lunes, 9 de abril de 2007

Cajal y las neuronas

Antes de Cajal se pensaba que el sistema nervioso central era un sincitio, es decir una red de comunicaciones sin más. Cajal demostró después de conocer la técnica de Golgi que las neuronas no estaban conectadas entre sí, sino a través de la sinapsis, un espacio vacio ocupado seguramente por algun producto quimico que hoy llamamos neurontransmisores. Además Cajal descubrió los potenciales de acción, es decir que era la electricidad la que comunicaba las neuronas y no la contigüidad que defendian sus antecesores. Demostró además que las espiculas de los axones de las neuronas correlacionaban con la inteligencia y no eran meros artefactos de la técnica de Golgi. Al final Golgi y él que recibieron el premio Nobel conjuntamente se enzarzaron en un guerra personal que Cajal eludió inteligentemente. Al final nadie sabe quien era Golgi y Cajal inauguró la edad moderna de las neurociencias.

domingo, 8 de abril de 2007

Cinta de Moëbius


La cinta de Moebius, una simple cinta del pelo, es un ejemplo de los cambios que una figura sometida a torsiones puede sufrir pasando de dos acuatro o más dimensiones. De estos cambios se ocupa la topología una rama de la geometria. La hormiga que circula por las caras de esta cinta nunca caería de la misma porque la cinta se deforma en una torsión que la hace transitable, sus dos caras se transforman así en cuatro planos y por tanto en infinitos viajes de ida y vuelta. ¿Es así el universo, es así la mente?
El ocho invertido se convierte asi en un simbolo del infinito de la eternidad, si observamos el sombrero del mago del Tarot podremos adivinar este guarismo simbólico de aquel que se situa por encima del tiempo a través del saber

sábado, 7 de abril de 2007

Cuentos para sobrevivir

La resiliencia puede definirse como lo contrario de la vulnerabilidad, es algo que el sujeto herido hace con su sufrimiento que le permite trascender al dolor, supone el hallazgo de determinados senderos de desarrollo para personas que han sufrido en su vida un revés importante, un traumatismo psicológico o una pérdida devastadora. Así, en la Cenicienta, la huérfana sometida a la esclavitud doméstica de una cruel madrastra y de unas envidiosas hermanas será al fin la que merced a una metamorfosis mágica logre escapar de aquel antro de explotación gracias a la seducción de un príncipe que recorrerá el reino tratando de buscar a la doncella cuyo pie encaje a la perfección con el zapatito extraviado en el baile al que acudió nuestra menesterosa heroína, gracias a un sortilegio, a un encantamiento que derivaba de su propio deseo de escapar de su situación de sufrimiento y humillación vital. Los niños huérfanos fueron protagonistas de cuentos populares durante el siglo XIX precisamente porque en aquella época los niños abandonados eran legión en nuestra pulcra Europa sometida a los vaivenes de la industrialización. Oliver Twist, el Patito feo, Caperucita Roja, Blancanieves y casi todos los cuentos infantiles con los que estamos familiarizados son relatos acerca de niños abandonados que soñaron para sí mismos con un mundo mejor y que lograron merced a esta esperanza unas guías de resiliencia, de una resistencia interior que les marcó al camino para escapar de las condiciones de vida a las que parecían condenados en función de su humilde y renegado origen. No es de extrañar que tanto Hans Christian Andersen, Perrault o el propio Charles Dickens, autores de los más famosos cuentos infantiles en aquella época fueran a su vez niños huérfanos, maltratados, abandonados y explotados en su infancia. Significa que el relato, el cuento que construyeron, fue para esos autores una guía de resiliencia por sí misma; la creatividad que desarrollaron fue la propiedad psicológica que les alejó de un destino probablemente nefasto en relación con las condiciones insufribles de su vida, al tiempo que les proporcionó éxito y fortuna personales. Ellos mediante su testimonio señalaron a legiones de niños que, por mayor que pueda parecer nuestra desgracia individual, siempre existe un atisbo de esperanza y que el amor puede llegar a prender la brasa de cualquier existencia por inane que parezca cuando aparece.

jueves, 5 de abril de 2007

Carly Simon - Scarborough Fair

Una poderosa versión de una canción tradicional irlandesa a cargo de Carly Simon una de las voces mas potentes y desconocidas del pop

Entre los lobos yo


Los lobos comen, devoran a sus presas, saben como elegirlas, tambien saben cazar utilizando estrategias militares, saben si prefieren este o aquel sabor, pero no saben que han de comer, que es necesario para ellos, innegociable devorar a otros para seguir viviendo. En realidad los lobos no saben que morirán de cualquier manera, hagan lo que hagan, que sólo pueden aplazar su muerte si siguen su instinto, esto es, cazar, comer, devorar y copular. El "conatum" de Spinoza, o sea la supervivencia, esa fuerza que nos impele sin saber por qué a comer, matar y copular es en realidad una pulsión instintiva sin explicación, se explica no obstante a si misma, pero los lobos ignoran el significado de las pulsiones de Necesidad, simplemente las acatan. Los humanos como nosotros sin embargo tenemos la posibilidad de representarnos tanto la comida como la muerte, poseemos el poder del simulacro y podemos fingir que las ignoramos. Sabemos que nos moriremos y sabemos que el sexo nos gusta, que ambas cosas nos provocan placer, pero lo sabemos de un modo simultáneo con su contrario: sabemos que moriremos, por más que comamos o por más que copulemos. Copular-comer está invariablemente unido pues a la idea-representación de la muerte, por eso hemos inventado la gastronomia y el erotismo, por eso hemos socializado el acto de comer y por eso "la jodienda no tiene enmienda", aunque apenas podamos disimular que no sabemos que la muerte aguarda en lo que comemos y en lo que copulamos, Para comer hemos de matar, para copular hemos de aceptar nuestra incompletud dispuesta en la reproducción, ni siquiera somos capaces de reproducirnos enteros, hemos de mezclarnos con alguien y compartir fluidos y subjetividades, es necesario negociar y asi y todo sólo podremos reproducirnos de mitad a mitad: he aqui la pequeña muerte del orgasmo que es la antesala de la otra, de la verdadera. Es por ello que las ideas de muerte, erotismo y comida (con tres heridas vengo decía Miguel Hernandez) están necesariamente unidas en el recuerdo, en algun tipo de registro prehumano que no pertenece a la conciencia individual. A nivel personal comer y matar - la muerte- se encuentran bastante disfrazados, ya no necesitamos hacer una matanza para alimentarnos de carne, basta con ir al supermercado a buscar el chuletón envuelto en aseptico celofán, una asepsia que parece que nos separa del hecho en si, que aquello que vamos a comernos fue antes un ternero. ¿Pero donde está el ternero entonces?. No ha muerto, nadie lo vió morir, ha desaparecido que es aun peor, porque el muerto puede conjurarse pero ¿qué hacer con aquel que se muestra en su ausencia? ¿como colocarle la etiqueta de chivo expiatorio a aquello que ha perdido su forma animal?. Si, ha desaparecido,. y esta es nuestra culpa primoridal por muy escondida que se encuentra en las estanterias del supermercado. Y eso que Freud ya lo dijo, "La culpa es anterior a la falta", pero nadie le creyó.
En su aspecto más profundo la negativa a consumir carne supone la negativa a matar y morir que forma parte de la ciclicidad inherente a la vida humana. Hasta los dioses cuando consumen carne o alimentos humanos se convierten en vulnerables: se encuentran sometidos a las mismas leyes fundacionales de lo humano, asumen la culpa primordial de aquellos que hemos aprendido a hacer desaparecer lo existente y quedan sometidos como nosotros al transcurso del tiempo ingresando en el reino de Cronos, el tiempo que hace desaparecer a los seres.
Es por ello que la culpa primordial no es en absoluto un hecho individual, antes al contrario se trata de una culpa ligada a la especie, a la esencia de lo humano, donde todos somos culpables, no importa el lugar que ocupemos en el rito de la matanza, desde el aguador, hasta el pastor, el matarife o el sacerdote que oficia la liturgia asesina sobre el toro, todos, todos, somos culpables incluyendo al toro. Se trata de una culpa pues compartida, una culpa distributiva, de la que solo pretenden salvarse aquellos que no participando del rito abrazan la religión órfica, aquella que dice "Abstenerse de matanzas", se trata de un culto de abejas y bellotas que sólo a medias consigue esconder detrás de un velo, siempre existe un velo que oculta la divinidad, el designio divino. Pobres ingenuos: tampoco ese tipo de alimentación les hace inmunes a la culpa transgeneracional, arcaica que traspasa fronteras y libres albedrios, porque en realidad el libre albedrio se inventó más tarde y quizá tenga relación con el éxito de las religiones monoteistas al liberar al ser humano individual del eterno sacrificio con el que se relaciona con los dioses, con todos los dioses y los toros, fuente de proteinas tan necesarias. Simplificar su número fue un acierto y un ahorro en el consumo de energias para saber a qué dios se ofendió en cada momento, a cambio hubo de inventar una nueva vuelta de tuerca: el hijo de Dios hubo de volver a poner orden y ofrecerse el mismo en sacrificio para liberar a la humanidad, de ahi su éxito y tambien su funesta consecuencia: la culpa se instaló en el cerebro individual y allí sigue, es desde allí que la transportamos como un fardo que vamos pasando de cuerpo en cuerpo hasta encontrar al voluntario de nuestra estirpe que lo lleve "voluntariamente" encima, por eso escribimos poemas que son a la vez formas de exorcizar nuestra certeza más absoluta: desapareceremos. Y por eso la culpa no tiene fin, aunque puede ser transformada, para después ser de nuevo inventada de nuevo y reciclada. Los amores de Io y de Zeus precisan de seis generaciones para terminar amortizándose, ahi termina la maldición del toro, que aparecerá inevitablemente de nuevo a la menor oportunidad.
Hablo de lo humano, por eso la tarea de los hombres es negociar con esa culpa y encontrar soluciones politicas, porteadores del ánimo que se ofrezcan voluntarios y seguir adelante portando cada uno de nosotros el fardo como modernos Sisifos, si es posible transformados en jarra de agua, en Sisifos aguadores.

martes, 3 de abril de 2007

Distorsión


No se trata de una maquina perfecta, nuestro cerebro percibe un mundo distorsionado, a medio hacer. El salto que existe entre la realidad y su representación es una grieta llena de datos inconclusos, somos un proyecto inacabado.

domingo, 1 de abril de 2007

Damasio-Spinoza

Mas allá de la moral y de la aceptación de la ley, de las normas y de las tradiciones y costumbres.
Más allá de la felicidad, del placer, del sexo y de la comida, de la profesión y del disfrute, de la ayuda que brindamos a los demás, de los hijos y de las tareas que nos entretienen durante años y años.
Más allá de la lucha por la vida, de nuestro interés por estar aqui o allá, de triunfar, darnos a conocer o ser entendidos por los demás.
Más allá de eso los hombres (algunos de nosotros) queremos saber, saber más sobre todo buscamos una respuesta a estas dos preguntas ¿De dónde venimos? y ¿dónde vamos? que pueden resumirse en una unica cuestión ¿Cual es nuestra función en la vida? que desde el punto de vista neurobiologico se fundamenta en encontrar una respuesta a la pregunta eterna : ¿qué hay después de la muerte? ¿Para qué sirve el sufrimiento?
Y Damasio y al parecer tambien Spinoza se plantearon esta pregunta y llegaron cada uno por su lado a una conclusión definitiva, a la que por cierto tambien llegó Freud aunque viendolo desde el punto de vista pesimista (Freud pensaba que la religión era un premio de consolación a la inevitabilidad de la muerte). Damasio argumenta que el hombre primitivo se enfrentó bien pronto al impacto de la pérdida: morian amigos, seres queridos, sus mujeres, sus hijos, sus padres.....al parecer el cerebro tuvo que disponer de un modo bastante precoz de distintos mecanismos para superar el dolor y la aflicción secundarios a las perdidas (o a las heridas), estos mecanismos homeostaticos cuya función sería de nuevo devolver al organismo a su situación basal; son precisamente las guias que hacen al hombre sensible a la idea de Dios o de trascendencia. Tanto Spinoza como Damasio no creen en un Dios externo al hombre, con figura humana o bigote inglés, no, ellos identifican a Dios con la Naturaleza, en este sentido Dios no existe y es idiota buscarlo, amarlo o temerlo y dice: "el hombre solo debe temerse a si mismo" pero en cambio si está justificado buscar la naturaleza de Dios que está en todos y cada uno de nosotros que somos en cierto modo parte de esa naturaleza y tambien el resultado de esa forma de pensar que llamamos trascendente. En este sentido la espiritualidad o la trascendencia seria un rasgo protector de la personalidad, pero no en el sentido que le daba Freud sino asegurando que esos mecanismos homeostaticos que llevan al hombre a su estado basal después de un golpe de mala fortuna funcionan correctamente y hacen su papel de reparación, señalando además que los mecanismo de superación de dolor fisico y emocional son los mismos. Estos mecanismos asegurarían a aquellos que los poseen una vida longeva y plena y sobre todo operarian como un mecanismo de preservación de eso que llamamos eutimia y de la ataraxia. La eutimia además está regulada al alza, significa que nuestro cerebro no está regulado sólo para no sentir dolor, está regulado para sentir un cierto bienestar, un sosiego eufórico (al que Democrito imbuido por la idea de virtud griega llamó eutimia), está regulado para sentir de modo basal un cierto bienestar (es bueno recordar ahora que "virtus" significa en latin poder). La alegria sería pues el antidoto de la pena, el poder de vencer la pena (como todos sabemos) y la alegría tiene que ver con un modo de vida que en paleolitico supuso un cierto discurso de trascendencia (la invención de un Dios) reencontrado a partir de la empatía, es decir de la identificación con la pena del otro, el prójimo que nos redime con su dolor y que nos permite ayudarlo (ayudándonos a nostros mismos a ser mejores) con la posibilidad de sanarla o aliviarla a través de la cooperación, del consuelo y de la compasión.

Editoriales

Mito, narrativa y salud mental

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