sábado, 3 de marzo de 2007

Orquídeas, lubinas y caracoles




Las estrategias reproductivas en la naturaleza están diseminadas entre todas aquellas que dan "premio evolutivo", es decir reproductivo, el engaño, la muda de sexo y el hermafroditismo. La orquídea optó por el engaño simulando mediante su corola las formas de las hembras del abejorro, la lubina es hembra de joven y macho de adulto y el caracol -que posee los dos sexos- es capaz de fecundarse a si mismo en determinadas circunstancias.



No es que la orquídea sepa que está engañando al abejorro, sino que la evolución la dirigió hacia la estrategia del engaño como una estrategia evolutivamente estable, su parecido con la hembra del insecto adecuado es suficiente para que -debido a los ardores del macho- acabe siendo polinizada, cuando el abejorro descubre el engaño es demasiado tarde, la orquídea ya ha sido fecundada pero el abejorro que "ha pasado la mano por la pared" y se retira decepcionado y confundido. Moraleja: no hay que fiarlo todo ni al olor de las ferormonas ni al aspecto de la corola de una orquídea.



La lubina tiene una estrategia mucho más eficaz, de jóvenes todas son hembras y de mayores ¿todas son machos? pues no, porque el paso de hembra a macho está inhibido por la presencia de machos dominantes en los alrededores, de manera que la estabilidad entre sexos se mantiene, 10 hembras para cada macho, eso asegura la reproducción y quita hierro a las peleas entre ellos abrumados por el peso de la testosterona, una solución consensuada, democrática y eficaz.



Lo de los caracoles sin embargo es para nota: aunque son hermafroditas y pueden bastarse solos para las tareas de la fecundación prefieren -por aquello de la diversidad- buscarse una pareja, los preliminares amorosos pueden durar varios dias, no se trata de poner a punto al partenaire para la cópula: se trata de discriminar quién va a hacer de hembra, pues al fin y al cabo el embarazo y la puesta de huevos corre a cargo de ella -la cruel atadura-, el perdedor en esa lucha de preliminares hará de hembra y el otro hará de macho, es decir su tarea terminará en cuanto haya embarazado a la caracola alternativa.



Lo curioso de esta maniobra de los caracoles es que recurren a ella cuando el entorno es hostil y más necesaria es la diversidad genética, en condiciones de abundancia de recursos, temperatura adecuada y ausencia de depredadores en los alrededores el caracol opta por arreglárselas solo.

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