sábado, 7 de abril de 2007

Cuentos para sobrevivir

La resiliencia puede definirse como lo contrario de la vulnerabilidad, es algo que el sujeto herido hace con su sufrimiento que le permite trascender al dolor, supone el hallazgo de determinados senderos de desarrollo para personas que han sufrido en su vida un revés importante, un traumatismo psicológico o una pérdida devastadora. Así, en la Cenicienta, la huérfana sometida a la esclavitud doméstica de una cruel madrastra y de unas envidiosas hermanas será al fin la que merced a una metamorfosis mágica logre escapar de aquel antro de explotación gracias a la seducción de un príncipe que recorrerá el reino tratando de buscar a la doncella cuyo pie encaje a la perfección con el zapatito extraviado en el baile al que acudió nuestra menesterosa heroína, gracias a un sortilegio, a un encantamiento que derivaba de su propio deseo de escapar de su situación de sufrimiento y humillación vital. Los niños huérfanos fueron protagonistas de cuentos populares durante el siglo XIX precisamente porque en aquella época los niños abandonados eran legión en nuestra pulcra Europa sometida a los vaivenes de la industrialización. Oliver Twist, el Patito feo, Caperucita Roja, Blancanieves y casi todos los cuentos infantiles con los que estamos familiarizados son relatos acerca de niños abandonados que soñaron para sí mismos con un mundo mejor y que lograron merced a esta esperanza unas guías de resiliencia, de una resistencia interior que les marcó al camino para escapar de las condiciones de vida a las que parecían condenados en función de su humilde y renegado origen. No es de extrañar que tanto Hans Christian Andersen, Perrault o el propio Charles Dickens, autores de los más famosos cuentos infantiles en aquella época fueran a su vez niños huérfanos, maltratados, abandonados y explotados en su infancia. Significa que el relato, el cuento que construyeron, fue para esos autores una guía de resiliencia por sí misma; la creatividad que desarrollaron fue la propiedad psicológica que les alejó de un destino probablemente nefasto en relación con las condiciones insufribles de su vida, al tiempo que les proporcionó éxito y fortuna personales. Ellos mediante su testimonio señalaron a legiones de niños que, por mayor que pueda parecer nuestra desgracia individual, siempre existe un atisbo de esperanza y que el amor puede llegar a prender la brasa de cualquier existencia por inane que parezca cuando aparece.

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