte. Y lo del plumero.
La última vez que ví un Eurovisión no se votaba por internet y los contrincantes no pasaban mucho de la docena. Ahora imagino que deben ser muchos. Decadente y carca que somos algunos...:)

Julio Avendaño dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Julio Avendaño dijo...

Creo que sin mentiras la humanidad no tiene posibilidad de seguir adelante (mejor dicho, yo no tengo posibilidad de seguir adelante sin mentiras, jaja).

Claro, debe haber muchas clases de mentiras y con muchos matices, pero la esencia de todas, según yo, es la preservación de la especie.

Preservación cada vez menos posible, no porque la humanidad esté a punto de dejar de creer en las mentiras, sino porque ya no hay quien fabrique tan buenas mentiras como antes o se nos está agotando el imaginario para crear mentiras que satisfagan.

También creo que la humanidad tiene un gran complejo de inferioridad que intenta "eliminar" o solucionar mediante la "búsqueda" y el "encuentro" de la verdad. Una verdad inaccesible para el ser humano, especialmente con nuestra pobre y rudimentaria forma de adquirir conocimientos, interpretarlos y aplicarlos a nuestra existencia; encerrados en una manera de conceptualizar por antagonismo; con serias dificultades para ampliar nuestra perspectiva a perspectivas; nuestros profundos y enraizados problemas con el morbo y el afán de posesión...

En fin, con un merecido complejo de inferioridad que no podremos superar mediante nuestras actuales argucias.

Sí, el cinismo es una respuesta muy buena del humano al humano y mientras más oscuro e insospechable sea, mejor.

Gracias por el momento, perdón por el espacio ocupado y por la supresión anterior, me dan ataques de un "perfeccionismo" muy mío pero igual inevitables (borré el comentario anterior que era igual a este pero con dos o tres palabras que me ha dado vergüenza dejar cuando lo he releído ya publicado). Me ha resultado fascinante y muy parecido a lo que una vocecilla me ha dicho, no sé si en sueños o en delirios, no importa, a fin de cuentas, es muy probable que también sea mentira.

Salú

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Home Theater dijo...

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Missionaria Protectiva dijo...

Me parece encantador encontrar en un lugar tan improbable un elegio de la farsa, el chiste y, añado yo si se me permite, del libelo sedicioso.

Precioso blog. Saludos

benjamingrullo dijo...

Quiero hacer una matización a la descalificación facilona esa de que todos los políticos son iguales, algo tan habitual en Apaña. Le diré que donde yo vivo los políticos, concejales son moralmente muy superiores a los ciudadanos que en general se dedican a mirar para otro lado o a su equivalente social, asimilarse y camuflarse con el entorno de los poderosos y copiar absolutamente la liturgia de los amos, las señales identitarias del Nosotros. Por eso me repatea esa descalificación generalizada de la clase política. No en todas partes, no en todos los partidos. Debería usted venir aquí para apreciar la miseria ciudadana y para redimir un poco a la clase política. En serio, lo que en el País Vasco da asco es el ciudadano de a pie.

Un saludo

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