domingo, 16 de marzo de 2008

Politicos, psiquiatras y mentiras

Me han contado que existe un psiquiatra español -el Dr Cabrera- que amenaza en convertirse en una nueva estrella mediática siguiendo la estela del padre Apeles (que también tiene un blog) y similares. Parte de su fama procede del hecho de aparecer como contertulio en algunos programas "talk shows" donde se dedica- me dicen- a etiquetar a todo el mundo con diagnósticos psiquiatricos de andar por casa o como diria Freud a hacer análisis silvestres de distintas personalidades del mundo de la politica y personajes públicos en general. De ahi su fama.

Esta es la pagina web oficial del susodicho doctor.

Y que hasta ha editado un libro y todo titulado "La salud mental y los politicos" que se venderá como rosquillas y donde se dedica a diagnosticar a nuestros hombres públicos como si de casos psiquiátricos se tratara: asi Rajoy es un obsesivo, Zapatero un esquizoide o Llamazares un paranoide.

Se trata de una superficialidad de barra de bar porque una "golondrina no hace verano" y poseer dos o tres rasgos de carácter, estables y persistentes en el tiempo no constituye en sí ninguna patología. A la gente le da morbo que Rajoy o Zapatero puedan ser clasificados por la Psiquiatría pero lo cierto es que estos personajes no son "casos psiquiátricos" sino ciudadanos normales como usted y como yo que como usted y como yo poseen algunas peculiaridades caracteriales detectables a la mirada de un experto.

Pero lo peor de apelar a las clasificaciones internacionales para clasificar a nuestros politicos es que trata de ocultar algo que es más cierto y detectable a la mirada común que la supuesta patología de algunas de sus caracteristicas de personalidad: me refiero a la relación que existe entre los politicos y la mentira.

Los politicos no son casos psiquiátricos sino unos mentirosos. Tampoco se trata de una pseudologia fantástica -la patología de la mentira- sino de mentiras veniales de esas que se dicen porque hay que decirlas. Y hay que decirlas porque la verdad es intolerable.

Pero no es que la mentira sea una cualidad intrinseca de los politicos, sino que la mentira es una cualidad intrinseca de la politica. No me refiero tampoco a la Politica con mayúscula: las propiedades de un ideal no son nunca del ideal -puesto que el ideal no existe ahi afuera- sino de la manera que nos lo representamos, me refiero a la política o al politiqueo que es la forma de Política que se hace en los paises donde la Politica ha caido en manos de los medios de comunicación. Política es nuestro entorno es igual a teatro, a simulacro, a ficción, a espectáculo, a tira y afloja, a sarcasmo, insulto, hiperbole y lucha libre. Por eso los políticos nos parecen -en sí- mentirosos porque trabajan en una empresa dedicada a construir mentiras.

Otra cosa es que la politica atraiga a los mentirosos: no negaré este supuesto del mismo modo que la policia atrae a los que sospechan de todo o el arte atrae a los parias o a los disidentes, pero se trata en todo caso de un subproducto y no de la esencia de la actividad política en sí.

En realidad si la política es mentirosa es porque nosotros, los ciudadanos tendemos al autoengaño cuando no vivimos instalados en la mentira, en otro tipo de mentiras más domésticas o cotidianas, pero mentiras al fin y al cabo.

La mayor parte de los autoengaños que nos hacemos la gente común -no los politicos- procede de la discrepancia que existe entre nuestros ideales y nuestros particulares. Y pondré un ejemplo comprensible para todos: el ejemplo del amor.

El amor es un universal, una idea o abstracción. Nuestro cerebro es un perfecto arquitecto de simbolos y de abstracciones y lo hace para ahorrar energia y memoria en recordar todo lo que de particular ha aprendido a lo largo de la vida. El amor es pues una idea pero uno no puede enamorarse de una idea y cuando lo hace es a través de una persona real: de un particular. Es por eso que casi nunca ese particular encaja en nuestras expectativas ideales acerca del amor y es entonces cuando vienen las desavenencias.

Lo humano está pues sujeto a una decepción continua: las ideas que tenemos de las cosas y las cosas en sí no suelen corresponderse de forma perfecta. Esa grieta o disonancia entre la realidad y el deseo nos mantiene amargados de por vida a menos de que seamos capaces de lidiar con ambas.

Pero es que la politica es precisamente la gestión de los ideales colectivos y no otra cosa. Algunas personas creen que la politica es una especie de oficina donde el contribuyente acude con sus pancartas y que el politico está obligado a escucharle. Se trata de una concepción infantil y demandante de la politica, en realidad el político sólo escucha a sus aliados: a aquellos que amplifican su voz y la hacen llegar a la mayor cantidad de gente: me refiero a los medios de comunicación, únicos interlocutores serios a los que los politicos escuchan, más allá de las necesidades de los individuos.

Las necesidades de los individuos reales importan muy poco en politica, no solo porque los politicos no están para resolver problemas puntuales sino porque los politicos señalan las grandes ideas y apuntan hacia el futuro a veces divorciandose de la opinión publica mayoritaria: como ejemplo de esto señalo la guerra de Irak y la división entre las razones de estado del gobierno Aznar y la opinión mayoritaria de la gente que apuntaba en otra dirección con sus pancartas.
Pero el politico tiene además un problema sobreañadido ¿como saber cuales son las necesidades reales de los ciudadanos? El político maneja datos sociológicos groseros y datos macroeconómicos pero no sabe lo que cuesta un café porque no necesita pagarlo en el bar de abajo: se lo traen.

El politico lo fia todo a la opinión publica que se trasmite a través de los periodicos y televisiones que tienen tambien sus intereses particulares como empresas, lo que hace que la información que manejan nuestros politicos democráticos sea muy poco fiable.

Por eso optan por la mentira y el cinismo, al señalar por donde deben ir las cosas sin meterse demasiado en las necesidades de la gente. Lo asombroso de todo esta fabulosa mentira es que la gente sigue votando a los mismos politicos aunque mientan o hagan enormes ejercicios de cinismo, lo que desvela el gran dilema que más arriba referí: los ciudadanos se autoengañan y es por eso que resultan victimas tan fáciles para los mentirosos.

Ahora bien no todos los mentirosos son iguales, a unos se les ve el plumero más que a otros y aún más: a los cínicos se les perdona todo porque hoy en dia en la sociedad en la que vivimos el cinismo se ha convertido en algo subversivo.

En casi lo único que es subversivo es por eso por lo que el personal le perdona a Zapatero o a Gonzalez lo que nunca le perdonaria a Aznar o a Rajoy.

¿Una prueba?

La prueba que quiero aportar ahora es la de Rodolfo Chiquilicuatre, ese galán con tupé que nos va a representar en Eurovisión gracias al voto y a las pancartas de Internet. Se han alzado voces conservadoras e integristas contra esta victoria, pero yo creo que no tienen razón porque los que asi piensan todavia -como Jose Luis Uribarri- no han caido en la cuenta de que Eurovisión es una gran mentira también. Y que la mejor manera de desenmascarar una mentira es atacarla en su esencia: a través de una farsa.

Claro que la gran mentira que es Eurovisión tiene un arma eficacisima para desmontar el efecto subversivo del Chiki-chiki y es dándole el premio.

Si Europa también estuviera sometida al virús del cinismo esto podria suceder y entonces el efecto revolucionario de ese antiideal que es el Rodolfo se disolvería como un motin en Esquilache: antes de empezar.

Sólo el cinismo y el folletín pueden cambiar el mundo.


lunes, 10 de marzo de 2008

Los ganglios basales y el infierno de Dante


Cuando Dante bajó al infierno en compañia de Virgilio se sorprendió de que en el circulo de los envidiosos no hubiera nigún demonio vigilando las calderas donde en permanente ebullición aquellas desgraciadas ánimas purgaban sus pecados de envidia durante su vida. Preguntó Dante a Virgilio cual era la razón por la que aquella sala se encontraba sin vigilancia y éste le contestó diciéndole que era innecesaria puesto que si habia algun condenado que intentara escapar de su caldera inmediatamente iba a ser delatado por los demás que incluso impedirían por su propia mano que ninguno escapara de su tormento eterno.
Por algo habían sido condenados por ser envidiosos.
Y un envidioso es precisamente eso: alguien que ni hace ni deja hacer pues no puede permitir que haya alguien que tenga mejores oportunidades o mejor suerte, ellos -los envidiosos- sufren si ven disfrutar a alguien, se enferman si alguien les demuestra que las cosas pueden hacerse de otra manera, en este caso mejor. Los envidiosos nunca dejarian escapar a alguien de una caldera.

Los ganglios basales son una estructura profunda del cerebro, justo en el centro del mismo que agrupan una serie de estructuras cercanas entre si y que tienen en común varias funciones relacionadas con la memoria a largo plazo y la motricidad, es precisamente alli donde se guardan los recuerdos automatizados, esos en los que no necesitamos pensar y que tienen que ver con el movimiento o mejor: con la serie de rutinas o secuencias necesarias para andar, deglutir, mover las manos, etc. Alli en la memoria procedimental se encuentran grabadas toda esa serie de automatismos aprendidos que hacen que para andar no necesitemos estar pensando en cómo lo hacemos y que podamos dedicar nuestra consciencia a pensar en otra cosa mientras caminamos. Dicho de otra manera la memoria procedimental guardada en los ganglios basales tiene que ver con el movimiento, es inconsciente y podemos hacerla consciente mediante la voluntad. De la misma forma todo aquello que está guardado alli en un tiempo determinado fue consciente: lo fue mientras aprendimos a andar, a tocar el piano o a coger la cuchara o el tenedor, pero una vez automatizado el movimiento supone un enorme ahorro de memoria de trabajo el no tenerle siempre en la consciencia.
Además de esta importante función los ganglios basales son como estaciones de paso entre el cerebro voluntario y el cerebro profundo, es decir del tallo cerebral o de la médula. Por alli pasan pues todas las aferencias que vienen de abajo: de la médula y se cruzan con las que vienen de arriba, basicamente del sistema cortico-talámico donde está suponemos ese gran director de orquesta que llamamos el Yo y la capacidad de predicción. Una de sus funciones más conocidas es la modulación como sucede con todas las estaciones de ferrocarril, alli paran trenes y salen otros en direcciones opuestas, otros ni siquera se detienen, asi operan los ganglios basales: se dedican a modular o a inhibir los impulsos demasiado amplificados bien procedan de la corteza cerebral o de la medula, les obliga a justarse a las normas de tráfico.
Lo sabemos por determinadas enfermedades como por ejemplo el Parkinson que es una curiosa combinación de sintomas excitatorios (temblor) y otros inhibitorios (amimia, rigidez, bradipsiquia, etc) y lo sabemos porque la sustancia nigra es precisamente la estructura basal que se encuentra averiada en esta enfermedad. Concretamente la averia que presenta es la insuficiencia de dopamina que es el neurotransmisor que comunica entre sí las sinapsis en ese lugar. Desde que disponemos de L-Dopa, una droga precursora de la dopamina podemos tratar con eficacia algunos de los sintomas de la enfermedad de Parkinson, pero el interés de esta enfermedad es que gracias a ella podemos conocer mejor para qué sirven los ganglios basales: sirven para coordinar el movimiento, es como si la averia de la sustancia nigra enlenteciera en algunos lugares las entradas o inputs motores y en otros lugares las acelerara.
Por ella y por otras curiosas enfermedades como la de Gilles de la Tourette sabemos que los ganglios basales tienen una asombrosa función: son como válvulas destinadas a inhibir cualquier entrada o salida y que además mantienen entre si conexiones inhibitorias.
Esta inhibición de la inhibición es la que se manifiesta en la patología como desinhibición en forma de palabras en el sindrome de la Tourette. Como si esas palabras fueran emitidas por alguien ajeno al que las declama, como si el lenguaje se hablara a si mismo a través de un receptor parásito, se trata de un lenguaje sin mente, una emisión de palabras sin sentido. En el caso del Parkinson la desihibición afecta sobre todo al temblor o a los movimientos gruesos que parecen torpes agitaciones huecas de un sujeto sin intencionalidad, como si el enfermo hubiera perdido la medida de sus propios bordes, quizá por eso la enfermedad se llamó "paralisis agitante" aunque hoy la conocemos con el nombre de su descriptor.
Los ganglios basales son pues como válvulas que minimizan la señal que por ellas discurre y obstaculizan su maximización, hacen pues la misma función que las envidiosas del infierno de Dante: no dejan salir a nadie fuera de la olla.
Es por eso que decimos que a tal persona "se le fue la olla", la metafora tiene cierto sentido y parecido con la Divina Comedia y la descripción de Dante, pues los ganglios basales tienen entre otras esa función: la de impedir que a la olla se le salte la tapadera.

lunes, 3 de marzo de 2008

Los misterios de Eleusis

Eleusis era una ciudad vecina y cercana de Atenas que ha pasado a la historia porque los atenienses y griegos venidos de todas partes del orbe peregrinaban a ella una vez al año para ser iniciados en los misterios eleusinos que han pasado a formar parte de un verdadero misterio puesto que estaba prohibido bajo pena de muerte contar la experiencia de lo que alli se veia o decía.
Lo que sabemos pues es en parte historia documental, en parte leyenda y en parte interpretación de los expertos sobre el tema como Kereny o Wasson, ambos proponen versiones bien distintas de los ritos eleusinos y sobre todo discrepan sino en el fondo de la cuestión, si al menos en la inducción enteogénica o no de la experiencia alucinatoria que tenia lugar en el santuario de Eleusis que para Wasson estaba provocada por el cornezuelo de centeno y para Kereny era un simple fenómeno psicológico de tipo sugestivo.
El kikeon, nombre de la bebida sagrada que acompañaba a los peregrinos en su iniciación era seguramente agua de cebada aderezada con menta, contaminada o no por el "claviceps purpurea" un hongo parásito de la cebada y que posee actividad psicotrópica demostrada, algo que conocemos desde las experiencias de Hoffman sobre los alcaloides o principios activos del citado hongo. Experiencias que le llevaron a la sintesis de la malograda LSD-25 y un sin fin de medicamentos benefactores para la medicina, desde fármacos para el dolor de cabeza hasta uterotónicos destinados a contener las hemorragias ginecológicas.
Sea como fuere lo que es cierto es que la iniciación eleusina tenia como objetivo el que los iniciados perdieran el miedo a la muerte y entendieran la vida como un ciclo de muerte-resurreción, donde algo viejo debía morir para que algo nuevo emergiera. Es por esa razón que el culto eleusino tenia como protagonistas a Demeter y a su hija Persefone. En realidad madre e hija son parte de una trinidad sagrada que representan las fases de la femineidad y que coinciden y son representadas además por las fases de la luna: una trinidad que se repite constantemente en la mitología griega. Hécate, la anciana, Demeter, la madre y Persefone, la Koré forman el dramatis personae de un reparto transgeneracional de roles diversos que encadenan los ciclos de la mujer con los ciclos de la naturaleza: asi Demeter la madre es asimilada a la cebada y se representa casi siempre con una gavilla de cebada en la cabeza, Hécate representa los poderes maleficos de la luna y la parte oscura de la mujer, y Persefone, la Koré o doncella es la mujer en edad fértil pero núbil. Las tres representan a su vez los ciclos de semilla que se entierra en la tierra, el tallo y la flor que después de ser fecundada vuelve a esparcirse por la tierra y el grano que es recogido después de la espiga y que se recolecta en el granero, un ciclo ctónico anual que se repite inexorablemente. No es de extrañar pues que los griegos presentaran tal devoción por las Diosas y que rindieran en Eleusis culto a tamaña metamorfosis acaecida para el sustento de toda la humanidad.
El mito de Demeter y Persefone es como todo mito algo que tiene multiples interpretaciones e incluso versiones bien diferentes del propio mito, existen en Internet pululando interpretaciones bien distintas en función de quien las escribe, de manera que no voy a insistir ni en la interpretación feminista ni tampoco en su versión romántica casi de cuento de hadas como esta de aqui.
Tampoco me parece adecuado volver sobre el mito en si bien conocido para lo que remito al lector a la wikipedia para concoer el mito en toda su complejidad. No obstante señalaré algunas cuestiones que creo tienen mucho que ver precisamente con la iniciación a los misterios eleusinos, es decir a la experiencia de inmortalidad que seguramente apresaba a los participantes en aquella fabulosa experiencia sensorial y espiritual que prácticamente quedó extinguida en el siglo IV d. C.
  1. Persefone es raptada y violada por Hades, el señor del mundo de abajo mientras recogia florecillas (narcisos) en Nisa. Existe pues un rapto, una paroxismo, un episodio violento que separa madre e hija de una existencia plácida y desexualizada y que lleva a la muchacha al mundo de abajo.
  2. La madre queda desconsolada y amenaza a Zeus con secar toda la tierra si su hija no aparece. Para saber más sobre el mito de Demeter y toda su peripecia publica le remito a este enlace.
  3. Zeus y Plutón (Hades) deliberan para llegar a un acuerdo para que Demeter no seque toda la tierra dejando a los humanos en la mas absoluta pobreza y miseria, llegan a un acuerdo y Persefone pasará medio año en el reino de abajo y medio año en el mundo de arriba, semilla y flor.
  4. Demeter y posteriormente otros heroes tratan de salvar a Persefone de su destino infernal pero nadie puede hacerlo porque Persefone ya ha comido un grano de granada, es decir ya se ha comido a sus propios hijos, ya no es virgen y está condenada a repetir el ciclo año tras año mientras su madre niega su duelo y más tarde ya conformada parece acoplarse a las cicunstancias.
Como puede observarse el mito Demeter-Persefone trata sobre la ciclicidad y sobre la germinación de los granos en una especie de metáfora sobre la fertilidad desplazada hacia la fertilidad femenina, naturalmente la fotosíntesis y la crianza y producción de las gramíneas a escala "industrial" tardaría aun muchos siglos en conocerse y es por eso que el mito es siempre una manera elegante y multidimensional de acercarse a la verdad aunque no sepamos aun todos los fundamentos de esa verdad.
El mito no pretende ser explicativo y debe ser por eso que lo explica todo: la mejor lección para aprender sobre la ciclicidad de la vida y para entender que la muerte después de todo no es más que una redención, fue eso lo que se enseñaba en Eleusis.
Y quizá fue por eso que el cristianismo, empeñado en imponer otra forma de entender la resurrección terminó con la peregrinación y nos negó la posibilidad de entender mejor el ritual que alli pereció en el secreto.

martes, 19 de febrero de 2008

Quise ser un genio


Muchas veces me han dicho que soy un genio, lo que coincide con un deseo mio infantil: ser alguien diferente, yo entonces queria ser un genio, como Paul Mc Cartney, paradigma de todos los genios que conocía por aquel entonces y al que suponia portador de una especie de tarjeta vip que te permitía ser reconocido, admirado y amado sin condiciones. Desde entonces muchas veces me he preguntado qué es un genio, de manera que tenia pendiente una reflexión, es esta:

Los griegos le llamaban daimon, los latinos genius, y los egipcios Ka, todos ellos creian que el genio era un representante vicario de la divinidad, algunos lo pensaban como un "alter ego", algo que sobrevivia al Ba o cuerpo corruptible, Heráclito lo pensaba desde un lugar muy próximo a lo que nosotros entendemos como subjetividad, los romanos lo celebraban con una tarta el dia del cumpleaños, tarta que seguia siendo en la tradición una ofrenda a los dioses, no cabe ninguna duda de que el genio representaba la chispa divina en la naturaleza humana, El genio es pues indivisible del alma. Claro que los antiguos no creian en absoluto que todos los seres humanos tuvieran alma, por ejemplo era muy dudoso que las mujeres la tuvieran y tampoco los esclavos o los campesinos, los clásicos suponian que el alma era condición de las clases instruidas, de los aristócratas o de los filósofos. Hoy nadie sostendría esta suposición, y todos estaríamos de acuerdo en que el alma de existir es patrimonio de toda la humanidad, lo que de alguna manera corrompe el sentido de genio porque es evidente que no todo el mundo posee este don.

Estamos tentados a creer hoy que el genio es una especie de talento natural (o patologia) que se manifestaria precozmente proyectado en alguna disciplina como la música (Mozart), la literatura (Shakespeare) o la ciencia (Einstein), sin embargo en mi opinión esta idea no hace sino relegar el genio a un aspecto puramente administrativo, utilitario o disciplinar. ¿Si el genio no dominara ninguna disciplina como se manifestaria? Siempre me pregunté eso cuando reflexionaba sobre el asunto, porque en nuestra categorización del genio hay algo de tautológico, "es un genio aquel que ya ha demostrado serlo", es la postura fácil, pero ¿como reconocer al genio antes de haberse manifestado?.

Asi que he buscado y buscado una definición que me satisfaga durante años hasta que la encontré en el libro de Campbell (1946) acerca del psicoanalisis del mito, dice refiriendose al talento especifico de la genialidad:

Es mas bien una negativa deliberada y aterradora a dar otra respuesta que no sea la más honda, la más alta y la más rica a una demanda desconocida, de un vacio interior en espera, una especie de golpe total o rechazo a los términos que ofrece la vida como resultado de lo cual su fuerza transformadora lleva el problema a un plano de nuevas magnitudes donde repentina y finalmente se resuelve.

Campbell lleva el dilema de qué es un genio a otro lugar distinto al de las habilidades, el éxito editorial o mediático o la "profesionalidad" del músico o pintor precoz, nada de esto hace falta para descubrir al genio pues la genialidad no es un talento, ni una hablidad sino una manera de pensar y reaccionar ante una llamada que se inclina por la generosidad, por el entusiasmo y por la exhuberancia, a veces por el exceso, otras veces por el autosacrificio, pero siempre con el sentido de misión porque el genio sería de todos aquellos que sienten esta llamada, uno de los pocos que la atienden.

Eso es lo que yo soy, sin duda alguna, un entusiasmat, ahora comprendo por qué tengo tantos enemigos y tantos admiradores a distancia, un genio con independencia de las habilidades o profesionalidad del experto que tambien puedo ser.

Quise ser un genio pero ahora ya se lo que es.

Lo que soy.



martes, 5 de febrero de 2008

Antes de dejar de fumar, léame: Yo nicotino

La nicotina es la droga que inhalamos con el tabaco. El interés farmacológico de esta
sustancia es que produce tolerancia, dependencia y síndrome de abstinencia, al margen de la toxicidad del humo de los cigarrillos que no es objeto de este blog. Sus efectos en el SNC, son la potenciación de la cognición y la disminución del apetito.

La nicotina encuentra en el interior de nuestro cerebro un sistema especial de neurotransmisión al que unirse. Podriamos decir que la acetilcolina es la nicotina cerebral y es en la sinapsis colinérgica (o nicotínica) donde la nicotina va a ejercer sus funciones de neurotransmisión.

Mientras la cocaína provoca una inundación de dopamina en las sinapsis dopaminérgicas, el efecto de la nicotina es mucho más sutil, no va a inhibir la bomba de dopamina como la cocaína, sino que va a bloquear el receptor colinérgico postsináptico de un modo breve, al tiempo que facilita la liberación de acetilcolina en las sinapsis. Sin embargo la curiosidad del efecto de esta droga no procede de la intensidad de su mecanismo de acción (que es mucho más débil que el de la cocaina) sino que viene determinado por su administración diaria y pulsátil:

Este flujo y reflujo continuo de acetilcolina en las sinapsis es mucho más importante para entender su mecanismo de acción que el puramente químico, dado que en definitiva y como sabemos todo mecanismo cerebral de recompensa encuentra su última explicación en la via mesolimbica de la dopamina, un metasistema que regula a todos los demás. Efectivamente la via colinergica no se caracteriza por ser especialmente placentera, pero todo parece indicar que cualquier estimulo proceda de donde proceda que sea capaz de alcanzar en última instancia la via dopaminergica tiene el premio de refuerzo de la conducta adictiva.

Una de las razones por las que la nicotina es adictiva es esta continua estimulación pulsátil de la dopamina, que ejerce un efecto interruptor en la dosis y el ritmo de las bocanadas de humo, refuerzo que al provocar un ligera euforia opera como automatismo para encender el próximo cigarrillo. Probablemente el síndrome de abstinencia se produce por la sensibilización de los receptores colinérgicos que acaban adaptándose al flujo y reflujo de la nicotina exógena mediante un mecanismo de up regulation (regulación al alza), es decir aumentando la sensibilidad y el numero de receptores postsinápticos. Dar tiempo a estos receptores para que se adapten de nuevo a vivir sin tabaco es el objetivo de un tratamiento de deshabituación, para lo que se han recomedado los parches de nicotina que tienen la desventaja para el fumador empedernido que la administración de nicotina no es pulsatil sino continuada.

Probablemente esta clase de administración no procura el placer (subidón) de la bocanada pero asegura una protección del complejo colinérgico de tal modo que minimiza el síndrome de abstinencia al mismo tiempo que se puede disminuir la dosis según la tolerancia a los síntomas de retirada individuales.

Además podemos utilizar el bupropion, un antidepresivo dopaminérgico con cierto perfil noradrenérgico que opera a otro nivel: asegurando la entrada de dopamina en la vía mesolímbica de refuerzo. Por la misma razón que en el caso anterior el placer que se extrae del cigarrillo no puede ser sustituido por ningún agente químico aún coincidiendo en su íntimo mecanismo de acción, a cambio el bupropion asegura una estimulación cognitiva y sexual nada desdeñable. Al mismo tiempo impide que el sujeto que abandona la nicotina gane peso.

Existen razones de hábito y razones psicológicas que hacen del cigarrillo algo placentero y que hacen que ni los parches, ni el bupropion puedan sustituir las sensaciones placenteras de la nicotina inhalada. Estas razones proceden por un lado de la administración pulsátil del que ya he hablado y otras de la disponibilidad del refuerzo.

Efectivamente el fumador se estimula a si mismo, con facilidad mediante un tóxico fácil de conseguir, el estimulo es a corto plazo, y es dependiente de la voluntad y de la sensibilidad individual al refuerzo. El refuerzo en si mismo es de baja intensidad pero puede ser regulado y es además ambiguo, sirve tanto para tranquilizarse como para excitarse y aumentar o potenciar la cognición o como ritual antes de dormir.

De manera que para dejar de fumar hace falta ayuda profesional, no basta con sustituir la nicotina o tomarse una píldora, existen millones de gestos, palabras, situaciones sociales o recuerdos que nos vinculan con la nicotina, demasiados para un hombre solo.

jueves, 24 de enero de 2008

La doble muerte de Thor

Una conocida tiene un perro que se llama Thor y me consulta porque el animal no para de ladrar, molesta a los vecinos sobre todo cuando ella no está en casa, le ha llevado al veterinario pero no hay manera de que el perro pare de ladrar y está pensando en sacrificarle, además su comportamiento en su ausencia es intolerable, rompe muebles, destroza las cortinas y ha comenzado a orinar y defecar en todo el piso, un perro que solo unos meses atrás era limpio y alegre. Thor comienza a resultar insoportable, sólo parece calmarse tras la reunión con su ama que asiste día a día a nuevas quejas del vecindario por el comportamiento de Thor. El veterinario le ha recetado un antidepresivo (amitriptilina) porque según él está “deprimido”.

Me ha hecho mucha gracia la antropomorfización de las emociones de Thor, pero quizá el veterinario no esté del todo desencaminado.

Entonces se me ha ocurrido preguntar a mi conocida por qué se llama Thor, y ella me ha dicho que Thor era el nombre de otro perro que tuvo, que era maravilloso, listo, cariñoso, etc (...). Y entonces he pensado lo difícil que lo tenia el Thor actual para conseguir ser amado por si mismo, porque en realidad estaba cumpliendo una función de reemplazo del otro Thor, del bueno. De manera que este Thor no tiene mas remedio que morirse o ponerse malito cuando está solo porque no hay nadie que cumpla con esa función de mantenerle la "confianza basica". Lo que ha hecho Thor es presentar un problema del comportamiento que pone a su ama contra las cuerdas: o le ama por si mismo o le mata.

Y entonces he pensado en que a nosotros las personas humanas nos pasa un poco lo mismo, sobre todo en tema de amoríos, que es muy difícil que nos amen por nosotros mismos porque siempre hay un Thor anterior con el que se nos compara y mucho más a medida que la biografía de nuestros objetos amorosos se ensancha y con ella se agranda la fisura entre lo que somos y lo que representamos en el deseo de los demás. Será por eso que los hombres buscamos siempre mujeres sin historia donde en la comparación siempre salimos triunfantes, pues es difícil que una mujer sin historia tenga un Thor significativo en su memoria pues una mujer sin desflorar psicológicamente no tiene pasado. Será por eso que Thor –perfectamente adaptado al deseo humano- no se conforme con menos, y ese menos es igual al derecho a no ser comparado con nadie. Hoy mientras me contaba la historia de Thor me he dado cuenta de que lo menos que puede pedirse a la vida es ser único, irreemplazable, singular con independencia de ser querido más o menos que eso es harina de otro costal.

Lo menos es pedir estar vivo en el deseo de otro.

Thor ya está muerto.


sábado, 19 de enero de 2008

La Yoidad

A pesar de que todo Yo y toda identidad son metafísicamente y materialmente ilusorios, todo ser humano se afana durante prácticamente toda su niñez en alcanzar una identidad propia, desgajada del común, apoyándose en las figuras de identificación que le sean de referencia, tarea que no completará definitivamente hasta bien entrada la adolescencia.

Es asi hasta tal punto que para el psicoanalista E. H. Erickson la identidad es la condición del sentirse vivo.

La paradoja de esta actividad, en esta formulación, consiste en haber anunciado desde el principio que toda identidad y todo Yo son ilusorios y al mismo tiempo haber reconocido también, que en esta tarea se consumen enormes cantidades de energías, dedicación y tiempo, el mismo Erickson habla de las patologías que aparecen en el caso de que un adolescente no haya adqurido una identidad desgajada del común, en este sentido la difusión de la identidad seria el constructo contrario y antisaludable de haber conseguido creer-se alguien, aunque esa creencia no sea más que –en otro punto de vista- una falacia.. Esta contradicción, sin embargo, no debe extrañarnos. El hombre, arquitecto poyético con una capacidad infinita de generación de símbolos, es capaz de sacrificarse por ideas, morir por creencias, pasarse la vida luchando en pos de ideales y en un nivel más patético también pelearse por una palabra de más. No es, pues, extraño que dedique una enorme energía a la tarea de agenciarse una identidad especifica para sí mismo, a partir o en contra de las expectativas de los demás, pero en cualquier caso a partir de esa referencia que le sirve de mirada, de rastro consensuado y que generalmente atribuimos a la familia, a la parentela o a los más próximos.

La identidad o el Yo, son en realidad abstracciones, ideas, constructos que no podemos ver, ni tocar, oler y ni siquiera sentir, a pesar de ser algo inmaterial que no existe tangible o fácticamente, se trata de constructos de certeza, todos creemos tener un Yo, y todos les atribuimos a los demás una misma existencia (teoria de la mente), no existe una idea tan intuitiva como el “saber” que yo existo y que al mismo tiempo usted existe y tiene un Yo parecido al mío dotado a su vez de otra subjetividad. Sin embargo esta creencia es tan metafísica como la consciencia universal o la creencia en Dios, la mayor parte de personas que conozco darían una respuesta bastante aproximada a lo que los neurocientíficos entendemos como Yo, existe pues, un consenso intuitivo sobre su función:

  • El Yo es mi cuerpo.
  • El Yo es mi personalidad, mi carácter, mi subjetividad, lo que me hace diferente a los otros.
  • El Yo es mi historia, mi vivencia de continuidad.

Aunque en nivel mucho más práctico el Yo equivale al cuerpo, sobre todo al cuerpo que exhibimos a los demás, cara y - por decirlo médicamente- las partes descubiertas.

La razón más comprensible de esta manía identificatoria es que de nuestro Yo cuelgan una serie de conceptos que son fenoménicos y aunque no tienen nada que ver con la esencia de ese Yo, tienen mucho que ver con su existencia, con "nuestra forma de estar en el mundo" y sobre todo de "ser reconocidos en él", aspectos que tienden a ser asimilados por el discurso vulgar como si fueran órganos u objetos, me estoy refiriendo a la autoimagen, es decir a la vivencia interna de cómo somos fisicamente. El Yo en este sentido sería como un quinto sentido que reside en alguna parte del cerebro en forma de representación. Una seña de identidad como el color de los ojos o la forma de la nariz.

Para algunas personas esta identidad se halla fundida con su apariencia, es decir con lo que los demás piensan de ellos. Aunque toda identidad precisa de una legitimación social, creo que este es el ingrediente más vulnerable de entre los cementos que amasan la identidad. Depender de los constructos interpersonales ajenos es una mala estrategia de crecimiento del Yo. En el otro extremo del polo, la absoluta independencia de la identidad con respecto a la apariencia, estado que conocemos como narcisismo, es también una mala estrategia de sustentación de una sólida diferenciación.

Dicho de otra forma: la dependencia o apego a la imagen que recibimos de otro se encuentra en tensión permanente con la imagen que tenemos de nosotros mismos y a la vez esa autoimagen es probablemente heredera de la imagen que otros se hicieron de nuestro cuerpo. El apego y la autonomia con respecto a la imagen vivida del cuerpo están en conflicto permanente, en relación dialéctica.

Cualquier experiencia relacionada con la identidad está sustentada en un cluster de reconocimientos, validaciones y legitimaciones, así como también de exclusiones, criticas y retrocesos en la autodefinición. Pero no se trata sólo de una validación social sino sobre todo de una experiencia creativa individual para intentar individualizarse del común. La experiencia es necesaria para su etiquetado posterior, sin experiencia vivida no hay pues nombre, ni categoría. Pero sin categoría sería naturalmente imposible la experiencia, al menos de forma transmisible o recordable. Lo malo de este constructo es que una vez construida y legitimada la etiqueta, esta se comporta como un cuerpo extraño que opera como un atractor de cualquier angustia o zozobra. Además, opera como un objeto interno alienante en tanto que el individuo acaba sintiéndola como una fatalidad que aunque colisione con un sentido común intacto y un juicio de la realidad correcto, constituye una realidad interior contradictoria, no ya con las expectativas sociales iniciales, sino incluso con ese sentido común que el propio individuo conserva.

Por eso construimos nuestra identidad a base de tanteos y retiradas, la construimos por aproximación, en un juego constante de roles, un ejercicio de empatía, la mejor de las condiciones de asimilación , también por odio o resentimiento, un argumento que nos acaba convirtiendo en un negativo patético de aquello que tratábamos de combatir.

La verdad es que una vez se ha construido el nombre (la categoría), el símbolo nos posee, se convierte en un cuello de botella para el raciocinio y la persuasión, en el sentido de que ya no responde tan solo a un consenso o a una experiencia subjetiva, sino que -individualmente también- puede servir de vehículo o coartada para cualquier otra pasión, a veces de sentido contrario a las intenciones iniciales. Así el amor se transforma en su opuesto: el crimen, el fervor en envidia, la admiración en rivalidad. La identidad entonces deja de ser un noumeno y se convierte en un fenómeno, ese salto semántico entre lo abstracto y lo concreto es el vinculo invisible que anuda al hombre, a su mente y a su cultura, un enigma sin solución, porque supone un salto cualitativo, que aun sin entender en su naturaleza íntima somos capaces de observar y que algunos pensadores como Foucault atribuyen al sembrado de entidades o categorías, propias de nuestro pensamiento dual.

La capacidad poyética del hombre para construir etiquetas es prácticamente infinita. Con ellas pretendemos señalar las experiencias comunes, consensuales, las expectativas razonables, aquello que acaecerá inevitablemente en el curso de la vida de una persona, pero también la capacidad de inventar nuevas adversidades. La capacidad de etiquetar es benéfica en sí misma, porque estas señalizaciones representan atajos para la comprensión de eventos inexorables y complejos que es necesario aprender a evitar, a predecir desgajándolos del cemento común de lo inesperado pero cuyas consecuencias y denominación forman parte del modelo perceptual común a una determinada cultura, apresando conceptos o valores que a veces resultan universales y otras veces solo son casos particulares para una determinada etnia o cultura particular. En cualquier caso el etiquetado no tiene nada de neutral, porque a veces también sirve para desparramar o diversificar los malestares del hombre, incluso antes de que estos malestares hayan sido explicitados.

Su vehículo de transmisión es el lenguaje, con él etiquetamos los conceptos, con palabras, que compartimos con aquellos que miran la realidad con nuestras mismas gafas lingüisticas. Sin embargo, el lenguaje no es la realidad sino el sistema de signos que la codifica, el lenguaje es el mapa, no el territorio. Pero la realidad tiene -naturalmente- existencia propia, objetiva, más allá de la colección de signos de que disponemos para interpretarla. En cierto modo, es posible decir que la realidad la inventamos con nuestras palabras, sobre todo la realidad interna, aquella que es interpretativa, subjetiva y que siempre es un acto de creación. Una realidad que parcelamos desde el infinito de lo amorfo, desde lo insignificante de nuestra existencia finita.

Otras veces no existen palabras para nombrar las experiencias: es lo inefable, tenemos entonces que conformarnos con comunicarlas a partir de aproximaciones formales con la herramienta del idioma, dejándonos en el tintero muchos matices que trasmitir, por eso existe el arte y sobre todo la poesía, algo que nos lleva a la indistinción, al mestizaje y a la indiferenciación. Así y todo somos incapaces de nombrar determinadas cosas y por eso existe el inconsciente, un almacén donde hay que ir a buscar lo informe, lo inefable, lo indiferenciado.


Quien busque la esencia que vaya al monte (Proverbio sufi)


Uno de esos consensos universales es el Yo, otro la identidad, conceptos que he anudado en un neologismo: la Yoidad. Consiste en la sensación de ser alguien distinto a los demás, en la sensación de ser aparte, de estar desgajado del cemento de lo amorfo, de lo insustancial. Consiste en tener un cuerpo y tener un carácter, una profesión, un nombre, pertenecer a un lugar determinado, tener propiedades que sentimos como prolongaciones de esa identidad, una familia, unos amigos, unos hijos, una bandera. Todas estas realidades prácticas "cuelgan" de nuestro concepto de identidad, de nuestro Yo y muchas veces lo suplantan, y casi siempre le prestan un soporte funcional, cuando las barreras de ese mismo Yo son frágiles o demasiado permeables.

Pero de él también cuelgan otros parásitos no tan benéficos. Cuelgan la ambición y el dolor, el desengaño y la desesperación, el resentimiento y la culpa. Cuelgan, en definitiva, el dolor y el sufrimiento: la otra cara de la moneda de la autosatisfacción y de la autoimportancia, de ese amor extremo que nos profesamos a nosotros mismos y que llamamos narcisismo.

Y sin embargo ¿qué es esa percha, la identidad?. No es un órgano como el hígado, ni una secreción como la orina. No es un hueso como el fémur, ni un órgano sensorial como el oído. No, su existencia no pertenece al mundo físico, aunque la suponemos en nuestro cerebro (mejor en nuestra mente) o una función adherida a ella.

En realidad, la identidad y el Yo, no son sino constructos teóricos que nos sirven para nombrar aspectos de las diversas conciencias que acompañan al crecimiento ontogénico del niño (un recorrido similar al de la humanidad misma), y cuyo nacimiento se atribuye a una secuela del complejo de Edipo, cuando el niño comienza su separación fáctica del Edén que fue la madre, que operó como un objeto omnipotente y transmitió a su hijo esa sensación, (confianza básica) mientras era en realidad un bebé desvalido y carente de lenguaje y de aparato perceptual. Antes de ser yo, el niño no es sino un Ello, un puro objeto de la madre, solo un Otro de la madre. Es decir el Yo es un rastro histórico, dinámico, que deja una estela de su paso, una huella, el Yo es una conciencia en expansión y contracción permanentes.

En este marco de socialización el niño descubre a los otros "yoes" que pueblan su mundo, la madre, el padre, sus hermanos y sus iguales sobre todo. Sobre ellos se apoyará para conformar por imitación e identificación una imagen de sí mismo que le resulte atractiva y también a los demás y que sea - no obstante- diferente, idiosincrática y reconocible. A esta tarea dedicará diez o a quince años de su vida, aunque podemos afirmar que esta tarea tiene como precursora al reconocimiento de caras y que desde esta facultad el niño hace un salto hacia su propia diferenciación abstracta, pagando la correspondiente cuota de rivalidad y de desamor, de abandono y soledad. También de éxito y popularidad. En ocasiones de conflictos con la ley o con la autoridad, si la identidad que se construye a tientas cae en el campo de la marginalidad o el crimen: identidades negativas que representan antivalores y que muchas veces son el intento desesperado de alguien de construirse una identidad aunque resulte letal e inadaptada.

Esta identidad es pues un acto creativo, plástico, que procede de la facultad de reconocer a los demás a través de su cara y que el sujeto en su alienación de no poderse contemplar como objeto, no tiene más remedio que recurrir a la representación. Una representación mental. construida a golpe de imitaciones, reflejos y refracciones se conservará durante toda la vida, admitiendo pocas desviaciones o redefiniciones mientras conservemos la creencia de que es algo material, que existe dentro nuestro como un órgano. Esta creencia, sin embargo, es benéfica y útil durante el tiempo que el adolescente precisa para anudarse a la tierra, construir un yo diferenciado y evolucionar a partir de esta sólida plataforma hacia otros planos perceptuales. Es obvio que una identidad fuerte y un Yo diferenciados son importantes y necesarios para hacerse un hueco en un mundo donde la competencia y la eficacia son valores compartidos por la mayoría y cuyas reglas de juego interpersonal se basan, sobre todo, en la habilidad para llevar a cabo estrategias para "situarse" en el entramado social. El obstáculo del mundo laboral, encontrar una pareja y fundar una familia son imposibles, sin haber llevado a cabo la fundación de un Yo o una identidad sólidos.

Más allá de estas tareas o en determinados ambientes no competitivos o comunidades que se basan en la cooperación y no en la rivalidad, se pueden hacer algunas excepciones, algunas pausas y trascender nuestra propia identidad, impulsando nuestros modelos perceptuales hasta determinados estadios de conciencia que nos permitan visitar otros mundos y adquirir otras experiencias. El Yo y la identidad unitarios son en realidad un invento bastante reciente si lo comparamos con el periodo de tiempo en que el Yo estaba compuesto por aspectos parciales de la conciencia que coexistian en la misma mente. En este sentido la convicción de que nuestro Yo, existe dentro nuestro y es un soporte de nuestra identidad, como algo material, es en realidad una convicción irracional, que se ha demostrado - no obstante- útil, en un modelo de sociedad competitivo, hostil y que requiera del sujeto una cierta sensación de continuidad sobre sus propias responsabilidades y su conducta.

Más allá de eso, es posible pensar en una existencia alternativa, donde el Yo, no supusiera un centro de gravedad sobre el que navegar, sino sobre un modelo de conciencia que contemplara la realidad desde una perspectiva supraindividual. Realidad de conciencia que lejos de constituir una utopía, es posible de alcanzar a partir del testimonio de otras culturas y de otras experiencias individuales.


La vida del espíritu sobreviene de la muerte previa de la mente. Si aniquilas la mente, el original cobra vida. Aniquilar la mente no significa quietismo, sino concentración total. (Lu- Tung- Pin, El secreto de la flor de oro)


Tal y como los yoguis recomiendan, el camino hacia la felicidad impone la disolución del yo, de la identidad o al menos su relativización. Pero para disolver el Yo, hay que tener antes un yo consolidado, de otra manera el riesgo de psicosis no es desdeñable, al menos en nuestra cultura. Claro, que no se trata de perder la identidad y perderse en un estado de marasmo intelectivo, o de renunciar conscientemente como un zombi a lo que se sabe, se ha sabido o se puede aprender. Disolver el yo, no consiste en volver al automatismo mental, no es una robotización de la existencia, se trata de desplazar el centro de gravedad de la propia existencia hacia un rango jerárquico superior, que algunos han denominado el hombre incoloro (Pantajali), una perfecta metáfora de la falta de deseo.

Muchas veces olvidamos, tal y como ha señalado Naranjo, que el deseo o la aversión proceden de la condición deficitaria del ser humano, mientras que el amor, - que es junto con el desapego, el mejor antídoto contra la desesperación del ansia de poseer (o de evitar)-, proceden ambos de la abundancia.

La ruptura intrapsíquica que representa esta idea budista de disolución del yo es darse (caer en la) cuenta, mediante un entrenamiento al servicio de cualquiera, de que el Ser está en toda la humanidad y que habla, en su multiplicidad, por todas las bocas. Es, darse cuenta, que por encima de las diferencias que nos hemos construido para distinguirnos de los demás, hay más coincidencias que divergencias entre los humanos. Incluso más: que la carga genética que separa al hombre de la mosca del vinagre es mínima y en este sentido todos los seres vivos formamos parte de un mismo proyecto, intencional o arbitrario, en el que compartimos unos mismos materiales con distinta organización, donde los opuestos son categorías reversibles y aspectos complementarios de la misma realidad.

En el terreno práctico, disolver el yo, es escuchar las razones de los demás y no adherirse a las convicciones propias, mucho menos a aquellas que no son más que opiniones trasvestidas de verdades universales. No alimentar convicciones, creencias o ideas rígidas, es el objetivo en la resolución de este enigma, pero es también un éxito conseguir relativizar las propias ideas o razones y dejarnos penetrar por los argumentos ajenos.

Disolver el yo, es destruir las etiquetas que nos sirven de referencia para nuestra propia autoimportancia, pero también para los prejuicios ajenos, fascinados a veces por la titularidad pública de esas mismas etiquetas y que nos sirven de realimentación cuando perdemos el Norte. Los yoguis están convencidos de que la falacia omnipresente de la identidad-etiqueta es la responsable de gran parte del dolor y malestar que los occidentales llamamos neurosis.

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